
Crisis industriales y ciclos económicos

Máquina de vapor de Watt, procedente de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, expuesta en el vestíbulo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid. Una máquina de vapor de tipo Watt, construida por la compañía D. Napier & Son (Londres) en 1832. Accionó las prensas de acuñación de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España desde 1861 hasta 1891. En 1914 fue donada a la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid (parte de la UPM) e instalada en su vestíbulo. Nicolás Pérez - CC BY-SA 3.0 Wikipedia
Con la llegada de la Revolución Industrial y el capitalismo cambiaron las crisis económicas, antes de subsistencia, porque pasarían a ser de superproducción industrial. Las industrias producían más productos que podía absorber el mercado. La generación de stocks creaba muchos problemas a las empresas, los precios bajaban, descendían los beneficios, se producían cierres de fábricas y quiebras bancarias y, al final, aumentaba el paro. En todo caso, no fue infrecuente que durante el siglo XIX, como pasó en España, se mezclasen crisis de subsistencias con éstas más modernas, ya que al darse una Revolución Industrial incompleta no se produjo un cambio completo de una economía agraria a otra industrial.
La nueva economía capitalista estaría sometida a ciclos, alternándose períodos de expansión de la producción con otras etapas de depresión y crisis. A medida que el capitalismo se fue asentando y extendiéndose durante el siglo XIX, esos ciclos se hicieron más grandes. La mundialización de la economía, fruto de la Segunda Revolución Industrial, generó etapas insospechadas, hasta el momento, de crecimiento, pero también de crisis de gran magnitud. La primera gran depresión de la nueva época estalló en 1873 y no se superó hasta mediados de la década de los noventa del siglo XIX. Esta depresión fue muy intensa y ha quedado oscurecida por el crack del 29, pero es fundamental conocerla para entender los cambios en el capitalismo hacia un mayor proteccionismo, la generación de concentraciones y monopolios industriales y comerciales, y el fomento del imperialismo, todo con vistas a reducir costes y preservar o aumentar beneficios, sin olvidar el desarrollo de la tecnificación y de la división científica del trabajo a través del taylorismo y el fordismo, y la generación de nuevas formas de comercializar la producción.
Los economistas intentaron medir y estudiar los ritmos cíclicos. Podemos comenzar con el economista francés Juglar, que midió unos períodos de ocho años, denominados ciclos medios o ciclos Juglar. Kitchin, por su parte, trató de ciclos menores, de tres y medio años. Por fin, Kondratieff habló más de grandes oleadas de medio siglo que comprenderían una etapa alta y otra de baja. Serían ciclos largos. Schumpeter, basándose en Kondratieff, dividió la nueva era del capitalismo en distintas fases: la Primera Revolución Industrial, entre 1789 y 1848, seguida por una etapa caracterizada por la expansión del ferrocarril y de la industria siderúrgica, entre 1848 y 1896; y la tercera, protagonizada por el automóvil, la electricidad y la industria química, a partir de la última fecha señalada.


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