
¿Cómo sería la sociedad con el triunfo del socialismo?

Vida Socialista diciembre 1912 Fuente BNE
Acudimos a uno de los socialistas más importantes de toda la historia, August Bebel, para intentar responder a la pregunta del título de esta pieza, a través de un artículo que la española Vida Socialista brindó a los lectores en lengua castellana en diciembre de 1912. Se trata de una situación que no hemos llegado a conocer, pero que fue una cuestión que el socialismo clásico trató de forma exhaustiva. Recuperamos, por lo tanto, un texto pedagógico por su interés historiográfico, dada la importancia de su autor y muy significativo de las primeras décadas del socialismo organizado.
Para que desapareciera una parte de los abusos y males que padecía la sociedad habría que expropiar el suelo y los instrumentos de trabajo (medios de producción).
Dado ese momento no habría margen para el abuso, ni para el fraude o la falsificación de víveres, “ni para la jugada de la bolsa”. Y el Estado terminaría por desaparecer por no ser necesario, ya que no sería necesario gobernar, ni prohibir y ni oprimir. Frente a esta trilogía de gobierno, prohibición y opresión estaría la administración de las cosas. La desaparición del Estado llevaría consigo todo lo que le representaba, es decir, instituciones y funcionarios.
Como cada uno podría satisfacer honradamente sus necesidades, por eso, los ladrones y malhechores desaparecerían porque eran producto de la miseria. Las leyes y los códigos serían inútiles. La criminalidad quedaría, por consiguiente, reducida al estado de enfermedad.
Sobre la cuestión religiosa Bebel planteaba que ya no existiría el ultraje a la religión. En caso de que alguien discutiera sobre su existencia se dejaría al mismo Dios el castigo. La religión no sería suprimida porque, en su opinión, desaparecería por sí misma, y lo haría porque el orden actual dejaría de existir, y la religión no era si no la imagen fiel de ese orden. Las clases dirigentes mantenían la religión como mantenían la policía, porque era un apoyo a su dominación. La burguesía no creía, pero consideraba que la religión era indispensable para el pueblo.
Bebel se demoró mucho en esta cuestión de la religión porque, a continuación, explicaba que la moral nada tenía que ver con la religión. La moral regularía las acciones y las relaciones entre los hombres, mientras la religión regulaba las relaciones del hombre con el mundo sobrenatural.
Cada clase social tenía su propia moral. En ese sentido, el burgués era la explotación de los trabajadores, la “perdición de las mujeres” por el trabajo nocturno, y la desmoralización de los niños con el trabajo fabril.
Bebel concluía diciendo que si en la Edad Media el nacimiento era el que determinaba la posición social de cada uno, en el presente era el dinero, pero en la sociedad socialista bastaría con ser hombre porque todos los hombres serían hombres.
Hemos consultado el número 29 de diciembre de 1912 de Vida Socialista. Sobre Bebel en la hemeroteca de El Obrero el lector interesado encontrará muchos artículos.


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