
El Manifiesto socialista de 1898 contra la guerra con los Estados Unidos

El 26 de junio de 1898 se publicó un Manifiesto del Comité Nacional del Partido Socialista contra la guerra con los Estados Unidos, que recordamos en este artículo. Los socialistas querían que la contienda se terminara de inmediato porque repercutía de forma terrible sobre la clase obrera española en todos los ámbitos, en el trabajo, en su economía y, sobre todo, porque las víctimas eran trabajadores.
Las insurrecciones de Cuba y Filipinas y la guerra consiguiente contra los Estados Unidos habían exacerbado los males que sufría la clase trabajadora debido a la explotación. La guerra había sido originada por la torpeza de los gobernantes y por sus ambiciones, así como por las ansias de lucro de “mercaderes sin conciencia”.
En España ya había muchos obreros sin trabajo antes de la guerra, pero en el momento presente el paro había crecido de forma considerable, especialmente en las regiones fabriles del país. Pero, además, se había producido un alza generalizada de los precios de los artículos primera necesidad con su grave repercusión sobre las familias humildes. Por fin, las autoridades estaban poniendo más obstáculos que antes a la organización obrera al aplicar el estado de guerra en todo el país.
Pero por encima de estos males que tanto afectaban a las clases trabajadoras españolas por causa del conflicto estaba otro peor, el derramamiento de sangre, porque los que morían en Filipinas y Cuba eran obreros, porque los poderosos, siempre defensores del patriotismo, habían procurado que sus hijos no fueran a la guerra. Había muy pocas familias obreras que no estuvieran de luto.
Por fin, los millones de pesetas que estaba costando la guerra con los Estados Unidos terminarían saliendo de los obreros.
Si la guerra continuaba se derramaría más sangre obrera, el encarecimiento de los alimentos se dispararía, se cerrarían más fábricas y talleres, se dificultaría aún más el desenvolvimiento de la organización obrera y se gastaría más dinero generando una deuda inmensa.
Todos estos problemas podrían tener alguna justificación, a juicio de los socialistas, si se pudiera salvar el imperio colonial, pero eso era imposible.

Infantería española; tropas y oficiales en Filipinas.
España era débil frente a un rival poderosísimo. En muy poco tiempo se habían experimentado dos terribles desastres, y cuanto más tiempo pasase más habría que padecer. Pobre y empeñado el país, con dificultad podía reunir los recursos más indispensables para afrontar a las necesidades de la guerra, frente a una desahogada nación, la norteamericana, que podía acumular con relativa facilidad lo necesario para vencer, sin olvidar que se encontraba muy cerca de donde había que combatir.
Todo esto conducía a una conclusión para el Partido Socialista, y no era otra que considerar que seguir luchando con los Estados Unidos era “una verdadera locura”.
Si había sido una falta gravísima llevar al país a la guerra no habiendo realizado a tiempo lo que hubiera podido evitarla, se consideraba un crimen horrendo querer sacrificar vidas sin más objetivo que sufrir más desastres y llegar a un estado tal de aniquilamiento donde se terminaría de imponer “la paz más depresiva”. Lo racional era parar.
Nadie como la clase obrera padecía tanto con la guerra, y nadie terminaría sintiendo sus efectos terribles. Tocaba, por lo tanto, influir y trabajar para que terminase lo antes posible.
Por eso, el Comité Nacional pedía a todos los militantes y trabajadores que se apresurasen a celebrar reuniones donde se abogase por la paz y donde se acordase reclamar del Gobierno que la gestionara de forma inmediata. Se reconocía que el estado de guerra era una dificultad para organizar una campaña por la paz, para que tuviera la resonancia debida, pero no por eso había que retroceder y dejar de cumplir con una obligación que se consideraba sagrada. Había, por lo tanto, que trabajar por la paz porque la guerra siempre era un mal, pero en las condiciones que en ese momento era sostenida por España era algo más, era una desdicha.
El Manifiesto se publicó en el número 643 de El Socialista, de 1 de julio de 1898.


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