
El Estado: conservadurismo versus liberalismo en los inicios del siglo XIX

Imagen: Por liberal, dibujo de Francisco de Goya (de fecha incierta, entre 1803 y 1824). wikipedia
El liberalismo planteó un nuevo modelo político y social alternativo al del Antiguo Régimen. El liberalismo basaba su modelo en el pacto, en el contrato entre hombres libres que constituían un Estado que debía reconocer y garantizar un conjunto de derechos. Sería un Estado que nacería del ejercicio de la voluntad de los ciudadanos, que son el origen de la soberanía.
Pero el inicio del pensamiento conservador, muy vinculado a gran parte del romanticismo, contrapuso el contrato y la voluntad a la historia. La sociedad era un producto que se habría ido formando por una continuidad histórica en una nación determinada con un territorio específico, con acumulación de tradiciones y costumbres, determinada religión y hasta con su propia raza. Esta concepción informaría un determinado nacionalismo, el esencialista, tan propio del universo alemán. Para esta concepción el individuo se subordinaba a la comunidad histórica, no era el protagonista según establecía el liberalismo. Esa comunidad estaría por encima de los ejercicios de voluntad que serían las constituciones. No se podría alterar esa continuidad histórica porque en un momento determinado en una asamblea representativa se pudiese establecer un sistema político a través de la elaboración y aprobación de una constitución.
Si el Estado es el resultado de la voluntad de sus integrantes según el liberalismo, en el planteamiento romántico y conservador el Estado, en cambio, vendría a ser como una especie de organismo vivo, y que evolucionaría como lo hacen los seres vivos. El Estado no es un ente artificial creado por los hombres con un pacto o contrato, sino que sería un ente superior existente desde el pasado inmemorial y en el que los individuos se encontrarían subordinados a través de una jerarquía social bien determinada.


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