
Anotaciones en torno a «Sobre el materialismo histórico» de Antonio Labriola

“Para nosotros es indiscutido el principio de que las formas de conciencia no determinan el ser del hombre, sino que este modo de ser determina la conciencia. (…) estas formas de conciencia, como están determinadas por las condiciones de vida, también son históricas.”[1]
Antonio Labriola (Sobre el materialismo histórico, p.67)
“Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua.” [2]
Marx (Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, 1859)
Sobre el autor
Antonio Labriola nació el 2 de julio de 1843 en la comuna italiana de Cassino y falleció en 1904, en Roma. Fue alumno del filósofo italiano Bertrando Spaventa en la Universidad de Nápoles; se dedicó a la filosofía, la historia y la etnografía. Se volvió un prestigioso profesor de filosofía en la Universidad de Roma y uno de los intelectuales más sólidos de su tiempo. Fue, además, padre de la escritora y feminista italiana Teresa Labriola.
En sus inicios, fue un defensor de la filosofía hegeliana y, hacia 1890, se convierte en un abanderado del materialismo histórico y de la dialéctica, época en la que mantiene -hasta 1895- una correspondencia con Engels[3]. Puede considerarse a Labriola en esta época de su vida como un marxista hegeliano, es decir, alguien que no niega la raíz hegeliana en la obra de Marx y Engels, a diferencia de las lecturas positivistas y deterministas de su tiempo. Es uno de los primeros en formular la concepción del marxismo como filosofía de la praxis, presente en su correspondencia con Georges Sorel. Dicha categoría es retomada por Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel [Quaderni del carcere] (1929-1935). Además, siguiendo a Marcelo Yunes, señalamos que en su Historia de la revolución rusa (1932-1933) y en otras ocasiones, Trotsky reconoció su deuda dialéctica con Labriola.
Edición y publicación
El presente artículo versa sobre Sobre el materialismo histórico de Antonio Labriola, cuyo título original es Del materialismo storico. Dilucidazione preliminare (1896). Este texto forma parte de una serie de tres ensayos publicados en italiano entre 1895 y 1898, que posteriormente se reunieron bajo el título Ensayos sobre la concepción materialista de la historia [Saggi intorno alla concezione materialistica della storia]. El primero de ellos es En memoria del Manifiesto comunista [In memoria del Manifesto dei comunisti] (1895); el segundo, trabajado aquí, es Del materialismo storico. Dilucidazione preliminare (1896); y el tercero, Socialismo y filosofía [Discorrendo di socialismo e di filosofia] (1898), recoge las cartas que Labriola envió a Georges Sorel. La edición utilizada aquí es la de Editorial Antídoto (Buenos Aires, 2004), que recoge los últimos dos ensayos y está precedida por una introducción del intelectual marxista argentino Marcelo Yunes.
Antonio Labriola y la defensa del materialismo histórico
Antonio Labriola emprendió, a lo largo de la década de 1890, una confrontación teórica dentro de la II Internacional (1889-1914) contra dos tendencias que, desde enfoques distintos, contribuyeron a “machacar el filo dialéctico” del materialismo histórico de Marx y Engels : el reformismo (o revisionismo) que separaba los intereses inmediatos de la clase trabajadora de sus intereses históricos, y el determinismo económico, que concebía mecánicamente el desarrollo de la sociedad como resultado del factor económico. Ambas vulgarizaciones de la concepción materialista histórica tienen, entre otras consecuencias, la eliminación del sujeto histórico en su rol transformador de la sociedad.

Frente a estas posiciones, Labriola recupera del materialismo histórico el carácter dialéctico entre ser humano y naturaleza: “Produciendo sucesivamente los diversos ambientes sociales, es decir, los sucesivos terrenos artificiales, el hombre ha producido al mismo tiempo las modificaciones de sí mismo.” (Labriola, p.73). Para Labiola, consecuente con su tradición filosófica, el ser humano produce el medio en el que vive a la misma vez que se realiza a sí mismo: he aquí la piedra angular del rol activo de éste en la historia.
Desde este enfoque, el materialismo histórico no es un dogma económico en el que el sujeto es títere de leyes económicas o históricas (fatalismo o teleología), sin rol alguno en el curso de los acontecimientos. Labriola, en cambio, afirma: “(…) buscamos solamente las condiciones explícitas del vivir humano en cuanto éste no es ya simplemente animal. [particularidades de ese vivir] que se forman y desarrollan con el sucederse y perfeccionarse de las actividades del mismo hombre en dadas y variables condiciones(…)” (p.57, corchetes nuestros).
Como señala Marcelo Yunes, el clima filosófico de la época está marcado por el auge del positivismo y el renacimiento de la ética kantiana. Dichas corrientes filosóficas mantienen vasos comunicantes con el carácter reformista y determinista que adquiere la II Internacional tras la muerte de Engels: la tradición filosófica desde la que se lee al marxismo no sólo incide en cómo se lo aprehende teóricamente, sino en la intervención en la realidad: es decir, en la praxis (Cf. Marx, Tesis sobre Feuerbach).
Rescatar, pues, a este defensor del materialismo histórico (dialéctico) no responde a un capricho intelectual sino que aporta al terreno de la militancia revolucionaria en un mundo en combustión, además de nutrir el debate teórico al interior del marxismo.
Labriola parte de la base de que el materialismo histórico no es una mera terminología (verbalismo) que le agrega algo de historia a la clásica filosofía materialista: aprehender el contenido de este no se basa en analizar su terminología. Contrariamente, es necesario exponer el contexto teórico y político en que esta nueva concepción del mundo se hace lugar para comprender lo que el materialismo histórico encierra. De esta manera, etiquetar “idealismo” a esto, “materialismo” aquello; por acá “espíritu” y por allá “materia”, es un mero juego de términos alejado de lo que significa la comprensión materialista de la historia en el sentido de Marx y Engels. Señala el filósofo italiano: “(…) la ciencia histórica tiene por primer y principal objeto la determinación y la investigación del terreno artificial [medio que el ser humano crea para su existencia], de su origen y composición, de su alteración y su transformación.” (p. 71, corchetes nuestros).
He aquí la puesta en funcionamiento de la maquinaria del materialismo histórico: un método para el estudio de la historia, como decía Engels, no una forma de evitar ese trabajo.[4] Así, para Labriola el materialismo histórico es “(…) la tentativa de rehacer(…) con método, la génesis y la complicación del vivir humano desarrollado a través de los siglos.” (p.57).
Ahora bien, ni para sus fundadores ni para Labriola el materialismo histórico es un método para la investigación sin más: es más bien el intento de reconstruir el efectivo desarrollo del del ser humano, la sociedad y la naturaleza; es decir expresa el movimiento real de la historia, y no solamente una manera de abordar su estudio.
Con el fin de defender al marxismo de su vulgarización por parte de los deterministas históricos, Labriola sostiene que: “La historia es el hecho del hombre en cuanto que el hombre puede crear y perfeccionar sus instrumentos de trabajo, y con tales instrumentos puede crearse un ambiente artificial que después reacciona en sus complicados efectos sobre él (…)” (p. 72). Se deja ver aquí cómo Labriola conserva un núcleo fundamental de la dialéctica del materialismo histórico: el ser humano crea su medio y, a su vez, el medio lo modifica a él. (Cf. Engels, El papel del trabajo en la transición del mono al hombre). De esta manera, por ejemplo, no hay determinación mecánica entre la economía y las formas de conciencia (ideologías), aunque sí un hilo material que las vincula; son esferas históricas que el ser humano no sólo crea, sino que también puede modificar.
Se deriva de lo anterior que el derrumbe de antiguos regímenes, las revoluciones políticas y el levantamiento de nuevas sociedades son convulsiones internas de la misma sociedad: existe un desarrollo dialéctico en donde el ser humano interviene activamente. Esto no contradice el epígrafe de Marx que seleccionamos: las condiciones materiales deben madurar lo suficiente para producir el cambio de una forma a otra; pero esto sólo no basta, el sujeto histórico -el proletariado- es condición sine qua non para la transformación de la sociedad. Recordemos los estatutos de la la Asociación Internacional de los Trabajadores (redactados por Marx en 1864): “La emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma”.
Los fundadores del socialismo científico explican esta concepción de la siguiente manera: “La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros” (Marx y Engels, 1848). Así, la propiedad privada en su forma capitalista, produce una contradicción interna entre dos clases irreconciliables; la burguesía crea a la propia clase que tiene el potencial de destruirla porque es la única manera de emanciparse plenamente: el proletariado aparece como sujeto histórico. A diferencia de Hegel, en donde la negación dialéctica se resuelve en el momento de reconciliación del Espíritu [Geist] consigo mismo, para el materialismo histórico, la negación no se resuelve en la reconciliación de las clases antagónicas, sino en la supresión de la burguesía por el proletariado y, con ella, la sociedad de clases.[5]
La dialéctica, como elemento constitutivo del materialismo histórico, se vuelve motor impulsor del cambio para Labriola. Este es el aspecto que Marx y Engels conservan de Hegel, aunque sobre bases materiales: “(…) lo negativo, como descomposición interior(…). Ninguna fuerza puede prevalecer contra el espíritu del pueblo ni destruirlo, si no está ya exánime y muerto por sí mismo.” (Hegel, Introducción general y especial sobre las lecciones de filosofía sobre la historia universal. 95-96, cursivas nuestras). Siguiendo este razonamiento, señala Labriola: “(…) un pueblo en el cual, una vez nacido el órgano del Estado -que es la tentativa de fijar, de defender y de perpetuar las desigualdades(…)-. se determinen los movimientos y las revoluciones políticas, y de aquí las razones del progreso y el regreso: he aquí la suma de lo que está a la base de cualquier historia.” (p. 61).
Apoyándose en esta concepción materialista histórica, Labriola sostiene en contra del determinismo histórico (mecanicismo filosófico), que la concepción materialista es revolucionaria porque “(…) ha encontrado las razones y los modos de desarrollo de la revolución proletaria(…). (p.76) Argumenta, además, la posibilidad de poner de manifiesto los momentos históricos en que los modos y las relaciones de producción entran en contradicción abriendo etapas de crisis social. Sin embargo, contra las lecturas mecanicistas sobre este aspecto, señala: “(…) está privada de cualquier fundamento la opinión que tiende a la negación de toda voluntad, por medio de la visión teórica que quisiera sustituir el voluntarismo por el automatismo; ésta es mejor una simple y pura fatuidad.” (p.75). Labriola devuelve al proletariado el rol de sujeto histórico en contra de todo mecanicismo. Esa voluntad no es, sin embargo, un puro voluntarismo sin más; sino que se encuentra en condiciones materiales objetivas históricamente heredadas, como se verá con Marx más adelante.
Contrario a esta elaboración dialéctica, el reformismo de la socialdemocracia de la época tenía una médula antidialéctica: lo particular y lo universal se habían dislocado. Los intereses universales e históricos de la clase trabajadora (la emancipación del proletariado, la supresión de la maquinaria del Estado, la dictadura del proletariado) pasaban a un segundo plano y las reivindicaciones por las que se luchaba se volvían meramente inmediatas a través de la reforma institucional. Contra esa separación, Labriola defiende la necesidad histórica de transformar la sociedad en su conjunto, no desentendiéndose de las luchas particulares, sino ligándolas a los intereses universales del proletariado. Este vínculo lógico-dialéctico lo sintetiza Hegel así: «Lo universal debe realizarse mediante lo particular» (Hegel, p. 114).
Por otro lado, el determinismo económico, de raíz positivista y evolucionista, compartía con el reformismo el rechazo de la dialéctica, el aspecto más revolucionario del pensamiento hegeliano. De allí su vulgarización del marxismo: un evolucionismo en el que las fuerzas productivas se desarrollan por sí solas, como un fruto maduro, y la ideología de la época se desprende mecánicamente de las condiciones económicas.
En confrontación con el determinismo económico (mecanicista) y reformismo, Labriola retoma uno de los momentos más importantes de la dialéctica hegeliana: la mediación [Vermittlung]. El paso de un estadio de la realidad a otro, no se da de manera automática. La ideología no depende exclusivamente de las bases económicas, si bien hay un hilo material que los une: la transición de una cosa a otra es más truncada, contradictoria y rica. Basta recordar la valiosa carta que Engels escribe desde Londres a Joseph Bloch: “Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real.” (21-22 de septiembre, 1890]. De igual manera, Labriola marca una acertada distancia del idealismo hegeliano al señalar: “Esta doctrina [el materialismo histórico] es la negación concisa y definitiva de toda ideología, porque es la negación explícita de toda forma de racionalismo, (…) de que las cosas en su existencia y explicación responden a un fin.” (p.73-4). Es decir, conserva la dialéctica y la mediación, pero rechaza la teleología y el racionalismo idealista: no existe un desenlace necesario (fatalista) de la historia.
Sostener la defensa de ese momento dialéctico, activo y lleno de vida, permite poder volver al sujeto político en el lugar que le corresponde en la historia: la actividad y la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos. Así, el proletariado no es un títere de las leyes de la historia o de los antojos de una estructura económica, sino, más bien como señala Marx: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.” (Marx, 18 Brumario, p.151). El resumen de Marx se vuelve fundamental: hay un equilibrio dialéctico entre la posibilidad de transformar el medio y las condiciones bajo las cuales el ser humano se desarrolla que le son heredadas.
Alcances y límites de la obra
Con el propósito de recuperar la dialéctica para el relanzamiento del marxismo en el siglo XXI, retomamos al profesor y filósofo Antonio Labriola. Su confrontación teórica constituye un enorme aporte al campo del marxismo revolucionario y a la concepción materialista histórica del desarrollo del ser humano, la sociedad y la naturaleza. Frente a la influencia del positivismo y el determinismo económico que predominaba en la II Internacional de la época, Antonio Labriola se empeñó en que no se “machacara” el filo revolucionario de la dialéctica hegeliana: uno de los núcleos del materialismo histórico.
Aunque en un marco principalmente teórico, la discusión de Labriola tuvo y tiene consecuencias prácticas y políticas. El voto a favor de los créditos de guerra en 1914 por parte de la socialdemocracia alemana, el partido más influyente de la II Internacional, puede vincularse –entre otros factores– con una concepción del materialismo histórico según la cual la revolución llegaría por su propio peso: creciente tensión entre los Estado imperialistas, situación de la clase obrera, etc., independientemente del sujeto revolucionario y la dirección partidaria. Es significativo a este respecto que Lenin se sumergiera en el estudio de la Ciencia de la lógica (1812-1816) de Hegel y esto le permitiera elaborar sus Cuadernos Filosóficos (1914-1916).
Rescatamos a quien defendió, desde su lugar y su momento, con firmeza y a contracorriente de las tendencias dominantes, el materialismo histórico como una filosofía de la praxis frente al reformismo y al determinismo económico. La filosofía de la praxis es una concepción del marxismo de enorme profundidad que será retomada por Gramsci.
Conviene señalar también los límites de la obra. Se trata, como indica su subtítulo, de una «dilucidación preliminar»: expone los lineamientos de la concepción materialista de la historia y su defensa frente a lecturas rivales, pero no desarrolla aquí de manera sistemática y ordenada aspectos centrales que requieren de un detalle mayor. Sin embargo, la obra no estaba destinada a tal fin. Se recomienda complementar la lectura de esta obra con otros ensayos como En Memoria del Manifiesto comunista (1895) y las cartas a Sorel, reunidas bajo el título Socialismo y Filosofía (1898).
En una etapa de crisis, guerra, barbarie, reacción y potencial retorno a la revolución, rescatar a Labriola no es un ejercicio de arqueología intelectual, sino el acto de recuperar la dialéctica para poder observar el mundo con los dos ojos: ver a la vez el peso de las condiciones heredadas y la posibilidad de transformarlas. Así, una sociedad que sufre ataques propiciados por la extrema derecha a nivel internacional también responde a ellos; ya que se trata de un organismo vivo.
Referencias Bibliográficas
Engels, F. (5 de agosto de 1890). Carta a K. Schmidt. Marxist Internet Archive. https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e5-8-90.htm
Engels, F. (22 de septiembre de 1890). Carta a Joseph Bloch. Marxist Internet Archive.
https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm
Engels, F. (2017). Dialéctica de la naturaleza. Editorial Akal.
- W. F. Hegel.(2013). Introducción general y especial a las lecciones sobre la filosofía de la historia universal. 2 edición. Versión de José Gaos. Alianza. Buenos Aires.
Labriola, A. (2004). Sobre el materialismo histórico/Socialismo y filosofía. Marcelo Yunes Introducción. Antídoto. Buenos Aires.
Lenin. (s.f). [1917]. El Estado y la Revolución. Versión digitalizada por Marxista Internet Archive: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/
Marx, K. (2024). Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política. En H. Tarcus (Selección e Introducción), Antología (pp.247-pp.253). Siglo XXI Editores.
Marx, K. (2024). Estatutos generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores. En H. Tarcus (Selección e Introducción), Antología (pp.263-pp.267). Siglo XXI Editores.
Marx, K. (2024). Manifiesto del partido comunista. En H. Tarcus (Selección e Introducción), Antología (pp.111-pp.145). Siglo XXI Editores.
Marx, K. (2024). Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Introducción. En H. Tarcus (Selección e Introducción), Antología (pp.91-pp.107). Siglo XXI Editores.
Marx, K. (2024). Tesis sobre Feuerbach. En H. Tarcus (Selección e Introducción), Antología (pp.107-pp.1111). Siglo XXI Editores.
Mondolfo, R. (1964). El humanismo en Marx. Fondo de Cultura Económica.
[1] Cabe indicar que el vínculo entre formas de conciencia y el ser humano es dialéctico: por más que la ideología sea una esfera resultante de condiciones materiales objetivas, no implica que las primeras no ejerzan también una influencia sobre éstas.
[2] Este epígrafe busca ilustrar la contradicción dialéctica entre fuerzas de producción y relaciones de producción. Algunas corrientes teóricas y militantes sacaron de contexto esta sentencia aprovechando para realizar una lectura determinista de la obra de Marx y Engels.
[3] Las cartas intercambiadas entre Engels y Labriola (alrededor de 130) no fueron publicadas aún sistemáticamente a nuestro idioma. La primera edición en formato libro y no fragmentaria, fue publicada en Italia por la editorial Lettere a Engels por Edizioni Rescate (1949).
[4] Engels, en una carta a Konrad Smidth del 5 de agosto de 1890, se lamenta del uso del materialismo histórico como evasión para estudiar la historia, es decir, como una “etiqueta” para perezosos intelectuales. Por otro lado, la postura de Labriola -en este sentido- es compartida por otro filósofo italiano marxista, Rodolfo Mondolfo. En El humanismo de Marx (1964), sostiene que el contexto en el que el materialismo histórico surge y las tensiones teóricas y políticas bajo las cuales se forja, para poder trazar así líneas de su contenido. Alfredo Llanos, por su parte, en Introducción a la dialéctica (1986) también abona el contexto en el cual surge y se desarrolla el materialismo histórico aunque no comparte alguna de las tesis centrales de Mondolfo en torno a la interpretación de éste sobre el humanismo de Marx.
[5] Comparar con las discusiones sobre la supresión del Estado. Para esto, ver en El Estado y la revolución de Lenin (agosto-septiembre de 1917) contra las posiciones de los mencheviques y los eseristas.



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