
La actitud del PSOE, allá por 1986, fue la de traicionar su posición inicial, aunque ambígua, que decía De entrada OTAN NO cuando ganó las elecciones en el año 1982 ya que para junio de 1986 debía efectuarse nuevamente un proceso de elecciones generales, con lo que el referéndum debía hacerse poco antes del mismo por cuestiones estratégicas y de imperativo legal.








