
¿Humanizar las guerras?

En la primavera de 1933 se desarrolló en España (Madrid y Granada) un Congreso Internacional de Sanidad Militar. A propósito del mismo, los socialistas realizaron una serie de comentarios en El Socialista sobre la guerra y los intentos de humanizarla que recordamos en el presente trabajo.
Para el periódico obrero era muy elogiable la labor de los delegados de más de treinta países, reunidos en España, porque habían hablado de aliviar el dolor, curar heridas y enfermedades, además de intentar prevenirlas. Pero había un problema derivado de la doble condición que tenían los médicos militares, y en que la mayor parte de los países primaban una serie de “sofismas peligrosos”.
Porque sofisma sería aducir, como se había visto en el Congreso Internacional, la convicción de que la guerra, por mucho que se aborreciese no podía abolirse. Pero sofisma sería también proclamar que, puesto que la guerra no podía abolirse, convenía humanizarla. Este sofisma era calificado de muy peligroso.
Se interpretaba que dicho sofisma habría aparecido ante la fuerza del movimiento antibelicista y antimilitarista. Alarmados los profesionales de la guerra habrían inventado el concepto de humanización de la misma. Había que, por lo tanto, volver a medios clásicos de exterminio, que no fueran especialmente mortíferos para que se mantuviera la antigua preponderancia de la profesión de las armas.
Eso se había visto en el fracaso de la Conferencia de Desarme de Ginebra. Unos proponían suprimir el empleo de los gases tóxicos, cuyos efectos se habían visto en la Gran Guerra, pero mantenían, por ejemplo, el empleo de las ametralladoras. Lo que se pretendía con estas propuestas era escoger una forma de destruir y matar para que siguiesen las guerras, es decir, de humanizar las mismas. Los medios de destrucción no debían llegar a un grado de potencia tal que sobrepasasen las posibilidades de salvamento, como había expresado un delegado en el Congreso celebrado en Madrid.
Los socialistas pensaban que no se podía ni suavizar ni humanizar la guerra, es decir, hacerla soportable. En contrapartida, se citaba al socialista francés Jules Moch, que había expresado que la guerra era un crimen, y que no había derecho a humanizarla. No podía ser considerado un crimen matar a un niño con una bomba lanzada desde un avión, pero, en contraposición, ser lícito matarle con una bomba lanzada desde un cañón de calibre permitido, y respetando unas “reglas de la guerra”. Lo que había que hacer, siguiendo a Léon Blum y al Partido Socialista francés, era conseguir la verdadera seguridad, pero que solamente se podía conseguir como consecuencia del desarme.
Hemos trabajado con el número 7591, de 4 de junio de 1933 de El Socialista.


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