
Quien trabaja en comunicación política desde posiciones progresistas, y ha construido su oficio sobre la persuasión honesta, la movilización y el trabajo de calle, debe asumirlo con claridad: el campo de juego ha cambiado, y las reglas que lo ordenaban no han cambiado con él. Nadie debería ir a las urnas sin conocer al menos algunos hechos que van a producirse durante toda la campaña.








