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title: "Die Linke se impuso en Berlín y se profundiza la polarización política"
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description: "Las elecciones regionales del 20 de septiembre profundizaron la polarización política en Alemania. El triunfo de Die Linke en Berlín muestra que la extrema derecha no posee el monopolio del descontento. Por J.M."
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date_published: "2026-09-28T08:13:00+02:00"
date_modified: "2026-09-23T13:19:27+02:00"
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  - "Democracia"
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author_name: "IZQWEB"
category_name: "Mundo"
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# Die Linke se impuso en Berlín y se profundiza la polarización política

![Captura de pantalla 2026-09-23 121416](/download/multimedia.normal.aea134f81a14bfc9.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

En Berlín, la principal ciudad del país y su centro político, económico y cultural, el partido de izquierda reformista Die Linke se impuso con 25,7%, duplicando prácticamente su resultado anterior, mientras que en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) se convirtió en la primera fuerza con alrededor del 38% de los votos, superando al SPD.

Die Linke se formó originalmente a partir de algunos resabios progresistas del viejo SED estalinista y la vieja socialdemocracia. Con la polarización abierta en los últimos años vivió un recambio generacional y se nutrió de una nueva vanguardia juvenil más radicalizada, particularmente por la experiencia en la lucha contra genocidio en Palestina y la denuncia de la colonización sionista.

Por otra parte, la AfD que venía de conquistar Sajonia-Anhalt con casi 44% dos semanas antes, quedó tercera en la capital con 16,3%. Al mismo tiempo, la CDU de Friedrich Merz sufrió una derrota histórica: obtuvo apenas 4,9% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y quedó fuera del Parlamento regional por primera vez desde la fundación de la República Federal. En Berlín también retrocedió fuertemente, mientras el SPD quedó relegado al quinto lugar.

Los datos muestran dos tendencias que avanzan simultáneamente, por un lado, la extrema derecha sostiene un crecimiento electoral que no puede ser presentado como un fenómeno marginal o circunstancial. Los dos resultados recientes muestran un importante apoyo electoral de AfD en el este del país. Por otro lado, ese proceso encuentra una contratendencia.

El contraste es, entonces, una de las mejores expresiones de la situación alemana. Mientras en determinados estados del este la extrema derecha consigue transformar el malestar social en una importante base electoral, en Berlín una parte significativa de la población se orienta hacia la izquierda. Aunque no se debe dejar de lado que AfD también creció en la capital.

No se trata de fenómenos equivalentes, lo que tienen en común es que ambas consiguen avanzar sobre el terreno dejado por el debilitamiento de los partidos tradicionales. La polarización no significa que los “extremos” sean iguales, sino que el centro político pierde capacidad para contener las contradicciones y ordenar electoralmente a la sociedad.

Al respecto, el hundimiento de la CDU es significativo, el partido de Merz no solamente pierde votos frente a AfD, también pierde espacio por la izquierda. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental queda fuera del Parlamento, mientras que en Berlín pasa a una segunda posición muy alejada del resultado que obtuvo en las elecciones anteriores. El SPD tampoco consigue recomponer su posición y su retroceso en Berlín es especialmente fuerte.

El resultado conjunto expresa una crisis de representación de las fuerzas que durante décadas ocuparon el centro del sistema político. Esta crisis tiene una dimensión social y económica, el país atraviesa un período de crecimiento débil, dificultades en sectores industriales, aumento del costo de vida y fuertes discusiones sobre el futuro del “Estado social”.

En ese contexto, el gobierno de Friedrich Merz intenta responder mediante un programa de reformas sobre las pensiones, el mercado laboral, el gasto público y militar. El problema político es que estas medidas solo profundizan la misma orientación que es rechazada por la mayoría del país. Frente a las derrotas electorales, Merz no plantea abandonar su programa, reafirma que continuará con las reformas.

La respuesta del canciller muestra los límites y la desconexión del centro político para procesar la crisis. La CDU pierde terreno, pero el gobierno no modifica ni un milímetro su orientación. Merz insiste en avanzar con las reformas previsionales, laborales y fiscales mientras busca sostener la competitividad de la economía alemana y reducir determinados gastos del Estado. La derrota electoral es leída como un llamado a imponer el programa de ajuste que pide la burguesía, a costo de cargarle el peso a los sectores trabajadores.

Es precisamente en ese escenario donde debe ubicarse el resultado de Die Linke. Su triunfo en Berlín tiene importancia porque demuestra que el malestar social no se dirige inevitablemente hacia la extrema derecha. Una parte de la población, particularmente en una ciudad donde problemas como el acceso a la vivienda, los altos precios de los alquileres y el deterioro de las condiciones de vida tienen un peso enorme, empieza a buscar una referencia política hacia la izquierda.

El resultado de Die Linke, por tanto, expresa una contratendencia política al avance de AfD. Pero esta tiene límites importantes, pues es una izquierda reformista, circunscrita fundamentalmente al terreno electoral y parlamentario. Su programa no plantea una ruptura con el capitalismo ni una transformación de las relaciones sociales que producen las desigualdades contra las cuales moviliza parte de su discurso.

No obstante, su crecimiento tiene un significado que va más allá de su programa. Una parte de la población comienza a mirar hacia la izquierda en un momento en que la extrema derecha avanza y el centro político se descompone. La votación de Berlín muestra que la respuesta al crecimiento de AfD no está predeterminada y que existe un espacio que puede orientarse hacia posiciones más radicalizadas.

La polarización se expresa, entonces, en diferentes terrenos. AfD intenta capitalizar el malestar mediante el nacionalismo, la xenofobia y una crítica reaccionaria al sistema. Die Linke consigue canalizar una parte del descontento mediante demandas sociales, especialmente alrededor de la vivienda. La CDU y el SPD pierden posiciones y capacidad de representar a sectores que tradicionalmente se ubicaban dentro del centro político. Y el gobierno de Merz responde al deterioro profundizando su programa de ajuste.

No existe todavía una salida política consolidada de esta crisis, sino una disputa abierta por su dirección. A esto se suma un elemento que no aparece en las urnas, que es más significativo y profundo, la movilización social contra AfD. Después del triunfo de la extrema derecha en Sajonia-Anhalt, unas [150.000 personas salieron a las calles](https://izquierdaweb.com/alemania-las-calles-responden-al-avance-de-la-extrema-derecha/) en alrededor de veinte ciudades alemanas para protestar contra el avance del partido.

Las movilizaciones constituyen una expresión de resistencia social que no puede confundirse automáticamente con el apoyo electoral a Die Linke ni con una única orientación política. Pero sí muestran que el crecimiento de AfD genera una respuesta activa desde sectores importantes de la sociedad. Este elemento es de gran importancia, porque no es lo mismo ganar una elección que movilizar en las calles, hay un nivel de conciencia política distinta.

Esto permite completar el cuadro, la respuesta a la extrema derecha no se produce únicamente mediante las elecciones. También existe una respuesta desde las calles. El resultado de Berlín y las movilizaciones posteriores a las elecciones de Sajonia-Anhalt son dos expresiones diferentes de una misma contratendencia: sectores de la sociedad no aceptan pasivamente el crecimiento de AfD y buscan formas de enfrentarlo.

Pero tampoco conviene idealizar ninguna de estas expresiones. Las marchas no constituyen por sí mismas una alternativa política y Die Linke no representa una salida anticapitalista. La cuestión central es que ambas muestran que el avance de la extrema derecha encuentra resistencias y que el espacio político abierto por la crisis del centro puede ser disputado desde la izquierda. La movilización debe lograr articularse en organización y la izquierda debe radicalizarse hacia el anticapitalismo.

Las elecciones deben leerse, por lo tanto, como un nuevo momento de la polarización. AfD continúa creciendo y consigue convertirse en primera fuerza en otro estado del este, pero simultáneamente Die Linke se impone en Berlín, la capital del país. El centro político se debilita y los polos comienzan a ocupar parte del espacio que deja vacante.

El elemento más significativo del resultado berlinés es, entonces, que muestra que la extrema derecha no posee el monopolio del descontento. Existe un espacio para el desarrollo de la izquierda, aunque actualmente aparezca representada de manera distorsionada por una fuerza reformista y parlamentaria como Die Linke.

Su crecimiento señala que sectores importantes de la población comienzan a buscar respuestas a la izquierda frente al avance de AfD y frente al agotamiento del centro político. Las movilizaciones contra la extrema derecha agregan una dimensión de lucha que excede las urnas. La polarización alemana permanece, por eso, abierta.

La extrema derecha avanza, pero encuentra resistencia; el centro se hunde, pero no existe todavía una nueva fuerza hegemónica; la izquierda gana terreno, pero dentro de los límites del reformismo; y las calles muestran que existe una disposición de lucha contra la extrema derecha.

Lo que está en disputa no es solamente quién gana las próximas elecciones, sino qué orientación política consigue canalizar el descontento. En esa disputa, la extrema derecha intenta llevarlo hacia la reacción y el nacionalismo, mientras la aparición de una contraposición de izquierda muestra que también existe otro terreno posible para organizarlo desde abajo.

[IZQWEB](https://izquierdaweb.com/die-linke-se-impuso-en-berlin-y-se-profundiza-la-polarizacion-politica/)

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