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title: "\"El Tao de los números\" -  Sexta entrega"
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description: "6ª Entrega del libro \"El Tao de los números\" de Antonio Morales"
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date_published: "2026-07-26T08:24:00+02:00"
date_modified: "2026-07-21T11:27:30+02:00"
tags:
  - "Antonio Morales"
  - "Cosas que hacer"
  - "Leer"
  - "Libros"
author_name: "Antonio Morales"
category_name: "Cajón de Sastre"
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category_description: "General"
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# "El Tao de los números" -  Sexta entrega

![Captura de pantalla 2026-06-01 121253](/download/multimedia.normal.a5895ca1b031c334.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Con lo anteriormente expuesto he querido prestar especial atención a algunos de los números que nos circundan, que nos han acompañado en la vida aún a través de escritos muy diversos ya sean de origen judío, cristiano, pagano griego o chino por poner algunos ejemplos. Y no son meras grafías sino, también, arquetipos depositados en el inconsciente colectivo quién sabe si desde los albores de la propia Humanidad. Un lenguaje común a todos los seres y lugares en todos los tiempos.

En el devenir de la humanidad la forma de comunicarnos se ha ido modificando. Ha habido transiciones de unas lenguas a otras gracias a los contactos en las oleadas migratorias. Una cultura ha aportado a otra, y todas se han aportado entre sí, bien a través del comercio y del libre intercambio de conocimiento, bien mediante el contacto de los pueblos en períodos de guerra y conquista. Así se han representado ideas y hechos en múltiples formas de transmisión (pintura, dibujos, letras, números…) que nos han ido llegando con el tamiz del paso de los años.

Cuando queremos expresar, desde nuestra óptica cultural, que hemos vendido un ordenador no lo dibujamos y luego colocamos un palote. Si antes vendías 50 cabezas de ganado dibujabas una cabeza de res acompañada de los signos que representaban la cantidad. Si la decena figuraba como círculo, entonces 5 círculos eran 50 unidades o 5 decenas. Eran las expresiones para llevar una contabilidad de entrada y salida de mercancía de un punto de partida a otro de llegada.

Al principio comentaba que me resuena la forma que tenemos de aprender con los símbolos primarios “cero- círculo” y “palote”. Es curioso porque el sistema binario, la matriz del actual lenguaje informático, se expresa mediante 0 y 1 basado en las teorías matemáticas de Leibniz, precursor de la moderna lógica matemática y del uso de un sistema binario para los cálculos quien, al parecer, era conocedor del diagrama de Shao Yung (entre 1.011- 1.077) sobre la secuencia del Cielo anterior en el que, en palabras de H. Wilhem, redescubrió su propio sistema diádico. El número era para Leibniz lo que el hexagrama para Shao Yung: la puerta de acceso a los problemas planteados.

También se le atribuye a Pingala, un matemático hindú ubicado en el S. III a.e.c, la descripción de un sistema de numeración binario.

Pingala, autor del *Chandahśāstra* (tratado sobre métrica sánscrita), describe:

- **dos tipos de sílabas**:   **laghu** (ligera)   **guru** (pesada)

Y las representa con un sistema que hoy llamaríamos **binario**:

- **laghu = 0**
- **guru = 1**

A partir de estas dos unidades, Pingala genera:

- combinaciones,
- permutaciones,
- secuencias,
- estructuras métricas,
- y un sistema de recuento que es literalmente **binario**.

El I Ching contiene, en su estructura interna, un sistema binario. Son 8 signos primarios que en sus mutaciones configuran 64 signos (8 X 8) o hexagramas (seis líneas) y que cada línea contiene sólo yang o yin. Cuando establecemos un sistema de respuestas basadas en sí o no, cuando un trazo es fuerte o débil, luminoso u oscuro, estamos ante una estructura binaria que es la de verdadero o falso, correcto o incorrecto.

Un tablero de ajedrez está configurado de 64 casilleros, en un cuadrado de 8 X 8, distribuidos por igual entre 32 casilleros para blancas y 32 para negras y 16 piezas para cada color respectivo, siendo 6 el número de piezas diferentes para cada jugador. Es el tablero de la pugna entre bien y mal, claro y oscuro.

Hemos podido observar que la grafía de un algoritmo representa un abstracto pendiente de contenido. Es una idea suspendida en el aire. Es la preexistencia. Así en nuestra mente creadora, compartiendo la semejanza con lo divino, cuando dibujamos un 5 sin más -valga el ejemplo- sólo damos trazos. Estamos dibujando, quizá elaborando arte expresivo. Puede responder a un estímulo externo o a un mero capricho interior. O a un arquetipo. El número dibujado sin más puede indicarnos, incluso, estados de ánimos, ideas ocultas, o qué queremos comunicar pero aún no lo hemos efectuado. Puede reflejar una mente sencilla o compleja, abierta o cerrada. Es un reflejo de un orden porque el número indica el orden de las cosas y la medida. Pero, por ello mismo, puede hablarnos del desorden.

No es lo mismo que nuestro inconsciente se proyecte dibujando un 1 que es un trazo recto, lineal, abierto, que un 8 con una clara similitud con el ∞ (infinito) siendo nuestra mente la que trabaja cotidianamente la representación de las cosas en general.

Nuestra predisposición creadora[[20]](#_ftn20) hace que el número “cobre vida o muera”. ¿Por qué entonces la aversión a no apostar en lotería u otro juego de azar cuando finaliza en tal o cual número? ¿Qué es lo que tiene un número para que “no guste”? El número, en sí mismo, no tiene nada. Somos nosotros los que creamos o destruimos las ideas, los que instauramos las supercherías y las destruimos, los que confundimos la causa y el efecto. No podemos aprender a contar desde pequeño si no tuviéramos un referente, un contenido. Nos valemos de los dedos de nuestro cuerpo y, por eso, es fácil llegar hasta cinco generalmente. Lo abstracto y lo concreto van cogidos de la mano, y nunca mejor dicho. No olvidemos que el patrón se mide por ese “algo” que llamamos número. Y es cierto que al fijar el pensamiento en la formación, composición o evolución de guarismos tan sólo comprendidos entre el 1 y el 9 -con el cero como “auxiliar”[[21]](#_ftn21)- en ocasiones me he quedado absorto, algo así como suspendido en el aire. Una sensación en la que podías caminar al filo de un cable de acero y no caerte. Es la sensación de abstracción, de aislamiento, sin más interferencias que el propio pensamiento en el número. Vivía por y para el concepto, ensimismado, levitando mentalmente en pleno proceso constructivo. Que al principio era la idea, que ella estaba pero no era aún realidad. La idea era el germen de lo nuevo al que había que ir dando forma. Tan sólo tenía que dejar que el Poder Creativo hiciera su trabajo. En algunos momentos me he metido en la piel de un artista, de algún genio del pensamiento o de la percepción y creo que sé cómo se pueden sentir cuando su interior se transforma. Es energía viva que se va materializando en lo que haces.

Por eso creo que el número siempre estuvo presente en la vida y ese siempre es desde la eternidad. El ser humano en su semejanza divina ha sido capaz de captar destellos de la creación a través de la comprensión y profundidad del número, pero no debe olvidar que el número contiene la infinitud y la eternidad, conceptos ambos compartidos por igual y sin ambigüedad. Yo digo que no busquemos lo que ya se manifiesta. Dejemos que las cosas se muestren tal cuales son. O sea fenómenos. Dejarlas que se presenten y captarlas -sin colocarles etiquetas previas- es alcanzar un grado de sabiduría superior. Ahí se manifestará la esencia de las cosas.

El ser humano, en su capacidad de crear, ha ido elaborando códigos para la comunicación desde lo “sencillo” a lo “complejo” entre los que se encuentran las representaciones numéricas para indicar, como ya he expresado, orden y medida en mayor o menor grado que es otra historia. Dicha captura de datos elaborada en el cerebro, procesada y transmitida, tuvo un inicio, una chispa de conexión en la que alguien (individuo o colectivo) recordó, sin más aprendizaje que lo cotidiano, que el experimento se podía hacer. La intención de querer expresar que con unos trazos se podía indicar una idea y la misma se podía medir. Que lo que se balbuceaba y se gesticulaba en otro lenguaje (de signos, corporal, mímico) podía plasmarse en la arena, en la piedra, en el barro cocido y en cualquier actividad. La arena se borraba y nadie podría luego recordar quizá lo representado. Se volvía muy necesario, pues, dejar huella de la voluntad del acto en cuestión que posteriormente se extendería como una enorme mancha de aceite penetrando por cualquier intersticio. Trascendería al tiempo. Voluntades políticas, manifestaciones religiosas, situaciones de la vida cotidiana, todas ellas han ido quedando para nuestro conocimiento en materiales y lugares dispares, distantes, con curiosidades que pueden sorprender a cualquiera.

El alfabeto y la grafía numérica eran prácticamente lo mismo al tener las letras valores en sí mismas y de forma concreta. Tales son los casos de los alfabetos griego, fenicio, arameo o hebreo por poner algunos ejemplos. No tenían numerales. Así la segunda letra del alfabeto hebreo (o alefato), “*bet”,*poseía el valor 2. En el griego, la “beta” igualmente, por ser la segunda, el número 2.

El ser humano responde a las necesidades de comunicación según en qué lugar y circunstancia. El ser humano crea, elabora, construye. No sólo destruye. Y lo hace porque contiene en sí mismo todo el germen y potencial de lo Supremo Eterno e Infinito. Porque, aun habiendo olvidado, tiene la huella de la semejanza. El reflejo de la Gran Luz sigue brillando.

Ciertamente la historia de la Humanidad es la de la comunicación. Hacia fuera, en nuestro entorno, representada por el 1. Hacia dentro, en un giro hacia nosotros mismos, representada por el 0. Es la expresión de las manos que se cierran y se abren para coger o para dar, porque tanto en una expresión como en otra existe la necesidad de comunicación. Esa misma mano que cuenta, que expresa por el gesto y que escribe. La mano hindú que escribía una aritmética con grafía brahmi en el S. III E.C. Las manos que hicieron evolucionar dichas cifras hacia las nagari adoptadas por los árabes quienes, a su vez, la introducen en Occidente. Las que escriben un sistema decimal comprendido entre el 0 y el 9, un sistema posicional de base diez que tiene en cuenta que una misma cifra, según dónde esté situada, tendrá un valor u otro mayor o menor.

Son las manos de quienes dieron origen al ábaco, quizá haga unos 3.000 años, como instrumento para cálculo rápido. Así las manos representan las herramientas ejecutoras de un entramado Creativo Universal que arranca de las profundidades insondables, de lo que no tiene nombre.

Los procesos interiores de captación de ideas e imágenes, de conceptos, mediante el “baile” de la geometría, me han hecho concluir que la creación y recreación del número cumple una **funciónterapéutica. Si de la experiencia con el número hacemos una actividad lúdica ya estamos acometiendo una tarea sanadora al liberar nuestra mente de bloqueos innecesarios. Y no quiero decir número en términos de incomprensión, o de lenguaje inaccesible. Empleo fundamentalmente números enteros comprendidos entre el 1 y el 9 que dan juego a todo el universo conceptual de número tal como lo expresaba Pitágoras que ya intuyó ese poder, aunque no descarte explicar alguna situación mediante fracciones o partes.**

Si de la experiencia con el guarismo acometemos una actividad de revulsivo, de catarsis, de limpieza interior, estaremos ante una experiencia terapéutica cuya base es el tratamiento con el número. Porque todo radica en la capacidad de creación, recreación, construcción y reconstrucción de la que estamos dotados. Y por esta misma razón he visto la necesidad de “mover” los números, hacer que se combinen como si estuvieran danzando.

Al principio reflexionaba sobre lo que personalmente considero como la triada inicial (diría tríada creadora). Ahora, en el contexto del universo numérico de 0 a 9, podríamos proseguir con la sucesión de otras triadas de forma escalonada y de éstas las díadas o binarias sobre todo para ver cómo en la aplicación del método de la reducción existen unas equivalencias entre todas las composiciones que, en definitiva, se circunscriben siempre entre 1 y 9. En este particular universo se contemplan las composiciones.

La resultante de cada tríada es la suma de sus números y en las díadas exactamente igual, haciendo composiciones triádicas de las diádicas y reduciéndolas a una sola cifra. Al final todo es equivalente. Y esto también es divertido. Pero antes de adentrarnos, y en forma de resumen, la idea básica de la relación binaria entre 0 y 1 que representan, entre sí, la totalidad que supone la complementariedad entre lo latente y lo manifestado, entre lo abstracto y lo concreto. Sin el cero el uno no cobra sentido puesto que lo lleno cobra sentido por lo vacío

**SUCESIÓN DE TRIADAS ENTRE 0-9**

(0, 1, 2) = 3 (1,2, 3) = 6 (2, 3, 4) = 9 (3, 4, 5) = 12 (4, 5, 6) = 15

(5, 6, 7) = 18 (6, 7, 8) = 21 (7, 8, 9) = 24

De estas composiciones triádicas luego hacemos que nazcan las díadas o composiciones binarias surgidas del encuentro entre dos. Y el máximo valor directo o intrínseco de cada tríada o díada (según se trate) es siempre 9 dándose, pues, la rotación cíclica en todo momento. Observen cómo, de la misma forma, las sucesiones contienen un valor tres o múltiplo de tres siempre.

Por eso se dice en el TAO que “*El Tres engendra todas las cosas”.*

**COMPOSICIÓN Y SUCESIÓN DE DÍADAS A PARTIR DE LAS TRIADAS CONOCIDAS**

(0, 1) (0, 2) (1, 2) = (1), (2), (3) -----------6

**(1, 2) (1, 3) (2, 3) = (3), (4), (5) ------------12(2, 3) (2, 4) (3, 4) = (5), (6), (7) -------------18**

(3, 4) (3, 5) (4, 5) = (7), (8), (9) ------------- 24

(4, 5) (4, 6) (5, 6) = (9), (10), (11) ---------- 30

(5, 6) (5, 7) (6, 7) = (11), (12), (13) --------- 36

(6, 7) (6, 8) (7, 8) = (13), (14), (15) --------- 42

(7,8) (7, 9) (8,9) = (15), (16), (17) ----------- 48

**(28, 36), (28, 44), (36, 44)= (64), (72), (80) que obtiene, a su vez como resultado 216 (aplicamos reducción en la igualdad completa) que –asimismo- equivale en su reducción a 9 ya que (2+1+6 = 9)**

**(1, 9) (1, 8), (9, 8) ≡**[**[22]**](#_ftn22)**(10), (9), (8) ≡ (1+9+8=18≡9)**

**(1), (9), (17≡ 8) = (1), (9), (8) ≡ (9)**

**(1) + (9) + (8) = 18 (1+8) ≡ (9)**

Por tanto existe una equivalencia (≡) en los resultados una vez descompuestas las triadas en díadas y sumados sus valores en vertical por columnas ya efectuadas, previamente, las reducciones en horizontal. Todos desembocan en el número 9 por reducción y como máximo valor. Todos contienen ese valor.

Como habrá podido comprobarse de la primera tríada que damos arriba (0, 1, 2) en su combinación de díadas surge una nueva tríada (1, 2, 3) que marca la pauta, en tanto que entre el valor de una tríada y la siguiente siempre vamos a encontrar una progresión lineal de │6│. La reflexión que extraigo de estas combinaciones, cuyo resultado final es 9, es que el fin del camino es igual para todos. La naturaleza del número es la misma para el 1 que para el 9, los atajos emprendidos han sido diversos, hemos contraído y expandido números pero llegamos al fin. Sabemos cuál es ese horizonte pero no lo vemos porque lo disfrazamos de complejidades. Siempre está de forma manifiesta u oculta, pero está. Su esencia permanece inalterable.

Alguien podría preguntarse ¿y qué sucede cuando las tríadas son de valores aleatorios, sin una consecuencia o concatenación ordenada? Veamos tres ejemplos:

(6, 5, 9) = 20 ≡ 2+0 = 2

(3, 7, 4)= 14 ≡ 1+4 = 5

(2, 8, 1)= 11≡ 1+1 = 2

**(11, 20, 14)**[**[23]**](#_ftn23)**= 45 (4+5) ≡ (2+5+2)** que hemos visto de las tríadas expuestas.

Están claras las equivalencias y cómo los valores permanecen inalterados. El resultado final en un lado es igual al otro, siendo en este caso 9. ¿Importa que estén ordenados o desordenados? Está claro que no. Su índole no la pierden. ¿Por qué hemos de perder entonces nosotros la nuestra? Esta reflexión ha de llevarnos a contemplar activamente cómo nuestra esencia original es la misma en cualquier caso y que consecuentemente hemos de volver a ella, buscándola sinceramente y siendo leales al principio originario. No importa cómo nos encontremos en un momento determinado de nuestra vida, en caos o en orden, si la disposición interna es la de retomar aquello que emprendimos en el inicio de los tiempos pero que no llegamos a acabar. Ahora es el momento, ahora es cuando hemos de finalizar la tarea. Pongamos orden sin la obsesión del orden, paz sin fijarnos en ello como única meta posible, sin olvidar que todos los caminos se entrelazan y sin dejar de recordar cuál es el fin de nuestro camino emprendido.

Desde este mismo presupuesto, siguiendo esa estela, me adentro en las líneas siguientes de la “musicalidad del número” para observar cómo cada uno de ellos es la elaboración de los otros y así se establecen los nexos universales porque todos somos algo de los demás y los demás llevan algo nuestro. Por eso si transmitimos una onda, si emitimos en una frecuencia determinada, ésta hará que los demás recojan nuestra particular sinfonía. Si transmitimos en una onda ésta será recogida, procesada y nos será devuelta. De esta forma los números pueden expresar los altibajos de nuestro estado anímico, cómo sus combinaciones dan lugar a un determinado valor que puede vibrar igual en una escala que en otra. Las escalas reflejan distintos planos de realidad, son diversas expresiones para explicar un mismo firmamento comprendido entre el 1 y el 9. Todos contienen a los demás. Podemos vibrar con otros planos, llegar a conectar por el simple hecho de alcanzar la misma oscilación. Esto significa el mismo poder de comunicación. *Nada está inmóvil; todo se mueve, todo vibra*. Así se expresa un principio hermético.

Y en cada plano, en cada escala, estaremos emitiendo una onda en forma de nota musical donde unas más que otras serán las que predominen, donde una será la nota central, otra será la nota que surja pura, otra será reiterativa añadida al final de las siete clásicas. Otras, sencillamente, serán las únicas del acorde. Sólo habrá esa nota para la expresión aunque tan importante como en donde hay diferencias, porque –al final- todas componen la sinfonía cósmica. En el movimiento de los números en la escalas observamos cómo pueden palpitar para hacernos llegar el mensaje.

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