
Sobre el materialismo histórico

Imagen: Friedrich Engels y Karl Marx.
El materialismo histórico planteaba el estudio de la historia de la burguesía desde su surgimiento en la Edad Media cuando nacieron los distintos tipos de producción artesanal y manufacturera, consiguiendo, precisamente, esa burguesía poder ser compatible con el feudalismo. Después la Reforma, y especialmente con el calvinismo y su teoría de la predestinación demostraría que la actividad económica no dependía de la aptitud del individuo, ni del éxito ni del fracaso sino de las circunstancias independientes del mismo. La burguesía comenzó a ser la clase dominante en las denominadas revoluciones liberales-burguesas, además de emprenderse la revolución industrial.
Pero en la subida al poder de la burguesía apareció un rival de la misma, la clase obrera que comenzó a plantear evidentes exigencias, como lo demostraría ya el cartismo y el carácter social que adquirió la Revolución de 1848. La burguesía reaccionaría con el fin de contener al proletariado a través del regreso a la moral, la religión y la tradición, es decir, con elementos que ella había combatido en las revoluciones liberales.
La principal tesis del marxismo afirma que existe una relación dialéctica, o de tensión entre la base económica (infraestructura) y la ideología y la política (superestructura). La economía es el fundamento de la historia. Cada sociedad se montaría sobre las relaciones de producción. Un cambio en la economía provocaría la aparición de otra superestructura, es decir un cambio de ideas, de mentalidades, de estado, etc.. Además, la relación sería mutua, es decir, que, a su vez, la superestructura actuaría sobre la infraestructura o economía, pero el papel predominante y clave sería el de ésta.
El socialismo sería por su contenido fruto de tres elementos. Por un lado, surgiría de la inteligencia, pero, sobre todo, los antagonismos de clase que se generarían ente los burgueses capitalistas y los obreros asalariados, es decir, entre los poseedores y los desposeídos. La burguesía en sus luchas contra la nobleza para hacerse con el poder buscó el concurso de las clases trabajadoras apropiándose el derecho a representar sus intereses. Pero después llegaría el socialismo utópico con tres protagonistas, Saint-Simon, Fourier y Owen. Pero Marx y Engels eran claramente contrarios a estos pensadores porque consideraban que para estos autores el socialismo era la expresión de la verdad absoluta, de la razón y de la justicia, y que bastaba con descubrirlo para que con voluntad se conquistase el mundo, pero el problema era que esa verdad absoluta, esa razón y la justicia variaban en cada pensador. Así se trataría de un socialismo mediocre y ecléctico. El socialismo debía convertirse en una ciencia que analizase la realidad.


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