"El Tao de los números" - Cuarta entrega

4ª Entrega del libro "El Tao de los números" de Antonio Morales
Cajón de Sastre12 de julio de 2026 Antonio Morales

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Una cienmilésima parte de la unidad puede parecer una nimiedad. Diez mil es “algo importante” porque contiene más cantidad. Ambas representaciones pueden dejar de ser lo que son en cualquier momento.

Si alguna vez hemos jugado con los números en una pizarra, es fácil comprobarlo cuando cogemos tiza y proyectamos aquí un cero, aquí un uno, aquí una coma…. Bailan los números, los significados. Se mueven…. ¡Los movemos nosotros! Porque los estamos creando y destruyendo, colocando aquí y allá, trasponiendo términos. Hagan la prueba sin miedo alguno. No tienen nada que perder ni que ganar.

¿No es cierto que nuestra voluntad es la que mueve a ese número y lo cambia de lugar para aumentar o disminuir su valor? Si nuestra voluntad es la que mueve ese número (recordemos que con las letras pasa igual, si las cambiamos de lugar) para cambiar su sentido o valor, ¿por qué –entonces- nuestra voluntad no mueve los números de nuestra vida para girarla, para dotarla de otros contenidos? ¿Qué nos lo impide? ¿No sería acaso una falta de toma de conciencia de nuestra capacidad creativa, de nuestra falta de confianza?

En términos matemáticos podemos comprobar que existe una infinitud de posibilidades para nuestra capacidad de alejarnos del uno hacia el cero como viceversa. Nos movemos como un péndulo pero, en ocasiones, sin equilibrio interno. Cuando éste se pierde, entonces es cuando decimos “estamos perdidos”, o sea desubicados. Euforia a un lado, depresión al otro. Megalomanía, y baja autoestima pueden tener un mismo componente falso: un ego acentuado en ambos casos con signos opuestos. Exceso y carencia respectivamente con un denominador común que es una excesiva atención al interés propio. Nuestros actos no los dicta el yo verdadero sino el falso.

¿Y cuando el daño es causado por agentes externos, cuando son factores exógenos? Existe un invasor que ha tomado posesión de nuestro territorio, por sorpresa o de forma soterrada durante tiempo. Nos hemos quedado sin espacio. Hemos perdido autonomía y nuestra voluntad se ve subyugada.

Ese invasor puede sobrevenirnos bien en forma de enfermedad, bien en forma de violación de nuestros derechos, por atentado a nuestra esencia más íntima o por cualquier otra circunstancia que sirva de alimento para la invasión. Y diariamente podemos observar muy cerca de nosotros cualquier situación que nos lleve a pensar el qué y el por qué de las cosas.

Hemos sido plato goloso para el invasor que nos ha estado observando durante años, quién sabe si durante milenios. Nuestras defensas psicológicas (energías defensivas[11]) se han desmoronado como un castillo de naipes, nuestro mundo se ha derretido como un helado al sol y nos hemos dado cuenta, entonces, de lo que éramos antes. Valoramos erróneamente- desde la añoranza- lo que creemos que fuimos y no somos por el hecho de no sentir.

Éramos ceros a la derecha pero el uno “nos ha empujado” hacia la izquierda del plano. Si antes éramos 10 ahora somos 0,1. Diez unidades pasan a una décima. Pero “no sabíamos” del “valor” que poseíamos hasta que se nos ha desplazado hacia otro lugar. Nuestra aparente seguridad del sitio que ocupábamos ha saltado por los aires. Probablemente sea así como nos sentimos, en otro lugar. Vamos a intentar comprender qué lugar tenemos, y quién nos ha desplazado supuestamente.

El cero a la derecha se sentía “importante” porque daba “enorme” valor al alza al uno. El cero a la izquierda se siente, ahora, “poco importante” porque cree haber perdido “su valor”, aquél que proyectaba en otro sin considerar el suyo propio.

No somos más valiosos por lo que proyectamos en otros sino por la percepción de nosotros mismos. Y la percepción no se cuantifica ciertamente.

El cero, ahora, está situado a la izquierda. De acuerdo. Pero ambos, cero y uno, han perdido según los parámetros vistos. Si el uno encabezaba una sucesión de ceros (1000) al querer invadir el lugar del cero se ha quedado sólo como uno (0001) o, incluso, depende que el cero vaya precedido de una coma para cobrar sentido (0,0001). ¿Pierden ambos? ¿O mantienen su esencia? Se ha creado una nueva situación que genera otro proceso y la esencia continúa. Hay una adaptación de ambos a la “nueva situación” pero tienen que coexistir aunque habrán de tener en cuenta los movimientos que realicen en adelante.

¿Qué significa esto en casos prácticos en referencia al ser humano? Una merma de la salud, por ejemplo. Hay un nuevo plano, una nueva situación no conocida antes y de la que tomamos conciencia cuando vamos despertando de la invasión. Pero nuestra esencia es la misma aún habiéndose invertido el valor numérico. El TODO permanece, invertidos los puestos. La INFINITUD es la misma entre el cero y uno que entre uno y cero ya sea en términos crecientes o decrecientes, de atrás hacia delante o viceversa. Creíamos tener un camino hecho cuando nos damos cuenta que el camino está comenzando siempre. Un buen día nos topamos con una realidad diferente, con una variable con la que no habíamos contado. Nuestro mundo se hunde, se viene abajo porque se nos ha desplazado “hacia atrás” en el movimiento. O hacia otro lugar.

Ese día comenzamos a creer que somos unos inútiles que no servimos para nada, que nuestro lugar es inservible. Yo qué hago aquí, en este mundo. Es una pregunta de baja frecuencia que comienza a rondar nuestra mente, que se siente desconectada o más bien a un nivel de vibraciones muy por debajo de lo que teníamos o creíamos tener.

Cuando caemos en un estado de conmoción (ausencia de salud, viudedad, divorcio, pérdida de un empleo, tareas que resultan pesadas, agobiantes e insatisfactorias…) es cuando comenzamos a apreciar lo que realmente somos porque es cuando se nos mueve la torre de la comodidad, del orgullo, de la ignorancia y se tambalean los frágiles cimientos sobre los que creíamos tener construida nuestra existencia, sobre todo si durante años contravinimos las leyes naturales para preservar lo que creíamos seguro. Cuando han violado nuestros derechos es cuando más nos damos cuenta que los mismos existían antes, incluso, de nuestra propia conciencia. Cuando las circunstancias nos golpean de forma “inmisericorde”, cuando vemos el polo negativo entonces caemos en la cuenta que había un polo positivo también. Y –cómo no- de la misma forma observamos que no somos los únicos que tienen ombligo y nos volvemos solidarios. Entonces nos damos de bruces con la “realidad invisible” que se ha materializado. En ese momento comprendemos la UNIDAD y la UNICIDAD.



Unidad porque formamos parte de un TODO conectado a nuestra esencia, y porque cada cual es unidad.

Unicidad porque cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, somos un universo infinito que se desplaza entre el cero y el uno o el uno y el cero. Tantas veces como nuestra conciencia alcance, como nuestra mente proyecte.

Precisamente por esto mismo hemos de considerar que seguimos siendo lo que nunca dejamos de ser: irrepetibles.

Ciertamente, en el movimiento perpetuo que genera la vida, podemos sentirnos cómodamente instalados en un lugar, luego separados por una coma (que bien podría representar cualquier concepto negativamente afín: enfermedad, odio, adversidades, cualquier calamidad) y desubicados de nuestro lugar primitivo. En ese movimiento tendríamos que reubicarnos nuevamente y desde esa conciencia infinita considerar que seguimos teniendo importancia aún en otro lugar. Pero para ello hemos de adoptar la actitud mental firme que el plano físico es tan sólo uno de los que nos acompañan en el camino. Existen los otros planos “invisibles”: mental, emocional, espiritual o trascendente. Y justo por ello va más allá de religión establecida, sectas, creencias ocultistas o de cualquier otro tipo o signo. La trascendencia de nosotros mismos nada tiene que ver con ideas que, incluso, podrían devenir obsoletas o, cuanto menos, ancladas en una simbología aparentemente incomprensible para nosotros, para nuestra forma de pensamiento y vida en la actualidad.

Si somos dos realidades (visible y no visible) compuestas de diversos planos, está claro que, entonces, somos algo más que una apariencia externa. Si somos “algo más” como, por ejemplo, energía, ésta ni se crea ni se destruye sino que se transforma. Esto es un principio universalmente aceptado. En términos de positividad de recuperación de la caída y en términos de movimiento. Lo único que nos lo impide es un hilo invisible llamado MIEDO.

Este es un compañero de viaje que se nos pega como un mejillón a la roca, pero al miedo hemos de “hablarle y convencerle” que no tiene sentido su presencia entre nosotros. Porque el “compañero miedo” tampoco puede impedir que nuestra esencia se transforme, ya que ésta es inalterable porque ella pertenece a la ley inmutable de la naturaleza. Si no lo apartamos entonces hemos entregado nuestra vida al ego, al yo oscuro y la vida no nos pertenece.

El miedo en sobredosis produce unos efectos secundarios enormes, demoledores, y unas reacciones desencadenantes en nuestro ser de vastas consecuencias y largo alcance. Está más que demostrada que su existencia en nosotros ha producido -y produce- graves perturbaciones en nuestra salud. Deviene en desequilibrios, parálisis afectivas y emocionales, retrocesos, aislamiento social, pero lo disfrazamos de equilibrio, arrojo, huidas hacia delante, un constante quehacer cotidiano del que siempre nos queda la excusa de “no tengo tiempo”, de una aparente comunicación externa y conexión con el entorno, de querer salvar el mundo antes que a nosotros mismos como primera redención.

Ahora, bien, reciclado en cautela o precaución podría utilizarse como factor homeopático de corrección para frenar los ímpetus temerarios y que, por tanto, nos aportaría un toque de sensatez. El factor miedo tendría de esta forma su otra cara solamente que casi siempre empleamos la peor de ellas. Confieso personalmente que, a veces, cuando emprendo alguna tarea nueva, distinta a la anteriormente hecha, como escribir, mantener una reunión… me asalta ese “compañero” del que escribo anteriormente. Me toca en las espaldas para recordarme que el miedo también empuja a la valentía, a la decisión libre si encaras la situación adecuadamente, esto es bajo la reflexión serena y la acción correcta. Que justamente no debemos condicionarnos pero ahí está diciéndonos “soy el miedo y estoy para trabajarte”. Miedo al fracaso, al éxito, al ridículo, al silencio, al olvido, al desamor, a la indiferencia, a la incomprensión de tus conocidos, a lo nuevo, a lo viejo que vuelve cual fantasma. Miedo a querer también. Miedo a tener miedo. Nos paralizamos y refugiamos en un rincón de la mente para trasladarnos a “un futuro” olvidando que debo asentarme en el aquí y ahora visible. Olvidamos que nuestra conciencia más profunda se yergue justamente en ese momento para decirnos aquí estoy. Dejamos de recordar que el vacío es justamente lo que necesitamos para crear, para llenarlo de contenido de todo lo bueno que se nos ocurra con nosotros mismos y con aquello que nos rodea. De esta forma si la energía no se destruye ¿por qué hemos de sentirnos destruidos por ese factor llamado miedo? Nada más lejos de “la realidad”. Nuestra energía ha de focalizarse hacia nosotros mismos en un permanente movimiento del círculo universal viviendo en constante recogimiento, aquietamiento del corazón como lo llama el signo 52 del I Ching.

Desde lo vacío a lo lleno, desde el cero al uno hay todo un universo infinito que -además- deviene eterno. Esta es nuestra naturaleza, de la que partimos y a la que volvemos en un perpetuo movimiento y siendo así entonces es la mejor teoría que encuentro personalmente, también, para la muerte que nunca es el fin sino el eterno retorno porque polvo somos y en polvo nos convertiremos. ¿Dónde empieza y dónde acaba? Cada cual habrá de tener la respuesta adecuada para sí mismo, sin olvidar que la esencia es la misma para todos. El alma del mundo es una sola realidad manifestada como la vemos o creemos percibirla.

Llegado a este punto creo que podemos y debemos continuar con los siguientes números.



DOS: (2)



  • Indica la dualidad, polaridad y complementariedad. Por tanto hace referencia a la existencia de las energías Yang y Yin, Cielo y Tierra en la Cosmovisión china, Sol y Luna en el arquetipo alquímico.

  • Al ser dualidad, representaría la idea de la división en el día y la noche, lo que va y viene, lo fuerte y débil, lo duro y blando, lo visible e invisible, el cuerpo y el alma, lo verdadero y falso, la sabiduría y la necedad, lo bueno y malo para discernir, el caos y el orden, lo finito e infinito, lo temporal y eterno, el odio y el amor, la bondad y la maldad, frio y calor, seco y húmedo, dulce y salado, anverso y reverso, luz y tiniebla, superior e inferior. ¡Es la pareja!

  • Específicamente en la simbología del I Ching representa la Tierra.

  • Representa el sistema binario, en aritmética un cuadrado, en geometría la superficie. Es el primer y único número que es par y primo

  • Es la simetría en la geometría corporal: dos ojos, dos orejas, dos orificios nasales, dos pezones, dos testículos, dos ovarios, dos manos, dos pies, dos brazos. De la misma forma nuestro campo genético se mide en pares de codones siendo treinta y dos los pares. Nuestra dentición permanente tiene treinta y dos piezas agrupadas en cuatro clases y cada una de ellas contiene un número par de dientes (incisivos, 8; caninos, 4; premolares, 8; molares, 12)

  • Es la justicia a impartir entre dos oponentes: uno que acusa, otro que es acusado.

  • Es la Conciencia Superior y la Conciencia Inferior.

  • Soy yo y eres tú.

  • Es el primer par y la descendencia primigenia. Las dos naturalezas.

  • Es el que ha de disolverse en la Gran Unidad.[12]







TRES: (3)



  • Son los elementos posteriormente generados del principio húmedo.

  • Representa lo masculino.

  • Es la medida de volumen. Nuestra dimensión física es tridimensional.

  • Es principio, medio y fin.

  • Vida- muerte- resurrección o renacimiento.

  • Es el movimiento perpetuo.

  • Es la medida primaria del tiempo: pasado (ayer)- presente (hoy)- futuro (mañana). El ayer, hoy y mañana son conceptos que pueden expresar lo que sucedió hace 4 horas como “ayer”, el “hoy” es el aquí y ahora 4 horas después, el “mañana” es lo que puede suceder (o no) dentro de algunas horas o de un segundo porque, en realidad, ayer-hoy-mañana son conceptuaciones, preceptos mentales que definen una porción de tiempo concreta en un plazo de 48 horas.

  • Los días de Jonás en el vientre del pez.

  • Los hijos de Noé que representan la segunda humanidad, la supervivencia.

  • Los días que dicen transcurrieron para la resurrección de Jesús.

  • La tríada hebrea.

  • El materialismo dialéctico de Marx (tesis- antítesis- síntesis).

  • Las líneas que componen un trigrama o semisigno en el Libro de las Mutaciones.

  • Es la esencia del TAO- TE- CHING.

  • La trinidad hindú brama- vishnu- shiva.

  • Doctrina trikaya budista o triple cuerpo del buda.

  • La trinidad católica padre- hijo- espíritu santo. También equivale a totalidad.

  • Es el “tridente diabólico”.

  • Las triadas religiosas familiares egipcias.

  • La tríada sumeria.

  • La tríada romana.

  • La triada cosmológica cielo- tierra- infierno o inferior.

  • Las tres principales categorías según el taoísmo: cielo- tierra- humanidad.

  • Son las tres virtudes teologales católicas.

  • Es el número de meses para un ciclo estacional.

  • Es el triángulo. El número tres es el sistema trinario (0, 1, 2). El “misticismo” de este sistema nos llevaría a comprender cualquiera de los mensajes ocultos basados en el tres como un todo. Este sistema, al parecer, es el que se ha detectado en la constelación de Géminis en las estrellas múltiples y es el sistema numérico del que habla Pitágoras. Pero aquí se establece una diferencia con respecto a su teoría. Él, al parecer, plantea que el sistema trinario estaría compuesto por una tríada numérica de secuencia 1, 2, 3 que dibujaría un triángulo perfecto siendo el 1 el representante de lo Supremo. Siguiendo su aplicación de adición y reducción, nos encontramos con que la suma de 1, 2, 3 da como resultado 6. Esto es obvio. Pero nos deja la duda entonces ¿cuál debe ser el valor de un sistema trinario? ¿no sería, quizá, consecuente establecer una tríada de 0, 1, 2 cuyo valor es tres? Su lógica se acepta puesto que, al igual que aquí, se parte de un universo numérico de 1-9 ya que el cero no era usado o, al menos, no se conoce su uso en la Grecia de Pitágoras. Luego la postura mantenida aquí podría ahora caer en una aparente contradicción o paradoja. ¿Cómo podremos resolverla?Quizá pueda pasar la situación por admitirse el cero tan sólo en un sistema de números “decimal” pero no en un “universo de escalas”, puesto que el cero trasciende a cualquiera de ellas. Es un elemento aparentemente auxiliar en el que cualquiera de los números se apoya para establecer sistemas posteriores al 9, pero no anteriores al mismo. Si admitimos que el cero es el vacío trascendente del que mana o surgen los seres, entonces sería coherente y consecuente mantener al cero como inicio para este sistema concreto puesto que la resultante perfecta de la unión de 0, 1, 2 es el 3 y, además, dejaría de ser “auxiliar” para ocupar un lugar más que destacado puesto que le da coherencia a lo planteado con anterioridad. Asimismo el número tres es el fruto de la unión de las dualidades, de los principios masculinos y femeninos, la síntesis o superación de ambos. El tres es la generación de los seres. Por ello toda esa creación se contiene en la trinidad, sea cual sea su manifestación cultural.

  • Es el único sistema que en una representación lineal igual al número que se representa tiene como consecuencia ese resultado. O sea, 0, 1, 2 como sistema trinario o ternario lo representamos con tres números y nos da como resultado tres. Y también es una secuencia tricúbica perfecta porque la suma de los cubos de sus elementos da 9 que es el cuadrado de tres justamente (03+ 13+23 =9). Ahora, bien, digamos que esta tríada nos sirve para explicar al tres ya que para la “creación bíblica” sí es coherente la tríada (1, 2, 3) cuya suma es 6 siendo éste, por cierto, el número base para la ordenación del tiempo.

  • Hay un fragmento de poesía correspondiente al libro titulado El libro del Patio Amarillo en el que se puede leer esto:



Alimentad en vosotros los tres divinos

Y viviréis mucho tiempo.

Las almas espirituales quieren subir al cielo

y las sensitivas sumergirse en el abismo. “

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