
"El Tao de los números" - Tercera entrega

CAPÍTULO I.- DIALÉCTICA DE LOS NÚMEROS
Si entendemos por tal la ciencia que estudia la cualidad de los números, su lenguaje, vamos a intentar aplicar este principio para que nos sirva de guía en el desglose de la significación de algunos dígitos, quizá de aquellos más usuales en los textos sagrados, cargados de gran sabiduría, provenientes desde la Antigüedad remota o incorporados a lo largo de los años como parte de ese acervo de saber colectivo. Y quizá lo razonable sería comenzar por el símbolo ∞ llamado INFINITO. Una recomendación personal para leer sobre este concepto y los que puedan venir más adelante es hacerlo con sosiego, sobre todo si al principio resulta un poco “árido” o extraño lo que lees.
INFINITO: (∞)
El origen primero de su símbolo parece ser desconocido, comenzándose a usar en la literatura matemática por John Wallis en el año 1.655. Nada más reseñable debemos destacar. Tan sólo cabe introducirnos en su contemplación y en lo que personalmente destaco como mensaje intuitivo:
(Imagen 3)
∞
El principio y el fin es el mismo. Es el lazo que nos une al universo
Es el símbolo de vida- muerte- vida
El espacio se funde con el tiempo. También representa lo perdurable, lo eterno por ser el movimiento permanente
Es el arquetipo de la serpiente enrollada en el jardín del Edén que representa la Kundalini o energía sexual. La serpiente es símbolo de la Sabiduría, y también de salud y enfermedad
Es un lazo sin nudos, por tanto es un camino sin obstáculos
Es reposo y movimiento
Es lo inabarcable que trasciende los conceptos que conocemos de espacio y el tiempo
CERO: (0)
En la civilización India se le da contenido y significación a lo que conocemos como CERO y que ellos denominan zunya o vacío para aplicarlo al saber de la astronomía. Comienza a extenderse su conocimiento por Occidente entre los Siglos VI- VII de la E. C a raíz de unos escritos árabes. Pero, sin embargo, el pueblo Maya ya usaba el cero en su sistema vigesimal para cálculos más cotidianos.
Ahora, en estos momentos, nos toca establecer la trascendencia del símbolo.
Su grafía homónima es la vocal “O“.
Es el óvulo
Lo cerrado
Lo lleno o lo vacío
La vacuidad del ser
Es el No Ser[4]
Lo insignificante[5]
Es la conciencia autónoma deficiente. Baja autoestima
Es la contracción. La sístole
Es la interiorización
Es lo hermético misterioso
Es la imagen del ciclo vital
Es el punto muerto. Lo detenido
Es el encuentro entre iguales negativo y positivo
“Es sólo en el vacío donde se halla lo que es verdaderamente esencial” (Cap. XI Tao Te Ching)
UNO: (1)
El UNO está considerado el INICIO en los diversos sistemas de otras tantas culturas, la mónada primigenia. También indica en el orden, el principal. Por tanto:
Es el esperma
Es lo abierto
Es la expansión lineal. Lo erguido
La exteriorización inicial. El destello
Lo recto
Es la mirada vertical, orientada hacia el Cielo
Es el Cielo
Es la diástole
Es el inicio y la Unidad
Es el principal
Es la Unidad del Ser Uno mismo
Es la Unidad Divina
Es lo único e inigualable
Es el primer elemento tangible de la generación
Es la razón. No admite divergencias ni división
LA PRIMERA TRIADA: (∞, 0, 1)

Voy a intentar ser breve. Del cruce de operaciones matemáticas, consistentes en dividir y multiplicar entre los símbolos señalados, obtenemos esta tríada inicial, primera en su comprensión. Veamos:
a) 1: 0 =∞ b) ∞. 0 = 1 c) 1: ∞ = 0
Nota aclaratoria:
La expresión b, en términos de matemáticas académicas establece que ∞. 0 = Indeterminado. Lo que yo establezco aquí es seguir con la lógica o dialéctica numérica que establece que el producto de los medios es igual al producto de los extremos donde el denominador de una expresión en la igualdad multiplica con el divisor de la otra expresión (en nuestro caso sería 1, que es constante siempre que no aparezca). Por tanto de la expresión c –válida académicamente- obtendríamos (1 x 1 = ∞ x 0). Como yo no encuentro justificación para que ello no sea sí la mantengo, a menos –claro está- que esta fuera algo más que una excepción sin paliativos a una regla general matemática básica. Pero lo de sin paliativos introduce un elemento de concepto absoluto y, en principio, me parece una idea rechazable por muy aceptada que esté sin discusión posible alguna. Y de admitirse la teoría racionalista oficial resultaría incompatible, por tanto, con la posición metafísica espiritual que planteo en el que la Unidad es el resultado del encuentro entre el Vacío y el Infinito/ Eterno como una realidad.
Al cobrar todo el sentido planteado es por lo que invoco, desde mi posición, mantener la perspectiva de una realidad trascendente en el planteamiento de una simple formulación.
En el presente caso UNO es UNIDAD TOTAL. Es la representación de un absoluto que, como cualquiera, es irrepetible. Esta unidad sería la consecuencia de un encuentro producido entre lo eterno-infinito y el vacío que potencialmente todo lo contiene. De ese “encuentro” surge la UNIDAD, lo UNO que, a su vez, es único e inigualable.
En el campo matemático se da por universalmente aceptado lo contenido en a) para dar “sentido racional” a lo que está más allá de nosotros mismos. Así, desde esta perspectiva, se podría explicar que dar un salto al infinito en términos existenciales sería hacer que nuestro ser único, irrepetible, e indivisible pudiera fraccionarse en la NADA, en el VACÍO. Disolverse para resultar eterno e infinito en una vida plena, sin obstáculos, puede que nos resulte incomprensible sobre todo si no entendemos el sentido de la muerte ya que nuestro final es esa disolución en las aguas alquímicas de la vida. En nuestra evolución y fin último está la disolución de nuestro ego, de aquellas cosas que nos apegan, nos esclavizan y nos impiden ser libres completamente. Así, pues, el resultado de a) es dar el salto al infinito que –en ocasiones- propugnamos reflejado en términos matemáticos que, además, nos van siendo familiares.
El contenido del apartado b) nos viene como consecuencia de una actividad creadora incesante que surge desde lo infinito, en lo eterno y en el vacío, desde las profundidades misteriosas. De ello surge la CREACIÓN que comienza a expandirse como entidad única en cuya semejanza nos reflejamos con las ideas inspiradas que impulsan proyectos. Surge nuestro ser íntegro, porque lo uno es lo único indivisible. Surgimos desde lo increado. Somos una sola idea puesta en marcha, hecha realidad. Somos la Palabra hecha carne, el espíritu convertido en materia. Porque lo UNO proviene de la PUREZA o AMOR PURO, del ABSTRACTO SUPREMO, del LOGOS. Así a Heráclito (S. V a.e.c.) se le atribuye la siguiente frase: No a mí, sino habiendo escuchado al logos[7], es sabio decir junto a él que todo es uno[8]. También en el evangelio de Juan (1, 1-5) encontramos al inicio lo siguiente que expreso en griego koiné: εν αρχη ην ο λογος και ο λογος ην προς τον θεον και θεος ην ο λογος donde aparece Logos (λογος) que es la Palabra, la Suprema Inteligencia. La traducción que nos llega al castellano sería la que sigue y consta: “En el principio existía la Palabra[9] y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios” aunque bien podría tener otra traducción como “En principio era el logos y el logos estaba con el dios y dios era el logos” lo que podría dar muestras de otra lectura diferente, pero eso es otro apunte. Posteriormente continúa la disertación hasta el versículo 5: “Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.”
La “Palabra” o “Logos”, existía desde la eternidad o lo que llamamos preexistencia. Es la RAZÓN INICIAL, la IDEA PURA, la LUZ ya que “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre…” Pero a tenor de lo expresado en b) y de lo recogido en Heráclito o en el evangelio de Juan (por seguir este par de ejemplos) estamos ante la esencia colectiva, ante un patrimonio común porque la Luz es de todos y para todos aquellos que quieran reconocerla y retornar el camino a ella. También se nos está diciendo que una idea existe antes de la materialización. Por tanto, antes de existir el UNO ya estaba la idea, el pensamiento desde lo eterno, en lo infinito y en el vacío. Es el acto creativo por excelencia.
Ahora, bien, si nos disolvemos, nos dividimos, desde la eternidad en el infinito[10], -expresión (c)- y manteniéndose ese estado aparente de NO- SER estaremos ante la VACUIDAD. Somos CERO, NADA para ser ALGO MÁS, para convertirnos en UNO y en ese movimiento permanente se generarán todas las cosas plurales posteriores simbolizadas desde el 2 en adelante. Pero la consideración de NADA está vinculada a la HUMILDAD como la manifestación sublime que lo pequeño luego fue grande, el reconocimiento que lo que es NADA realmente TODO LO ABARCA.
Esta es una tríada sencilla que podría encerrar claves de los misterios del origen del propio Universo y, por tanto, el nuestro. Encierra un movimiento permanente, eterno, infinito que fluye, que va y viene hacia la UNIDAD en una relación con lo que NO ES. Todo es engendrado por el TAO de forma silenciosa, en Suprema Virtud, sin alarde. Todo en permanente movimiento, siendo una misma cosa. Nada permanece inmóvil. Todo fluye y refluye. Aquí nace el orden de las cosas y, por tanto, las leyes de causa-efecto.
DEL CERO AL UNO: LA CONCIENCIA ETERNA E INFINITA.

El número cero (0) nos puede traer a la mente la vacuidad, el ser nada. Hasta aquí hemos visto algo que nos va sonando.
Con frecuencia nos sentimos “ceros” y esa expresión es la que se emplea cuando alguien, ante una indiferencia o un rechazo de otra persona o grupo, se siente “nada” que sería lo homónimo de nadie: ¿Acaso soy un cero a la izquierda? Es la interrogante. Pero quiero reivindicar aquí que los conceptos los magnificamos, empequeñecemos o torcemos nosotros, y hacemos de él un enemigo innecesario.
Un cero a la izquierda de una secuencia de números puede indicar “algo” o “nada”. Si queremos expresar un número de tres dígitos que comience por el uno comenzaríamos poniendo 001. Evidentemente el 0, expresado tal cual en el ejemplo, nos indica que acompaña al 1 en su camino. Mero acompañante, espectador. No tiene importancia contractual. Si el cero a la izquierda va precedido de una coma y números posteriormente ya no es un mero espectador. Indica un valor. La representación 0,01 indica la centésima parte de la unidad. Y tan sólo hemos introducido un grafismo llamado “coma” después del primer cero a la izquierda para dar un vuelco a la lectura inicial. El cero cobra un “valor” cuando va combinado: una coma a la derecha del cero seguido de otros números da “vida al cero”, digamos que cobra sentido.
Así se siente la autoestima cuando la tenemos baja. Es lo que llamamos moral baja, cuando nuestros inferiores han tomado el control de nuestro yo verdadero. Incluso expresamos en estas ocasiones si acaso somos números en lugar de personas. ¿O es que no hemos usado, en algún momento, laexpresión “me siento un número” con ese carácter peyorativo de impersonalidad? Efectivamente, nuestras vidas están codificadas por números de identificación personal. Así consta en nuestro DNI, número de Seguridad Social, número de historia clínica, numero de autorización para tal o cual gestión… Nos rebelamos cuando nos consideran “números” en lugar de “personas”, porque entendemos que nuestro yo más profundo no puede ser una idea tan “fría” como un mero número. Creemos poseer una conciencia más elevada que la que consideramos para el número como mero identificador.
Pero la representación denominada número siendo una abstracción de nuestro yo, de nuestra conciencia, de nuestra mente, no es algo ajeno a nosotros mismos. El número forma parte de nosotros y viceversa. Por tanto, no tiene sentido alejarnos del dígito porque él determinará una infinitud en nuestra evolución personal y así desde tiempos remotos.
Dándole, pues, a nuestra conciencia el valor que queramos proyectar seguirá siendo la misma porque es esencia.
¿Por qué empeñarnos entonces en continuar menoscabando nuestra autoestima llevándola al “cero” como un lugar sin valor y considerando, además, que después ya no hay nada más? Menoscabar nuestra autoestima es, sencillamente, hacer una abstracción numérica de nosotros mismos a la baja. ¿Qué nos empuja a orientarnos hacia el “cero” e identificarnos con él como el eterno compañero de “nuestros males”?
Si a alguien le ponen a dibujar un cero o un uno, dándole a elegir entre ambos optará libremente por el signo con el que más se identifique aunque pudiera ser que si se tiene una base ésta influyese en el resultado final. En abstracto el número tan sólo es idea representada.
Un multimillonario podría pensar que muchos ceros son su vida. Un pobre extremo podría pensar exactamente lo mismo. Muchos ceros podrían representar una enorme cuenta corriente en un paraíso fiscal. Muchos ceros podrían representar una cadena de desgracias, de vacíos en la vida de quien no tiene nada. Pero, también, podría ser una cadena de desgracias en la vida de quien lo tiene todo ya que lo encadena el propio poder.
La sustancia o esencia no está en el valor en sí, que no significa nada. Está en nosotros y de nuestras profundidades emergen los significados proyectados. Una misma abstracción puede contener dos significados opuestos para personas distintas pero, incluso, para la misma persona según en qué circunstancias.
Es la paradoja de la polaridad existente. “Mi mundo” se circunscribirá a “mi cero” como factor limitante si me instalo en esa posibilidad, si no soy capaz de ver que existe una infinitud por encima del cero para llegar al uno, que existe un camino permanente, en movimiento constante.
No somos, por tanto, lo que otros quieren que seamos o el valor que quieran darnos. Somos un valor en nosotros mismos y por nosotros mismos. Porque ese “valor” es el que proyectamos y ese es el que nos vuelve a través de nuestro espejo. Nada puede impedir, entonces, que hagamos de un cero un factor positivo lleno de contenido. Tan sólo es situarlo a la derecha del uno (10000) o precediéndolo de un signo llamado “coma” continuado de cualquier número: 0,00001.
Pues bien, ambos cumplen su misión. Lo “pequeño” y lo “grande” también son conceptos opuestos y complementarios pero relativos en sí mismos. Lo grande antes fue pequeño, no lo olvidemos.


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