
El planeta se encamina hacia nuevos récords de calor

El calentamiento planetario vivió su mayor año en 2024, con un récord de 1,55 grados centígrados por encima de los promedios de la era preindustrial, y esa marca podría ser superada en los próximos cinco años. La Organización Meteorológica Mundial señala que ese pronóstico no es una sentencia sino una brújula, y que todavía se está a tiempo para un cambio de rumbo. Imagen: Ishan / Unsplash
“Es probable que uno de los años comprendidos entre 2026 y 2030 desbanque a 2024 como el año más cálido jamás registrado (86 % de probabilidad)”, señala el boetín de la organización con sede en esta ciudad suiza.
El informe, elaborado con datos de 13 centros científicos internacionales y 250 simulaciones climáticas, proyecta que la temperatura media global entre 2026 y 2030 se situará entre 1,3 y 1,9 grados centígrados (°C) grados centígrados por encima de los niveles del período preindustrial 1850-1900.
Hay 86 % de probabilidades de que se bata un récord anual de alza de temperatura, superando el máximo histórico registrado en 2024, que fue de 1,55 °C.
“Estas proyecciones no significan que hayamos fracasado en el Acuerdo de París. El umbral de 1,5 °C se refiere a promedios de 20 años, no a años individuales. Pero cada fracción de grado cuenta y los impactos se intensifican con cada incremento”, alerta el documento de la OMM.
En el Acuerdo de París de 2015, la inmensa mayoría de las naciones pactaron encarar el calentamiento global de modo que hacia el año 2050 la temperatura media del planeta no exceda de 1,5 °C sobre la de la era preindustrial, estimada alrededor de 13,7 °C, ni de dos grados al final de esta centuria.
El análisis de la OMM considera que aunque es “muy probable” superar temporalmente 1,5 °C, sigue siendo “excepcionalmente improbable” que la media de cinco años alcance los dos grados centígrados.
Según el informe, el calentamiento no será uniforme. El Ártico seguirá calentándose a más de 3,5 veces la velocidad global, con inviernos hasta 2,8 °C más cálidos que el promedio reciente.
Esto acelerará la pérdida de hielo marino en el mar de Barents y el mar de Bering, con consecuencias para ecosistemas y comunidades indígenas.
En cuanto a las lluvias, el patrón será desigual: se verán más húmedos el Sahel (la franja semiárida que cruza África de este a oeste inmediatamente al sur del Sahara), el norte de Europa, Alaska y Siberia, durante los meses de mayo a septiembre.
El sureste de Europa podría recuperar inviernos más lluviosos tras años de sequía.
En cambio, la Amazonia enfrentará condiciones más áridas, aumentando el riesgo de incendios y de estrés hídrico.
Es más probable que se desarrollen las condiciones que favorecen la aparición del fenómeno de El Niño durante este período, con mayor intensidad hacia 2027-2028.
El Niño es un fenómeno caracterizado por vientos cálidos sobre el oriente del océano Pacífico ecuatorial, que alteran los regímenes de lluvias y sequías en varias regiones.
Los modelos indican que hay 64 % de probabilidades de que las temperaturas en la zona clave del Pacífico se mantengan por encima del promedio, lo que puede desencadenar olas de calor, sequías e inundaciones en regiones tropicales.
A diferencia de las proyecciones a 30 o 50 años, este informe parte del estado actual del clima (temperatura de los océanos, hielo marino, etc.) y usa modelos avanzados para anticipar los próximos años con mayor precisión.
Esa fotografía más precisa de lo que podría ocurrir en un futuro cercano puede permitir a gobiernos y sectores clave (agricultura, gestión del agua, salud pública) anticiparse y adaptarse.
La OMM señala como ejemplos que los servicios hidrológicos pueden preparar reservas ante sequías previstas en la Amazonia, y las ciudades del norte de Europa pueden reforzar infraestructuras ante lluvias intensas.
El informe señala que, aunque las tendencias son preocupantes, aún hay margen para influir en el clima futuro, y afirma que “cada tonelada de dióxido de carbono (CO₂) evitada cuenta, y cada política de adaptación implementada salva vidas”.
“Estas predicciones no son una sentencia. Son una brújula. Nos muestran hacia dónde vamos si mantenemos el rumbo actual, pero también nos recuerdan que todavía podemos cambiar de dirección”, dicen finalmente los expertos de la OMM.


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