¿Rendir culto al líder en el socialismo español?

En diciembre de 1926 se cumplió un año del fallecimiento de Pablo Iglesias...
Erase una vez...04 de abril de 2026 Eduardo Montagut
Captura
Pablo Iglesias en un sello de la Segunda República Española. Por Amadalvarez - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8105697

En diciembre de 1926 se cumplió un año del fallecimiento de Pablo Iglesias. Pues bien, aprovechando en ese aniversario apareció una reflexión en El Socialista sobre homenajes, cultos a los líderes e importancia de una ideología, la socialista, como ponía de manifiesto el título de la columna, “El socialismo sigue”. Su estudio puede ayudarnos a entender algunos de los rasgos del socialismo, en general, pero, sobre todo, del español.

Decía el periódico que para un observador superficial la gran cantidad de homenajes que se estaban celebrando en España en el primer aniversario de la muerte de Pablo Iglesias podía interpretarse como un ejercicio “puramente sentimental” donde se exteriorizaría el dolor que abrumaría a las masas por la pérdida del caudillo, como una especie de culto “idolátrico”, o al líder, como expresaríamos hoy en día.

Pero eso, para los socialistas, no era así. Esos actos de memoria no serían reuniones de “coros de plañideras o de pesimistas” que realizaban manifestaciones de abatimiento por la pérdida del líder, sino que eran, al contrario, manifestaciones de “fe socialista y de pujanza” de las organizaciones fundadas y lideradas por Pablo Iglesias.

Era evidente que los socialistas sentían dolor por la pérdida de Iglesias, pero sin exaltaciones histéricas, ni para desfallecer. El dolor socialista era “sereno y firme”, y lleno de esperanza, por la fortaleza que ofrecían la fe y la confianza en el triunfo de los ideales.

Captura de pantalla 2026-01-26 103230Pablo Iglesias y la necesidad del sufragio

Besteiro, por su parte, había manifestado en ese primer aniversario que el socialismo español era una democracia que avanzaba cada día más potente y más segura en su marcha, sin que en su organización fuera fundamental la individualidad por muy eminente que ésta fuera. El periódico consideraba que las organizaciones que no tenían otra base que la de una personalidad más o menos brillante terminarían por morir, pero no el socialismo, porque representaba una “nueva civilización”, donde imperaría la justicia y la solidaridad, y hacia ella caminaban los trabajadores organizados.

Hemos consultado el número 5571 de El Socialista de 12 de diciembre de 1926.

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