LA PAZ – El oro de la cuenca donde nacen las aguas que desembocan en el Amazonas, brilla para voraces mineros furtivos, pero su actividad ilegal enciende la resistencia colectiva por el daño ambiental provocado con sus prácticas extractivas depredadoras, a lo que se suma la apremiante necesidad de los ingresos formales en Bolivia.
Por Franz Chávez