
SOCIALDEMOCRACIA, GESTORA DEL CAPITAL (3)

En las dos entregas anteriores hemos asistido al nacimiento de la socialdemocracia en paralelo al de la I Internacional pero, también, a su defunción que dio paso a la Segunda Internacional que, a su vez, da origen a la I Internacional comunista. Pero antes de irnos adentrando en ello es conveniente analizar qué consecuencias tuvo para el movimiento obrero revolucionario el surgimiento de la socialdemocracia y su papel de muro de contención en el mismo, que de alguna forma expreso en este cuadro
Consecuencias para el movimiento obrero

En síntesis, la socialdemocracia funciona como una respuesta institucional que, mientras alivia ciertas formas de explotación mediante reformas, también tiende a reducir la presión para una emancipación autónoma y estructural del proletariado. Esa dualidad es la razón por la que muchos críticos (además de yo mismo sin ser un académico reconocido) la ven como una “operación” para desarmar el potencial revolucionario del movimiento obrero. Esto podemos observarlo en lo cotidiano en aquellos países donde gobiernan partidos o coaliciones que se dicen “progresistas”, que se presentan de esta forma porque definirse de izquierdas tal cual, desde el punto de vista filosófico, no pueden hacerlo a boca llena porque los hechos en lo concreto no los acompañan. Habrá tiempo más adelante para analizar algunos ejemplos actuales de partidos que se definen socialistas o socialdemócratas. La socialdemocracia puede ser una compañera temporal de viaje en una relación en la que sabemos que va a practicar lo que llaman geometría variable, a derecha e izquierda porque su posición la considera central sobre la que se debe girar y que de descuidarte te dejarán en la cuneta. De esta forma el movimiento obrero revolucionario pudo ir comprobando cómo sus ansias de autonomía como clase se les escapaba de las manos, sus anhelos de transformación profunda en un sistema donde todo el poder estaba (y está) en manos del capital y, en consecuencia, de las leyes que consagran al mercado como mecanismo autorregulador de las relaciones de producción y consumo.
En el siguiente esquema muestro los principales partidos socialdemócratas surgidos entre mitad del S. XIX y los inicios del S. XX
Principales partidos social‑demócratas europeos (fundación ≈ 1850‑1915)



Así, pues, podemos decir que los partidos socialdemócratas han sido la consecuencia ideológica del revisionismo marxista o del abandono de los postulados marxistas. Ninguno busca la transformación profunda de las estructuras de poder en sus distintos frentes con lo que cualquier crisis sobrevenida en el modo de producción capitalista la socialdemocracia también va a exigir que la gente de abajo se apriete el cinturón ya que lo esencial del sistema no está cuestionado ni se va a y tocar. Esto lo entendieron bien en el S. XIX Marx y Engels, cuya influencia intelectual era indudable siendo un ejemplo de ello la publicación del folleto de 23 páginas titulado El Manifiesto del Partido Comunista (o Manifiesto Comunista) redactado entre 1847 y 1848 y que cualquiera que se diga de izquierdas debiera haberlo leído, al menos, una vez en su vida. Cuando aparece publicado el folleto en Londres, aún quedaban 71 años para que la I Internacional Comunista (conocida también como III Internacional) viese la luz si bien los cimientos previos se fueron levantando durante la Segunda Internacional en 1889 siendo disuelta o considerándose extinguida en 1919, cuya causa determinante fue el apoyo de los socialdemócratas a lo que llamaban “posición defensiva” en el conflicto bélico de la I GM apoyando a sus gobiernos, en contraposición a la actitud antibelicista de Lenin como máximo exponente antiimperialista de lo que suponía dicha guerra. Definitivamente, los socialdemócratas habían sentado las bases de su propio devenir histórico en relación con los conflictos armados que se han ido materializando desde la I GM.
Causas de la aparición de la Segunda Internacional (1889)

Evolución de la Segunda Internacional (1889-1914)
1. Fundación y primeros años (1889-1895)
Congreso fundacional en París (5-9 de julio de 1889). Participaron 20 partidos socialistas de 13 países.
Objetivo principal: coordinación de acciones parlamentarias, emisión de un programa comunista internacional y apoyo a la lucha obrera en cada país.
Se estableció el Secretariado en Bruselas bajo la presidencia de Jules Guesde y luego de Émile Vandervelde.
2. Consolidación institucional (1895-1905)
Congresos anuales en diferentes capitales (Berlín 1891, Londres 1892, París 1893, etc.).
Creación de la Comisión de la Juventud Socialista y del Secretario General permanente (Georgi Plekhanov, 1905).
Aprobación de los “Principios de La Haya” (1904) que definían la lucha por la reforma política y la denuncia del militarismo.
3. Crisis internas y debates doctrinales (1905-1914)


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