
Cooperativismo versus competitividad en el XIX

Imagen gilang yuda alyahya - unsplash
Las revoluciones económicas y políticas desarrolladas a partir del último cuarto del siglo XVIII, basadas en el triunfo del liberalismo, plantearon como principios básicos el individualismo y la competitividad como motores para el desarrollo y el progreso económicos de las sociedades. Así pues, se legisló para terminar con todas las trabas establecidas en el Antiguo Régimen que impedían el libre desarrollo del individuo en la economía, sin necesidad de tener que estar inmerso en corporaciones, gremios u organizaciones similares, así como contra las regulaciones económicas y la intervención del Estado también en la economía (precios tasados, reglamentos productivos, aduanas interiores, aranceles. etc..).
Pero el evidente desarrollo económico producido por estos cambios y por el impulso de la Revolución Industrial trajo unas serias y duras consecuencias sociales: bajos salarios, jornadas laborales interminables, trabajo infantil, malas viviendas, inseguridad laboral en relación con los riesgos de la vida, etc., sin olvidar el paro provocado por la llegada de los períodos de crisis en los nuevos ciclos económicos del capitalismo.
El cooperativismo, asociado, en primer lugar, al socialismo utópico, pero también vinculándose a otros ámbitos, incluidos los religiosos o filantrópicos, así como, en el seno del movimiento obrero en sus inicios y luego en su mayor desarrollo en relación con sindicatos organizados, planteaba una alternativa, que se consideraba más racional, para abordar una reorganización de la economía y la propia existencia de las personas.
El cooperativismo no pretendía una vuelta a estructuras gremiales o corporativas propias del pasado. Creía firmemente en el desarrollo tecnológico y económico. La Revolución industrial había generado una capacidad productiva casi infinita y había que aprovecharla, pero en un sentido más justo, más solidario, y, también, más estable con el fin de evitar las crisis. La justicia y la eficiencia económica podían ir de la mano. Así pues, el cooperativismo siempre tuvo una dimensión moral evidente, a la par de su defensa de planteamientos de coherencia económica.
La competitividad tendía a bajar los salarios, privando a los trabajadores del valor de su trabajo, y condenándolos a una triste y dura existencia, pero, además esa competitividad generaba bajadas de precios, pudiendo hundir económicamente a las empresas, provocando paro y miseria también. La solución, insistimos, pasaba por la cooperación, planteando, además, que las mujeres podían desempeñar un papel en la misma de mayor protagonismo.
Conviene, por lo tanto, comprobar que el cooperativismo supuso una alternativa real contra un sistema económico que no tenía por qué ser inevitable.


" La Audioteca " espacio para escuchar la literatura costarricense e internacional

Izquierda Unida exige explicaciones al Gobierno de Aragón por las graves irregularidades denunciadas en el Instituto Aragonés de Fomento

La Liga Española de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

La Liga Española de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

Un programa socialista norteamericano en 1960


Besteiro sobre el fascismo español en la primavera de 1923

El trabajo infantil en la Alemania unificada

La fundamentación histórica del socialismo en Valle Iberlucea

Breve nota de historia de la masonería española

PEDRO SÁNCHEZ O EL CAOS

La Liga Española de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

La aritmética del 29-N: dónde se gana y dónde se pierde el voto de izquierda.

Torgo II, nuevo patrullero del Servicio de Vigilancia Aduanera en Canarias.





