
"El Tao de los números" - Décima entrega

CAPÍTULO IV.- RELACIONES TRASCENDENTES EN EL UNIVERSO PRIMARIO DE NÚMEROS
Cualquier número, sea cual sea su valor o posición en la escala correspondiente, obtiene una significación por sí mismo pero, también, en función de la relación que se establezca con otros. El dígito es el reflejo cósmico de nuestras relaciones, tanto interiores como exteriores. O sea las que establecemos entre nosotros y nuestros semejantes como las que fijamos con nosotros mismos. Por tanto esto tiene un matiz trascendente dado que la grafía número va a penetrar en lo oculto, va a proporcionarnos la imagen que necesitamos para ir un paso más allá del lugar donde nos encontramos. Un paso hacia atrás o hacia delante sin olvidar que atrás lo asociamos con retroceso y delante con avance, pero cada cual luego tendrá que valorar si, efectivamente, esa concepción corresponde con una verdad objetiva. No obstante creo que existe una concordancia trascendente de doble sentido: ascendente y descendente. Y tan sólo vamos a seguir manejando una serie primaria de 1 a 9, y el cero como auxiliar muy importante, casi vital diría.
· Relación ascendente (RA).- Dado cualquier número n éste posee un ascendente inmediatamente superior en la escala de n+1. La relación o proporción es la que se establecería entre n /(n+1). Es la que corresponde entre la parte y el todo.
Pero siguiendo el principio de complementariedad esta relación tiene su correspondencia inversa y complementaria en la relación descendente.
· Relación descendente (RD).- Su lectura inversa: Dado cualquier número n éste posee un descendente inmediatamente inferior en la escala de n-1. La relación o proporción es la que se establecería entre (n+1)/n. Es la que se formaría entre el todo y la parte. Justamente, pues, son conexiones que se han invertido. De abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo respectivamente, vistas desde lo parcial y lo total siendo N la parte, y N+1 la totalidad. Gráficamente quedaría como sigue:
RELACIÓN ASCENDENTE
(Imagen 15)
RELACIÓN ASCENDENTE | |||
N (PARTE) | N+1 TODO | RA=N/(N+1) | |
0 | 1 | 0\1 | |
1 | 2 | 1\2 | |
2 | 3 | 2\3 | |
3 | 4 | 3\4 | |
4 | 5 | 4\5 | |
5 | 6 | 5\6 | |
6 | 7 | 6\7 | |
7 | 8 | 7\8 | |
8 | 9 | 8\9 |
Como pueden comprobar la totalidad numérica de la escala primaria viene determinada por la aparición del cero. Sin éste como parte en una correspondencia no sería posible la aparición del uno como totalidad el cual sólo tiene que ser mayor que nada para serlo todo. En la relación ascendente, pues, el cero como parte mantiene un vínculo con el uno cuya proporción da como resultado el mismo que la parte. Aquí la parte y el resultado final es el mismo. Para que el uno cobre sentido ha de tener un inmediato predecesor, un antecedente lógico n que no es otro que el cero. Estamos hablando de vacío pero no de “algo sin sentido”. Escribimos sobre lo no creado aún, sobre lo que está contraído. Hablamos de ese punto de concentración origen de la explosión inicial liberadora de toda la energía universal. Pero cero no es equivalente a “nada sin sentido” porque es un punto de partida. El capítulo XI del Tao Te King es un canto al vacío porque en él está la esencia. Lo creado parte de lo no creado, el Ser del No Ser. El mundo se crea expandiéndose uniforme y armónicamente en una bella secuencia donde cada puesto avanzado es todo y parte a la vez que tiene la lógica limitación de ser lo que es. Nosotros somos exactamente esa parte limitada dentro de la escala cósmica. El 8 no puede ser 8 y 9 a la vez. Esto quiere decir que no puede ser parte y totalidad en su máxima expresión. Queda por debajo. Así ha de ser nuestra conciencia. Nuestra expansión parecería no tener límite en el no tiempo[28]. Pero tendrá uno muy importante y es nuestra relación con el TODO. Sólo podemos aspirar a ser 8 en escala de 9. Porque es el máximo lugar que se nos está permitido ocupar. La reflexión personal que me hago es que todas las acciones del ser humano tienen un límite y así ha de ser. Si pretendemos equipararnos a lo que es TODO entonces caemos en desgracia porque nos damos cuenta que la relación parte- todo ascendente tiene su contrapartida todo- parte descendente. Esta razón nos devuelve la visión de nuestra vida interior y nos dice que cuanto más crezcamos como parte, cuanto más nos desarrollemos como personas más cerca estaremos del TODO y todos los seres, pero siendo conscientes que no somos TODO. Seguimos siendo parte con la conciencia adquirida y activa que al ir creciendo nos vamos acercando. Y una plasmación matemática sería:
RELACIÓN DESCENDENTE
(Imagen 16)
RELACIÓN DESCENDENTE | |||
N (TODO) | N-1 (PARTE) | RD=N/(N-1) | |
1 | 0 | 1/0= ∞ (infinito) | |
2 | 1 | 2/1= 2 | |
3 | 2 | 3/2= 1,5 | |
4 | 3 | 4/3= 1,33… | |
5 | 4 | 5/4= 1,25 | |
6 | 5 | 6/5= 1,20 | |
7 | 6 | 7/6= 1,166… | |
8 | 7 | 8/7= 1,142857… | |
9 | 8 | 9/8=1,125 |
Con los datos ante nuestros ojos, nuestra relación con UNO, con TODO, es más cercana mientras más crecemos personalmente. Nuestro desarrollo se va haciendo armónico, en una secuencia igual. Partimos de “nada” para llegar a ser algo menos que el todo. Y a medida que avanzamos, que nuestro espacio íntimo es mayor, nuestras diferencias con la UNIDAD es menor. Cuando éramos “pequeños” espirituales nuestra relación era de 2 a 1. Al hacernos espiritualmente mayores nuestra relación está muy cercana al UNO sea cual fuere la proporción. Las distancias se acortan y este es un milagro cotidiano. El Superior demuestra su capacidad de rebajarse a sí mismo, de sacrificio, en pos de un acercamiento. Es nuestra actitud de modestia, avistada externamente, que así se manifiesta en el pasaje de Mateo, 20, 16: Los últimos serán los primeros y los primeros, últimos. Pero, también, es la actitud de reconocimiento de nuestra integridad que no la ponemos en juego sino que la dotamos de ecuanimidad.
Pero no debemos olvidar de dónde parte nuestra relación: Procede de lo INFINITO y también de lo ETERNO. Pero ¿qué hay más allá de esto?
Si tuviéramos que expresar ese “más allá” tendríamos que concluir que cualquier prolongación +1 sobre ∞ (∞ + 1) no puede dar otro resultado que ∞. Así ∞ + 1 = ∞ porque ya se contiene en sí mismo la afirmación de lo que verdaderamente es. Es la conciencia Cristológica de Yo Soy. Esto significa “me afirmo en la esencia, la identifico”. Lo eterno y lo infinito no tienen un después por su propia definición o cualidad de Ser. Pero si lo contrajéramos ¿tendría un antes? Si establecemos la expresión ∞ - 1 su resultado es ∞. Ahora, bien, establezcamos las siguientes expresiones, de otro lado ya vistas:
∞ + 1 = ∞ Dilatación
∞ - 1 = ∞ Contracción
En ambos casos obtenemos el mismo resultado. Si aislamos + 1 y – 1 en sus respectivas situaciones y trasponemos términos, lo anteriormente reseñado quedaría como sigue:
∞ - ∞ = -1 (Lo que suma arriba aquí pasa restando. Lo que es ∞ - ∞ = 1 positivo, se convierte en negativo.)
Tenemos la misma operación básica (∞-∞) con diferente resultado en términos relativos (+1 y -1). ¿Qué quiere decir esto? Lo inabarcable, lo infinito, en su autonegación, desde el “sacrificio” de su expansión ha generado la polaridad de los seres. El número 1 (en términos absolutos) ve nacer en sí mismo el principio que todo es doble y contiene lo positivo y lo negativo. Los seres -siendo únicos en términos absolutos- portan la dualidad, lo que se contrae y se expande. Es el latir de la vida, del propio corazón. Es la ecuación de la generación, de la armonía de la unidad o T´ai Chi.
Hemos intentado representar lo íntegro y, por tanto, nos situaríamos ante la innegable presencia de nuestra esencia más allá de lo que vemos. Nuestro yo verdadero unificando pensamiento (contracción) y acción (expansión), armonizando el ritmo de sístole y diástole. Quietud y movimiento, masculino y femenino, luminoso y oscuro forman parte de la misma y ÚNICA NATURALEZA DEL SER que conceptuamos como │1│, y éste puede ser cualquier valor para cualquier número Ν.
Pero, ciertamente, parecería razonable vincular dicho valor Ν –en su generación desde el infinito- a lo ETERNO. La autonegación de infinito (∞- ∞) debe tener, asimismo, su opuesto en la autoafirmación (∞+ ∞) por el principio de la polaridad. Siendo la autonegación del infinito la generación, el opuesto complementario ha de ser lo que lo sustenta en el “tiempo”. O sea lo ETERNO, trascendiendo la etiqueta adquirida de espacio y tiempo relativo. Ahora, bien, la cuestión sería ¿es la autoafirmación del Ser en lo Infinito equivalente a lo eterno y, por tanto, a la ecuación de la eternidad o de lo eterno infinito? Mi pregunta es también ¿Qué razón o razones hay para que la autoafirmación del infinito no fuera equivalente al principio eterno? Si hubiera que adoptar un pronunciamiento acerca de la ecuación de la eternidad la expresaría así: (∞+ ∞) = ε. El movimiento expansivo, autoafirmativo, perenne, más allá del día y la noche, de la configuración de las estaciones, más allá de lo que ha sido, es y será.
Independientemente a la cuestión planteada, vuelvo a dirigir la mirada hacia la tríada inicial o creadora aludida anteriormente -(∞, 0, 1)- cuyos elementos mantienen ese vínculo estrecho en el que se dan sentido mediante una conexión permanente que trasciende lo puramente formal. Y lo que perdura en el “tiempo” es igual a lo que es inabarcable en el espacio y creador de todas las cosas. Es el estado de lo perseverante en su equivalencia al mundo humano y de ahí esta cualidad para el logro. Si lo que es generador de la naturaleza es la autonegación de lo infinito (∞- ∞) su complemento es el “tiempo” que persiste, la acción que no cesa y es expansiva, que se significaría como (∞+ ∞) para cuyo resultado le vamos a indicar que es lo eterno expresado con la letra griega epsilon ε, y mencionado líneas más arriba. Es una acción trascendente al propio espacio y tiempo porque éstos son meras conjeturas de la mente humana, son barreras impuestas para definir lo indefinible.
Así (∞+ ∞) = ε, y (∞- ∞) = Κ que sería lo Creado cuya representación absoluta es │1│. “Espacio y tiempo” son dos conceptos encontrados en aquello que lo Inabarcable establece consigo mismo, lo que no tiene medida alguna, lo que deviene de siempre y camina sin fin. Lo que NO ES genera lo que ES, ESTÁ y EXISTE. Pero ese orden universal establecido entre lo que se funde en el espacio y tiempo como UNO y TODO desde SIEMPRE tiene una secuencia. Lo Eterno preside el esquema universal que se conjunta en el Infinito, surgiendo del Vacío, conteniendo lo Abstracto quien originará lo Concreto en transiciones eternas de Caos-Orden-Caos, lo que el I Ching denomina Wei Chi o Antes de la consumación en el signo 64.
MOVIMIENTO CÍCLICO
Este diagrama cíclico puede darnos idea de cómo nos relacionamos con TODO, con lo Creativo, en un movimiento sin fin. Es un sencillo esquema que espero atrape el espíritu y el logos del lector.

(Imagen 18)
Razones equivalentes: Las definimos cuando existen dos fracciones o partes cuyo valor final
es el mismo aunque su representación difiera, y que al efectuar su equivalencia el producto
de los medios es igual al producto de los extremos. O sea:
2/ 3= 4 / 6. Dos tercios es igual a cuatro sextos: Su valor es 0,666…., en ambos casos. Los extremos 2 y 6 al multiplicarse su valor, (12), es igual al de los medios 3 por 4. (2 X6 = 3X4).
En el terreno humano la traslación sería al de las relaciones transversales entre personas. Es el sentido de la simetría, lo que es igual visto en razones diferentes. Las relaciones de los individuos en grupo indican que dos conforman la misma parte del total llamado tres, y que cuatro la parte sobre el total llamado seis y así sucesivamente siempre que se guarde esa proporción. Cantidades diferentes que expresan la misma cualidad, el mismo fondo. Objetivamente conforman la misma verdad. Así, pues, lo que representamos individual y colectivamente no se fundamenta en cuántos de forma aislada sino en cuántos respecto a otros cuántos, parte sobre todo y viceversa. Son los equilibrios dados a partir de una razón cualquiera que irán progresando por igual si quieren mantener las equivalencias posteriores. Pero esos equilibrios, ante todo, son de cohesión interna en un grupo. Son cuotas presenciales las que, por antonomasia, rigen en la vida pública: elecciones políticas, sindicales, representaciones en cualquier órgano de dirección…. En todas importa la cuota presencial, el equilibrio de fuerzas y cuanta más mejor. Por eso la aspiración siempre es llegar a la totalidad, es el súmmum en el poder, en el control. Llegar a la representación máxima en términos numéricos sería llegar al 1 porque indica la totalidad en una razón. Pero el concepto “uno” como totalidad no tiene la misma acepción si es participación de ella que si eso supone la anulación de los demás para erigirme en el único. Uno no significa necesariamente único.
Más arriba he expresado esto: “Razones equivalentes: Las definimos cuando existen dos fracciones o partes cuyo valor final es el mismo aunque su representación difiera, y que al efectuar su relación mutua el producto de los medios es igual al producto de los extremos.”
Esto es cierto pero la transversalidad entre los seres nos lleva más allá de lo ya visto en tanto que no es una cuestión de representación de las partes para indicar su proporcionalidad entre sí aunque el todo sea mayor o menor, como es el caso de 2/3 y 4/6. La cuestión es ahora arrancar de un todo segmentado en varios trozos y que la correspondencia entre ellos, mediante suma (adición) y división (partición), está marcada por la igualdad total. Un ejemplo:

Hemos trazado en la imagen una recta segmentada en tres partes proporcionales, que están representadas con sus respectivas razones que, asimismo, representan la igualdad entre ellas cuando las asociamos de dos con respecto a una tercera
Se trata de expresar la igualdad entre ellas cuando las asociamos de dos con respecto a una tercera.
La pregunta que uno se hace es ¿cuál es el valor de cada una de ellas? El valor de la primera expresión es igual al de la segunda y ésta a la tercera. La conclusión sería que a = b = c. Lo comprobamos: La recta (el todo) tiene un valor de 21. Cada parte tiene el mismo valor, por ser equivalente, lo que nos daría un valor 7. Si sumo dos rectas y divido entre la otra de igual naturaleza y cuantía el resultado es el que sigue (7+7): 7= 2. La suma de dos valores iguales con respecto al tercero (igual en número también) me da la razón de 2 a 1, esto es dos. Porque lo que estoy representando es el total fragmentado pero que no deja de ser total, ni que cada parte es igual a la otra. Así medimos, por ejemplo, cómo en unas dependencias de tres despachos hay capacidad total para 9 personas y cada dependencia para tres porque más no caben. Al no abarcar más en un lugar no puede haber de menos en otro. Cada cual en su lugar. De esta forma estructuramos, ordenamos, discernimos, establecemos la medida que es comparativa. Así si expreso el número total en capacidad mediante la igualdad fragmentada, la equivalencia es total. Pero tiene que haber una premisa obvia e indispensable: la igualdad.
Cada uno de nosotros somos pieza de un engranaje. Hasta aquí correcto. Somos fragmentos de la Gran Totalidad o Unidad. Si negamos la igualdad indispensable en la relación que se establecen entre los seres estamos negando la esencia. Aceptamos la división pero no la suma. Lo primero aleja, lo segundo acerca. Y si me lo permiten creo que esto merece una reflexión serena y tranquila, alejada de maximalismos.
Para que un conjunto sea ordenado, estructurado y armonioso, todos los fragmentos surgidos de la unidad son de un valor incalculable. Una parte tiene sentido por el todo, pero – a su vez- éste va configurando su sentido desde la equivalencia, del trato igual, de la relación entre las partes.
Cualquier razón de igualdad tiende a expresar esto mismo. Lo semejante, lo igual, lo símil. En esa concepción no cabe lo desigual y desproporcionado. Todo depende del concepto si es en término absoluto o relativo, si es referido a tal o cual circunstancia. De qué parte y todo hablamos. Cada cual habrá de escoger, entonces, qué tipo de relación quiere establecer consigo mismo y con respecto a los demás y cuál quiere que los otros establezcan con uno. Todo tiene que ver porque nada escapa al principio de causalidad y aquí, en resumen, el mensaje que traslado desde la perspectiva planteada en este capítulo es cuánto de estima, armonía y felicidad podemos transmitir mediante el lenguaje de número o, en su defecto, cuánto puede representar.



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