El origen del Sahara español

El interés por el Sahara occidental apareció en Castilla cuando comenzó la conquista de las Islas Canarias y se pensó en contar con presencia también en los territorios de la costa africana, dada la creciente presencia portuguesa en la zona dentro de su programa de búsqueda de la ruta hacia las Indias bordeando el continente africano.
Una mirada atras... Hemeroteca El Sol Noticias23 de marzo de 2026 Eduardo Montagut
sahara

En ese contexto, a mediados del siglo XV, se fundó Santa Cruz del Mar Pequeño (IFNI). En 1509, Castilla y Portugal llegaron a un acuerdo por el cual se permitía a la primera establecer una franja costera en el Sahara. No olvidemos que esta zona estaba fuera de la que tenía asignada por el reparto que se había realizado por el Tratado de Tordesillas en el que ambos reinos se repartieron sus zonas de influencia.

Pero, en realidad, el dominio castellano en la zona fue más teórico que real. A lo sumo se pagaban unos tributos y en Taradant residía un representante de la Monarquía Hispánica.

Habría que esperar al siglo XIX muy avanzado para que España se interesara de verdad por la zona. En 1884 una expedición de la Sociedad de Africanistas y Colonialistas entabló relaciones con los jefes de las tribus costeras, que reconocieron la presencia española.

La región entre el cabo Bojador y el cabo Blanco fue reclamada por España en la Conferencia de Berlín que, como sabemos, fue la reunión clave del reparto de África entre las potencias coloniales. En este momento el protagonista fue el militar Emilio Bonelli que en ese año de 1884 efectuó una expedición por el interior de Marruecos, ocupando la costa entre ambos cabos, y fundando Villa Cisneros. Por su parte, el rey Alfonso XII realizó una promulgación real sobre el territorio en diciembre de ese año.

Pero se planteó un problema. Al parecer, las negociaciones con los poderes locales fueron positivas, firmándose un tratado con el sultán de los territorios de Adrán Temar, pero el Gobierno liberal de Sagasta no notificó esta especie de protectorado en la Conferencia de Berlín por lo que los acuerdos no tuvieron validez, y se beneficiaron los franceses. Efectivamente, se hicieron con las salinas de Iyil, que quedaron bajo su control gracias al Tratado de París de 1900, que delimitó las fronteras entre los territorios coloniales españoles y franceses en el Sahara Occidental y en el golfo de Guinea.

Por otro lado, hay que destacar que en 1885 la Compañía Hispanoafricana levantó factorías en Río de Oro y Bahía del Oeste. Hubo un ataque indígena, provocando el envío de una expedición de castigo al mando de José Chacón.

Las tensiones hispano-francesas continuaron, y hubo que firmar otros acuerdos posteriores, como el de 1912, para delimitar las áreas de influencia de ambos Estados. En el año 1920 se firmó el acuerdo definitivo por el que se establecieron las fronteras de lo que sería el Protectorado del Río de Oro. Por el norte dicha frontera se fijó en el Paralelo 27º 40’. España dividió su posesión en dos distintos distritos administrativos, el propio Río de Oro al sur y Saguía el Hamra el norte, que luego en 1958 se unirían para formar la provincia del Sahara Español. En todo caso, ya en tiempos de la Segunda República el territorio se comenzó a conocer con este nombre tras un acuerdo amistoso entre las tribus saharauis y España.

En 1949 se descubrieron en Bucraa los yacimientos más grandes del mundo de fosfatos, que pasaron a ser explotados por la empresa española Fos Bucraa, que en 1976 pasaría a integrarse en la empresa minera y química estatal marroquí OCP Group.

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