
Comprendiendo el tiempo sobre nuestras cabezas. Introducción a la meteorología: factores geográficos.

Imagen: NASA - unsplash
Los principales factores geográficos, incluyendo en este apartado los denominados por algunos autores astronómicos, que explican los climas españoles son:
1) La latitud, definida como la distancia angular que existe desde un punto de la superficie de la Tierra hasta el ecuador. Las líneas imaginarias que trazan círculos horizontales paralelos entre sí se denominan paralelos, siendo el ecuador el paralelo 0, el cual divide la Tierra en dos hemisferios, norte y sur. Los paralelos determinan la latitud a la que se encuentra un punto, es decir, su distancia al ecuador, expresada en grados, minutos y segundos de arco, estando comprendidos entre 0° y 90°, diferenciándose si es dirección norte o sur respecto al ecuador.
En líneas generales y siguiendo una sencilla clasificación, nuestro planeta posee cinco zonas térmicas, según su temperatura: una cálida en torno al ecuador, dos templadas, situadas al norte y sur de la franja cálida, y dos frías, coincidiendo con los polos. Dichas franjas térmicas son producto, principalmente, de la cantidad de energía calorífica o calor que incide sobre la superficie terrestre y, por tanto, la temperatura será mayor según nos acerquemos al ecuador.
Nuestra península se sitúa entre los paralelos 43° 47′ 23.6″ de latitud norte (Estaca de Bares, La Coruña) y 36° 0′ 0.33″ de latitud norte (punta de Tarifa, Cádiz). Estas latitudes nos sitúan en el hemisferio norte y en la zona térmica templada, la cual determina la existencia de dos estaciones marcadas (verano e invierno) y dos de transición (otoño y primavera). El archipiélago canario, ubicado entre las latitudes 29° 24′ 40″ N y 27° 38′ 16″ N, se encuentra más cercano al ecuador y por ello las temperaturas son más elevadas, siendo las diferencias estacionales menores.
2) La situación de la península ibérica, la cual se encuentra entre dos importantes masas de agua, el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, además de entre dos masas continentales, Europa y África. Esta particular ubicación entre masas oceánicas y continentales, además de ser el extremo occidental del continente europeo, hace que sea un punto de encuentro de masas de aire de diferentes características.
3) La influencia del mar, ya que las grandes masas de agua líquida, océanos y mares, poseen una función termorreguladora. El calor proporcionado por la radiación solar se acumula lentamente en ellas, ganando temperatura y perdiéndose lentamente. Como resultado de ello, en las zonas terrestres próximas al mar, este tiende a suavizar las temperaturas durante todo el año al calentarse y enfriarse más lentamente que la atmósfera.
Es interesante indicar la diferencia en la influencia marina entre el Atlántico y el Mediterráneo, ya que el primero es una gran masa oceánica y proporciona un mayor efecto termorregulador y, por tanto, encontramos temperaturas anuales más suaves. Respecto al Mediterráneo, al ser una masa de agua inferior, este efecto es menor, lo que provoca que las costas mediterráneas no tengan unas temperaturas tan constantes como las atlánticas.
Por último, hemos de recordar la importancia de las corrientes marinas en los diferentes tipos de climas, las cuales poseen una función de redistribución de las temperaturas a nivel mundial.
4) El relieve, importante factor que determina el clima, encontrando diversas particularidades en nuestro país:
a) La disposición periférica de los sistemas montañosos en la península, es decir, su ubicación cercana y paralela a las costas, que obstaculiza la penetración hacia el interior de la península de grandes masas de aire húmedas, produciéndose menores precipitaciones. Además, amortiguan la influencia marina, destacando el caso particular del valle del Guadalquivir.
b) La orientación oeste-este del relieve peninsular, la cual favorece la entrada de masas de aire marítimas procedentes del oeste, es decir, del océano Atlántico y, por tanto, húmedas, además de actuar como una barrera hacia el interior peninsular.
c) La altitud, debido a que las temperaturas disminuyen una media de 6° C cada 1000 metros de ascenso, denominándose gradiente térmico vertical, al tiempo que las precipitaciones aumentan por el enfriamiento del aire.
d) La orientación del terreno, ya que se producen importantes contrastes térmicos entre las zonas de solana y umbría, es decir, aquellas en las que incide en mayor o menor medida la radiación solar. La exposición a las masas de aire supone una diferencia de humedad y temperatura entre barlovento y sotavento. Recordemos que las laderas expuestas a las masas de aire son más húmedas, al producirse en ellas precipitaciones orográficas. En cambio, las laderas de sotavento son más secas y cálidas por el denominado efecto foehn. Recordemos que el efecto foehn se produce cuando una masa de aire cálida y húmeda se encuentra con un relieve montañoso, viéndose obligada a elevarse para poder superar el obstáculo. Al ascender, el vapor de agua se enfría y se condensa, dando lugar a precipitaciones en las laderas de barlovento. Son las denominadas precipitaciones orográficas. Posteriormente, la masa de aire seca llega a la vertiente de sotavento ya sin humedad, por lo que vuelve a calentarse y a descender, provocando que en esta ladera el tiempo sea seco y cálido.
Como se ha podido observar, los factores geográficos tienen una destacada importancia en la influencia climática, siendo el caso canario una particularidad por la especificidad de dichos factores. Como resultado de ello, en un próximo artículo, se tratará de forma individual.
José Ramón Colón Carvajal.

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