Juventud, precarización y el deseo cancelado - Una realidad argentina

Una piba revisa su celular en la parada de colectivos con la mochila térmica apoyada en la vereda. Espera la notificación que marcará el inicio de otra jornada de repartos. No sabe cuántos pedidos tendrá ni cuánto ganará, tampoco cuántas horas le costará juntar el dinero mínimo para pagar el alquiler.
Mundo06 de enero de 2026 Ornitorrinco - Camila Mitre
Captura de pantalla 2025-12-26 073509

Una piba revisa su celular en la parada de colectivos con la mochila térmica apoyada en la vereda. Espera la notificación que marcará el inicio de otra jornada de repartos. No sabe cuántos pedidos tendrá ni cuánto ganará, tampoco cuántas horas le costará juntar el dinero mínimo para pagar el alquiler. No hay sueldo fijo, solo ingresos variables, pagos fraccionados y un algoritmo que define en qué orden trabajar y cuánto vale su tiempo. Si se desconecta, desaparece. Si protesta, la reemplazan. Esa escena, repetida en miles de esquinas, no es un accidente sino el modelo ideal de un capitalismo que necesita trabajadores aislados, siempre disponibles y fácilmente descartables.

Según el Indec, durante el primer trimestre de 2025 la desocupación alcanzó el 7,9% de la población económicamente activa, casi un millón y medio de personas sin empleo. La informalidad afectó a más del 42% de los trabajadores y el 36,3% no tuvo aportes jubilatorios. Mujeres y jóvenes concentran los trabajos más inestables y peor pagos. Estas cifras describen una estructura social que rompe la posibilidad de planificar el futuro y reduce la vida a la supervivencia cotidiana.

En medio de este panorama, el capitalismo ofrece como coartada moral la idea de la vocación de servicio. No basta con trabajar, hay que amar el trabajo. No alcanza con cumplir, hay que entregarse con entusiasmo y agradecer lo que apenas permite sobrevivir. Durante la pandemia, esa narrativa se mostró en una de sus formas más crudas. Médicos, docentes, trabajadores de limpieza y repartidores fueron llamados “esenciales”, exaltados públicamente, pero sin salarios adecuados ni recursos para protegerse. Lo esencial era su sacrificio, no su bienestar. El mensaje era claro: si alguien se agotaba, era porque le faltaba vocación. Si protestaba, era porque no entendía la magnitud de su misión.

Captura de pantalla 2025-12-26 073823

La idea de vocación como virtud individual cumple la función ideológica precisa de culpabilizar a quienes no logran sostener el ritmo. Si no se progresa, es porque falta pasión. Si se experimenta agotamiento, es porque no se puso suficiente de uno mismo. Así, la precariedad deja de ser un problema colectivo y se transforma en una falla personal. Es la lógica perfecta para un sistema que necesita autoexplotación sin límites.

El impacto emocional de este modelo queda reflejado en cifras recientes. Según un estudio de Bumeran 2024, el 91% de las personas trabajadoras en Argentina afirma estar quemada o presenta síntomas del síndrome de burnout, una cifra que, aunque disminuyó levemente respecto al 94% de 2023, sigue siendo alarmante y la más alta de la región. Además, el 77% reporta haber sentido estrés durante el año y casi la mitad dice sentirse “quemado” o al borde del burnout, siendo los jóvenes menores de 30 años uno de los grupos con mayor afectación (61%).

David Graeber dedicó gran parte de su obra a desmontar estas ficciones. En Bullshit Jobs, explicó cómo el capitalismo no solo genera pobreza y desempleo, sino también trabajos vacíos, roles creados para simular productividad y reforzar jerarquías. Gerentes intermedios, burócratas corporativos, asesores y consultores forman parte de este engranaje que no produce nada necesario, pero resulta indispensable para sostener la ilusión de orden y la desigualdad existente. Mientras millones de personas sostienen la vida en tareas esenciales, otros ocupan puestos diseñados para vigilar y administrar. 

Captura de pantalla 2025-12-26 073915

Graeber insistía en que la clave para entender el capitalismo contemporáneo no está solo en la producción, sino en la violencia burocrática que organiza la vida social. En su libro En deuda: una historia alternativa de la economía, mostró cómo las reglas y trámites que parecen neutros están profundamente atravesados por la coerción. En el mundo antiguo, la violencia era explícita: látigos, castigos, cuerpos encadenados. Hoy se expresa en algoritmos, formularios, métricas y contratos que parecen racionales, pero determinan quién tiene acceso a recursos y quién queda fuera. El trabajador ya no necesita un capataz que lo vigile 24/7, el sistema lo controla a través de procesos administrativos que, bajo la apariencia de neutralidad, legitiman la exclusión.

Esa violencia burocrática es visible en las plataformas digitales. Un repartidor que protesta contra la empresa no enfrenta a una persona, sino a una aplicación. Si su rendimiento baja, desaparece de la grilla. Si reclama, otro ocupa su lugar. No hay rostro que interpelar, solo un mecanismo abstracto que lo clasifica y lo sustituye. En estas formas modernas de control se instala la actualización de una lógica milenaria, un orden social que naturaliza la dominación bajo la máscara de la eficiencia.

Nika Dubrovsky, artista y directora del Instituto David Graeber, en entrevista con Ornitorrinco, lo explicó así: “Si quienes limpian calles, cuidan ancianos o enseñan a los niños desaparecieran, la sociedad colapsaría. Pero si desaparecieran los gerentes de marketing o los consultores financieros, no pasaría nada. David quería cambiar el sentido común, revalorizar el cuidado como algo central y mostrar que estos trabajos invisibles sostienen la vida de todos”.

Graeber llamaba a esto la revolución de la clase cuidadora. No se trata solo de mejorar salarios, sino de cuestionar qué tipo de trabajo se considera valioso. Tanto el capitalismo como el socialismo tradicional han marginado las tareas de cuidado, relegándolas a la esfera privada y naturalizándolas como sacrificio femenino o vocación personal. Dubrovsky lo describe con claridad: “El giro central en la obra de David consiste en alejarse de la retórica marxista tradicional, cooptada por la política partidaria, hacia una discusión más amplia sobre la reproducción de la vida. Él buscaba abrir espacios para la imaginación colectiva, porque las revoluciones no ocurren solo cuando cambian las políticas, sino cuando cambian las ideas de lo que consideramos sentido común”.

Ese sentido común está hoy en crisis. Según la OIT, el 58% de los jóvenes latinoamericanos cree que su empleo actual no tiene futuro y más del 60% reporta síntomas de ansiedad vinculados al trabajo. En Argentina, el 45% de los menores de 30 años trabaja en la informalidad y la subocupación llega al 13%. Otro estudio del CIAS muestra que el 66% de los jóvenes no cree que mejorará su situación socioeconómica en la próxima década y casi la mitad dice no tener un proyecto de vida definido. Se trata de una falta de condiciones objetivas para desear algo distinto.

Graeber vinculaba esta sensación con el concepto de deuda. No solo la deuda financiera, sino la deuda moral que estructura las relaciones sociales. El capitalismo construye sujetos que siempre deben algo, ya sea tiempo, gratitud, esfuerzo. Los trabajadores precarizados cargan con una doble deuda. Por un lado, la material, que se paga con horas interminables y salarios miserables. Por otro, la simbólica, que exige vocación, resiliencia y disposición permanente. Esta deuda nunca se salda porque el sistema necesita que los trabajadores se sientan en falta. Así, la explotación se reproduce como obligación moral.

La juventud argentina vive atrapada en esa doble cadena. Sin acceso a empleos estables, su vida queda definida por trabajos fragmentados, contratos temporales y la promesa constante de que “algo mejor vendrá” si se esfuerzan lo suficiente. La cancelación del deseo opera como estrategia política. Cuando no hay horizonte colectivo, solo queda sobrevivir en el presente. El miedo reemplaza a la organización, la competencia reemplaza a la solidaridad. La autoexplotación se convierte en virtud.
Dubrovsky lo vincula directamente con estas nuevas formas de precarización: “Los trabajadores informales, como repartidores y trabajadores del cuidado, encarnan una clase que queda fuera de las estructuras sindicales tradicionales. Esta exclusión se ve agravada por políticas neoliberales que fragmentan el trabajo e impiden la organización colectiva”.

El ejemplo de las plataformas digitales es extremo, pero la lógica se repite en call centers, hospitales públicos,  cadenas de comida rápida y todo tipo de trabajos. Trabajadores aislados, controlados por métricas, culpables si fallan y fácilmente reemplazables. La vocación funciona como pegamento emocional. No hay derechos, pero hay slogans. No hay salarios dignos, pero hay discursos motivacionales. El resultado es un sujeto laboral que se exige producir más, no por miedo al despido, sino por temor a no ser suficiente.

Graeber sostenía que las revoluciones comienzan cuando cambia el lenguaje político, cuando las palabras dejan de encubrir la violencia estructural. Occupy Wall Street, en 2011, fue un ejemplo de esa transformación. No modificó de inmediato la correlación de fuerzas, pero instaló en la agenda pública temas como la deuda y la desigualdad. Dubrovsky lo recuerda con nitidez: “Después de Occupy, las discusiones políticas dominantes comenzaron a incluir estos temas, alterando el lenguaje político. Esa es la verdadera victoria: cuando lo que parecía imposible se vuelve parte del sentido común”.

El desafío actual consiste en disputar el sentido común sobre el trabajo. La narrativa neoliberal dice que el empleo es una virtud individual, que la vocación justifica cualquier sacrificio y que la precariedad es una falla personal. Frente a eso, Graeber propone otra mirada. El trabajo no es un valor en sí mismo, sino una construcción social que puede y debe transformarse. El empleo sin derechos precariza. La vocación sin condiciones explota emocionalmente. La imaginación política no puede limitarse a gestionar la miseria: debe abrir preguntas sobre qué actividades merecen estar en el centro de la vida y cómo organizarlas.

Captura de pantalla 2025-12-26 074132

El capitalismo necesita que las personas crean que no hay alternativa, que solo queda adaptarse, sonreír y agradecer. Por eso, la crítica no puede reducirse a cifras y diagnósticos. Debe apuntar a las narrativas que enseñan a agradecer la precariedad como si fuera una oportunidad. Recuperar el deseo no es un lujo individual, sino un acto político. Es la posibilidad de imaginar un mundo donde el trabajo se organice en función de la vida y no de la renta capitalista.

ornitorrinco

Captura de pantalla 2025-12-26 074348

Últimas noticias
Captura de pantalla 2026-07-17 100937

Volver al fracaso: el déjá vu neoliberal en Argentina y la región

Pressenza
Opinión02 de agosto de 2026
Cuando un modelo económico ha demostrado durante décadas su incapacidad para generar bienestar, crecimiento sostenido y justicia social, y sin embargo vuelve a ser implantado con entusiasmo por gobiernos que se suceden en el poder, estamos ante la obligación de desenmascarar sus falsedades.
Por Jorge Nuñez Arzuaga.
Te puede interesar
Captura de pantalla 2026-07-17 095947

¿Qué haremos cuando una parte del mundo allá afuera se vuelva inhabitable?

Pressenza
Mundo01 de agosto de 2026
El entrenamiento de The Climate Reality Project (Santiago, 9-11 de julio) fue fértil en datos científicos y técnicos poco conocidos sobre los efectos de la crisis climática.   O, mejor dicho, no tan difundidos, como se esperaría por su relevancia para la vida de miles de millones de personas.
Por Patricio Segura Ortiz, Periodista
Captura de pantalla 2026-07-24 085553

Los productos de alta tecnología impulsan el comercio mundial

IPS Inter Press Service
Mundo31 de julio de 2026
 Los productos relacionados con la inteligencia artificial y los vehículos eléctricos impulsaron el crecimiento del comercio de bienes durante el primer semestre de 2026, en medio de las tensiones geopolíticas y la incertidumbre, reveló este miércoles 22 un reporte de la ONU Comercio y Desarrollo (Unctad).
Captura de pantalla 2026-07-13 102919

El engaño de los créditos de carbono: Un nuevo peligro para el campo en Asia

GRAIN
Mundo31 de julio de 2026
Las tierras de cultivo de Asia se están convirtiendo en el principal objetivo de los proyectos de créditos de carbono. En la región ya se produce más de la mitad de los créditos de carbono a nivel global. Para 2030, se espera que los países de Asia generen anualmente créditos de carbono por un valor cercano a los 10 mil millones de dólares.
Captura de pantalla 2026-07-17 090327

Armas autónomas: la tendencia del futuro en los conflictos militares a nivel mundial

IPS Inter Press Service
Mundo30 de julio de 2026
NACIONES UNIDAS – Mientras la comunidad internacional sigue sopesando los aspectos positivos, negativos y letales de la inteligencia artificial (IA), que se está extendiendo por doquier sin que, aparentemente, existan medidas de control, las Naciones Unidas comienzan a analizar más detenidamente su impacto, tanto positivo como negativo.
Por Thalif Deen
Captura de pantalla 2026-07-13 103618

¿Otra crisis alimentaria? Sí, pero esta vez es diferente

GRAIN
Mundo30 de julio de 2026
Hace veinte años, el mundo estuvo inmerso en una crisis por los precios del petróleo. Conforme aumentaba el costo del combustible, también lo hacía el de la producción y distribución de alimentos. Esto sentó las bases para una crisis mundial en los precios de los alimentos que trastocó la vida de cientos de millones de personas1.
Captura de pantalla 2026-07-16 105740

Venezuela bajo asedio

Surcos
Mundo29 de julio de 2026
Comprender la realidad venezolana exige mirar más allá de las decisiones del gobierno y situarlas en el contexto de una profunda pérdida de soberanía.
Por Álvaro Fernández González
Lo más visto
Captura de pantalla 2025-12-26 082017

La sombra de ISIS todavía acecha al mundo

Ornitorrinco - Leandro Albani
Una mirada atras... Hemeroteca El Sol Noticias01 de agosto de 2026
La vorágine peligrosa a la que nos empujan los medios de comunicación y las redes sociales, tiene una característica tenebrosa: el olvido impuesto sobre hechos trágicos o, peor todavía, la construcción de una ceguera colectiva que no permite conocer fragmentos de la realidad que laten en diferentes regiones del mundo.
Captura de pantalla 2025-12-26 093707

¡Cortenlá! Tengo derecho a la desconexión digital - ... una visión desde la Argentina

Ornitorrinco - Gerardo Abraham
Una mirada atras... Hemeroteca El Sol Noticias01 de agosto de 2026
Estimadxs lectores, antes de avanzar con este reportaje tienen que saber algo: son adquirentes de un derecho, el derecho a la desconexión digital. Esto implica que no están obligados a responder el mensaje del jefe a las nueve de la noche justo cuando terminás de bañar a tu bendición y tenés la cena a medio preparar; o el de la jefa, cuando te estás tomando una birra en un tercer tiempo con tus compañeros de equipo. “Después lo miro”, se dicen y guardan el teléfono, pero esa idea, ese mensaje, esa notificación queda dando vueltas en la cabeza...
Captura de pantalla 2026-06-29 093846

Fascismo

Eduardo Montagut
Erase una vez...26 de julio de 2026
Las ideologías de la época contemporánea, tanto el liberalismo como el socialismo, se construyeron sobre supuestos racionales; la democracia supondría el triunfo de todo este legado.
Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email