El grabado, el arte de la huella y de la repetición, ha sido desde sus orígenes una de las formas más poderosas de difusión de la imagen y del pensamiento. A medio camino entre la obra única y la reproducción múltiple, encierra una maravillosa paradoja: cada estampa es un original y, al mismo tiempo, forma parte de una serie que multiplica su presencia a voluntad de quienes la crean.
El grabado, el arte de la huella y de la repetición, ha sido desde sus orígenes una de las formas más poderosas de difusión de la imagen y del pensamiento. A medio camino entre la obra única y la reproducción múltiple, encierra una maravillosa paradoja: cada estampa es un original y, al mismo tiempo, forma parte de una serie que multiplica su presencia a voluntad de quienes la crean.
El grabado, el arte de la huella y de la repetición, ha sido desde sus orígenes una de las formas más poderosas de difusión de la imagen y del pensamiento. A medio camino entre la obra única y la reproducción múltiple, encierra una maravillosa paradoja: cada estampa es un original y, al mismo tiempo, forma parte de una serie que multiplica su presencia a voluntad de quienes la crean.
El grabado, el arte de la huella y de la repetición, ha sido desde sus orígenes una de las formas más poderosas de difusión de la imagen y del pensamiento. A medio camino entre la obra única y la reproducción múltiple, encierra una maravillosa paradoja: cada estampa es un original y, al mismo tiempo, forma parte de una serie que multiplica su presencia a voluntad de quienes la crean.
La vorágine peligrosa a la que nos empujan los medios de comunicación y las redes sociales, tiene una característica tenebrosa: el olvido impuesto sobre hechos trágicos o, peor todavía, la construcción de una ceguera colectiva que no permite conocer fragmentos de la realidad que laten en diferentes regiones del mundo.
Estimadxs lectores, antes de avanzar con este reportaje tienen que saber algo: son adquirentes de un derecho, el derecho a la desconexión digital. Esto implica que no están obligados a responder el mensaje del jefe a las nueve de la noche justo cuando terminás de bañar a tu bendición y tenés la cena a medio preparar; o el de la jefa, cuando te estás tomando una birra en un tercer tiempo con tus compañeros de equipo. “Después lo miro”, se dicen y guardan el teléfono, pero esa idea, ese mensaje, esa notificación queda dando vueltas en la cabeza...
Como quiera que la trama civil, de la que apenas se ha hablado, ha sido esencial para el triunfo del golpe de Estado, la continuidad en el análisis de esos nexos entre banca, empresa, terratenientes, industriales e iglesia es de obligado cumplimiento.