
LA ATLÁNTIDA, UNA REALIDAD SUMERGIDA (2)

La Atlántida, como territorio emergido, y siguiendo un determinado patrón de aproximación a la superficie que podría haber ocupado nos remonta a lo que hoy supone Andalucía, Murcia y Castilla La Mancha que ocupan alrededor de 178 mil kilómetros cuadrados. O sea, no estamos hablando de un territorio menor sino de una vasta superficie que no sólo era el nodo central sino el conjunto de bancos emergidos además de islotes o islas como las de Azores y Madeiras, con lo cual esta civilización dispondría de enclaves estratégicos para sus rutas comerciales, fundamentalmente marítimas, además de puntos de aprovisionamiento pesquero y agrícola, además -obviamente- de la obtención de esos recursos naturales para el trabajo de metalurgia y orfebrería que los obtenían, claro está, de primera mano de la plataforma emergida sobre la que se asentaban, de la cual sabemos que contenían cinturones metalíferos, yacimientos de cobre, oro aluvial, plata, cuarcitas, silex, jaspes, areniscas duras, pizarras aptas para pulido... La tierra que habitaban y su capacidad de identificarse con ella les hizo conocedores y propulsores de técnicas de metalurgia y orfebrería que, con posterioridad, aparecen con los Tartessos. Estos no surgen de la nada sino de un proceso de adaptación a una nueva realidad en una tierra diferente, puesto que la tierra atlante ya dejó de existir emergida. Eran los descendientes de aquellos atlantes que encaminaron sus pasos hacia tierra más firme poniendo a salvo sus vidas ante lo que pudieron intuir como un cataclismo de grandes proporciones. De ahí que se adentraran hacia el interior llegando a habitar la ribera del Guadalquivir en Córdoba y Sevilla, así como Huelva y Cádiz.
Retornando, pues, a los recursos de los bancos emergidos obtendrían, con toda seguridad, basaltos, rocas duras para pulido o minerales volcánicos raros. Pero, asimismo, hay un dato interesante y es que muy probablemente exploraran la parte más cercana del archipiélago canario como las actuales Lanzarote y Fuerteventura, de donde obtendrían obsidiana, basaltos duros, fibras vegetales, maderas ligeras, piedras volcánicas para abrasión. ¿Qué significa esto? Pues que si el archipiélago por entonces no estaba habitado y el territorio explorado les servía de punto de obtención de recursos, lo más lógico es que se estableciera un grupo atlante que mantuviese viva la conexión con el nodo central sirviendo de punto de aprovisionamiento estable en recursos agrícolas. Así, pues, una hipótesis nada descabellada es que los pioneros en el archipiélago canario fueran atlantes, un pueblo oceánico que diversificó inteligentemente su actividad para robustecer su propia supervivencia, mediante la apertura de puntos o nodos comerciales propios además del intercambio con otros pueblos moradores en los alrededores. La mejor forma de tejer civilización es prosperar sin impedir que otros hagan lo propio. Por tanto tuvo que ser una civilización no solamente avanzada en habilidades técnicas sino, también, en cuestiones de organización social ya que así nos lo dicta la lógica de reconstrucción que estamos haciendo. Mantienen relaciones con otros moradores de los alrededores, insulares y peninsulares, abren puntos nuevos y se establecen como los del archipiélago, conocen el medio en el que se mueven mediante la observación estricta de los movimientos de astros, corrientes marinas, vientos, y casi con toda seguridad el vuelo de las aves ya que las poblaciones marítimas son conocedoras de cómo y por qué se mueven en determinadas ocasiones las aves costeras. Esa alta intuición fue, sin dudarlo, lo que les salvó la vida y lograran salvar de la de sus vecinos. Quizá lo de civilizaciones avanzadas no haya que medirlo tanto en clave material sino en otra más profunda, en la capacidad de saber lo que otros no son capaces con anticipación. Y ese poder de intuición es lo que hace, asimismo, que alguien pueda interpretar signos o señales, vaticinar cambios, mirar donde los demás no llegan, crear lo que otros no hacen con originalidad. Ese valor es quizá, con diferencia, el que hace que una civilización pueda ser más o menos avanzada. Y de ese valor es como nace Tartessos como evolución natural de los atlantes refugiados en la península en comunión con los pobladores mesolíticos del SO peninsular.
Desde esta perspectiva de reconstrucción de un grupo humano, al parecer, de gran inteligencia debemos destacar algunos elementos que, ciertamente, pueden acercarnos a los atlantes un poco más como civilización, además, precursora del comercio marítimo entre la península y las plataformas insulares. Por cierto, un comercio de cercanía.
Practicaban la navegación como medio de transporte y no como medio de subsistencia (pescadores)
Mantenían un contacto regular con moradores de los alrededores (Azores, Madeiras, bancos emergidos)
Mantenían una ruta comercial con el SO de la Península, que se puede concretar en dos grandes núcleos:
a) Con los grupos humanos mesolíticos de las marismas del Guadalquivir (Doñana, Sanlúcar, Trebujena), considerando que el estuario del Guadalquivir no era como lo conocemos actualmente sino de una dimensión mucho mayor
b) Con los grupos humanos de la costa de Huelva y zonas fluviales como las del Tinto- Odiel, Marismas del Odiel, Punta Umbría, Isla Saltés, Cartaya-Río Piedras
c) Con los grupos humanos de la Bahía de Cádiz asentados en Chiclana- Sancti Petri, Conil- Roche, San Fernando-Camposoto, Barbate
Por tanto ya podemos ir deduciendo de la importancia que los atlantes le otorgaba a toda esta área geográfica con la que comerciaban, ya que prácticamente los recursos pesqueros y de salazones los obtenían de gente experta en ello. Ahora, bien, casi con toda seguridad esa habilidad demostrada necesitaba de un complemento en útiles o herramientas que solo los atlantes les podía proveer por ser gente experta en el trabajo metalúrgico
Y de lo anterior paso a exponer los elementos que los atlantes exportaban a otros pueblos con lo cual la sinergia de colaboración era estrecha y productiva:
Puntas metálicas para arpones, más resistentes que las de hueso o sílex
Cuchillos y hojas para limpiar pescado. Un salto tecnológico enorme para los mesolíticos
Agujas metálicas o de hueso pulido, para redes de pesca
Pesas de red pulidas, hechas con piedra dura o metal
Anzuelos metálicos primitivos, dado que el cobre es más resistente que uno de espinas
Cinceles y punzones, para trabajar madera y fabricar embarcaciones ligeras
Así que, de esta forma, podemos explicar cómo aparecen en el SO peninsular objetos pulidos, adornos, herramientas finas, técnicas avanzadas sin que la arqueología explique su vínculo local. Y, lógicamente, se puede explicar cómo podrían alimentarse los atlantes, además, en una travesía de, al menos, dos días para una distancia de unos 70-80 kms, Cabe pensar que los alimentos conservados de forma natural, el agua en pellejos o en barro, serían útiles adquiridos a los moradores del SO para efectuar dicha travesía con lo cual eso nos lleva a pensar en la adquisición de alimentos conservados, agua potable almacenada y algún sistema básico de racionamiento aunque, ciertamente, tampoco es de descartar que dicho trayecto lo efectuasen en dos etapas de unas nueve horas con salida según la temporada o condiciones climàticas del momento, con escala en algunos de los bancos emergidos cercanos que les sirviera de refugio hasta la jornada siguiente. La misma operativa si la ruta era hacia el archipiélago como zona tanto de almacenaje como aprovisionamiento de los recursos locales, razón por la que debieron dejar un núcleo poblacional estable ya que de otra forma las jornadas serían interminables. Una disposición logística inteligente que les daba movilidad, en la que empleaban los útiles necesarios para que el agua y la comida durante la travesía no escaseara. Al tener puntos de intercambio y refugio planificar era aplicar todo el conocimiento, pudiéndose desplazar por el océano para el intercambio comercial y el aprovisionamiento.
(continuará)






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