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title: "Turismo, desposesión y la vigencia de Aimé Césaire."
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description: "¿Qué ocurre cuando una sociedad transforma su paisaje en mercancía y a su gente en decorado? ¿Cuándo el \"progreso\" sirve como coartada para borrar una cultura y convertir la vida en escaparate?"
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date_published: "2025-11-23T16:47:00+01:00"
date_modified: "2025-11-17T16:47:39+01:00"
tags:
  - "Turismo"
author_name: "Pedro J. Suárez García"
category_name: "Una mirada atras... Hemeroteca El Sol Noticias"
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# Turismo, desposesión y la vigencia de Aimé Césaire.

![2508_TurismoDesposesionAimeCesaire](/download/multimedia.normal.b3d61c496f0b2776.bm9ybWFsLndlYnA=.webp)

*2508_TurismoDesposesionAimeCesaire*

¿Qué ocurre cuando una sociedad transforma su paisaje en mercancía y a su  
gente en decorado? ¿Cuándo el "progreso" sirve como coartada para borrar  
una cultura y convertir la vida en escaparate?

La respuesta es más inquietante de lo que parece: lo que llamamos desarrollo  
puede ser, en realidad, una forma moderna de colonización. Esta no es una  
reflexión abstracta, sino una realidad que vive Canarias cada día, donde   
turismo masivo y la especulación inmobiliaria están reproduciendo patrones  
de dominación que el poeta martiniqués Aimé Césaire ya denunció hace más  
de setenta años.

En su demoledor Discurso sobre el colonialismo, Césaire planteó una tesis tan  
sencilla como radical: el colonialismo no es solo una etapa del pasado, sino  
una lógica que perdura. Se basa en la cosificación del otro, en su reducción  
cosa útil, a recurso económico, a objeto decorativo. Esa lógica puede cambiar  
de rostro —militar, religioso, económico, turístico— pero mantiene su núcleo  
intacto que se basa en despojar, someter e invisibilizar.

Para entender la actualidad canaria, debemos recordar que el archipiélago fue  
una de las primeras colonias de la expansión europea moderna. La conquista  
castellana del siglo XV no solo implicó ocupación militar, sino la destrucción  
sistemática de las culturas aborígenes y la implantación de una economía de  
monocultivos orientada a la exportación. Desde entonces, Canarias ha vivido  
en dependencia estructural, primero agrícola y ahora turística.

A partir del boom turístico del siglo XX, el archipiélago reconfiguró casi  
exclusivamente su economía en torno al visitante extranjero. En las últimas  
décadas ese turismo ha mutado, ya no se trata solo de visitantes temporales,  
sino de una oleada de nuevos residentes europeos con mayor poderadquisitivo que compran viviendas, modifican el mercado inmobiliario transforman profundamente el tejido social de las islas.

Los datos son elocuentes, el precio de la vivienda en Canarias ha subido un  
40% en los últimos cinco años, mientras los salarios canarios siguen entre los  
más bajos de España. En municipios como Teguise o Arona, comunidades  
enteras se han convertido en zonas residenciales para extranjeros, expulsando  
a familias que llevaban generaciones viviendo allí.

Esta transformación reproduce los mecanismos coloniales tradicionales con  
una claridad sorprendente. La desposesión del territorio, la expulsión de la  
población local y la folclorización de la cultura.

Gran parte de la costa canaria ha sido privatizada o transformada para el  
turismo. El suelo urbano es objeto de especulación, mientras se multiplican  
hoteles, resorts y urbanizaciones orientadas al visitante extranjero. El canario  
común ya no puede permitirse vivir cerca del mar donde nació.

El aumento de precios de la vivienda, alimentado por la compra extranjera y el  
alquiler vacacional, está desplazando a las familias canarias de sus barrios  
tradicionales. La "gentrificación insular" ya no es una metáfora, sino u  
realidad que se vive en La Oliva, en Costa Teguise, en Los Cristianos.

La cultura canaria se presenta como "valor añadido" para el turista, pero no  
como expresión viva. Se convierte en espectáculo, en souvenir, en marca para  
vender. Mientras tanto, la identidad real y diversa del pueblo canario se ve  
relegada o estigmatizada como "poco moderna".

Césaire alertaba de que el colonialismo convierte al ser humano en cosa. El  
canario, en este nuevo modelo, corre el riesgo de convertirse en eso mismo, en  
objeto de servicio, en decorado folclórico, en proveedor de experiencias para  
otros. No se le ve como sujeto político con voz propia, sino como recurso  
humano funcional al engranaje turístico.

Algunos considerarán excesiva esta analogía. Pero ¿cómo llamar a un modelo  
donde la riqueza generada queda en manos de grandes cadenas extranjeras,  
donde la capacidad de decidir sobre el territorio está supeditada a intereses  
foráneos, y donde el relato dominante silencia cualquier reivindicación de  
soberanía o identidad?

No se trata de comparar literalmente la situación actual con la colonización  
armada del siglo XV. Se trata de entender que muchas estructuras de poder,  
dependencia y subordinación simbólica siguen vigentes, aunque con otras  
formas.

Frente a esta realidad, urge plantear una alternativa. No se trata de rechazar el  
turismo ni de caer en discursos xenófobos, sino de reclamar un modelo justo,  
sostenible y descolonizado que parta del protagonismo de la población local.  
La descolonización debe incluir múltiples dimensiones, económica (recuperar  
el control sobre los recursos), política (decidir desde Canarias para Canarias),  
cultural (afirmar la canariedad como identidad legítima) y ecológica (frenar   
destrucción del territorio).

Esto significa políticas concretas como limitar el alquiler vacacional, gravar   
segunda residencia, si está vacía más de seis meses al año o no se destina al  
alquiler de larga temporada, promover la agricultura local, proteger el  
patrimonio cultural real, no el folclórico. Significa también que los canarios  
recuperen su palabra en las decisiones que afectan a su tierra.

Césaire hablaba de "una civilización que le hace trampas a sus principios"  
como una civilización en decadencia. Si Canarias quiere construir una  
sociedad sana y con futuro, no puede seguir funcionando sobre la base de una  
economía extractiva disfrazada de modernidad.

Canarias no es un parque temático. No es un hotel gigante. No es una postal  
para el ocio europeo. Es una tierra habitada por un pueblo con memoria,  
dignidad y derecho a decidir sobre su destino.

La obra de Césaire nos recuerda que todo proceso de liberación empieza por  
nombrar con claridad lo que otros prefieren callar. Ha llegado la hora de que   
pueblo canario recupere su palabra, y con ella, su futuro.

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