
La apuesta por la escuela privada frente a la pública antes de la República

Imagen: Aaron Burden - unsplash
Para Martínez en España se vivía una “lucha sorda, enconada”, emprendida por ciertos elementos contra la escuela nacional. Había sectores que querían monopolizar la enseñanza en todos sus grados y que casi de hecho la monopolizaban.
Esos elementos eran los “clericales”, que disponían de ayudas ilimitadas de las clases ricas, por la que no era posible pensar, mientras no se hiciese una radical transformación de la vida española que la escuela nacional gozase de la libertad y dispusiese de los medios necesarios para democratizar la enseñanza.
Se podía hablar de la escuela única, de la escuela democrática, de la escuela para todos, pero era perder el tiempo dadas las tradicionales raigambres en el pensar y obrar de una inmensa mayoría, y la escuela nacional seguiría siendo la escuela del pobre. Esta afirmación de Martínez no deja de llamarnos la atención sobre el peso de la Iglesia en la mentalidad social española.
En fin, había una escuela pública sin recursos, que se desenvolvía con gran penuria y escasez de medios pedagógicos, mientras que los centros de enseñanza privados católicos contaban con grandes medios. Y esto seguiría así hasta que no se hiciera una gran cruzada en pro de la escuela nacional y se democratizase verdaderamente la vida española.
En muchos lugares de España faltaban escuelas, y eso ocurría, según Martínez, porque a la escuela privada no le convenía que hubiera más escuelas, aludiendo al apoyo de algunos miembros de la Administración, tanto estatal como en los ámbitos regionales y locales, en estrecha unión con el caciquismo, hacia la enseñanza privada. La escuela nacional tenía que hasta mendigar a los alcaldes para poder existir en el día a día.
Así pues, Martínez defendía la tesis de la existencia de un claro apoyo que se brindaba a la escuela privada católica por parte de los poderosos, de la Administración, y por haber inculcado sus valores en la sociedad española. Estamos hablando de la primavera de 1930, un año antes del cambio, y no de la actualidad tampoco.
El artículo se publicó en el número 6658 de El Socialista del 11 de junio de 1930.


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