
Los argumentos para el voto público en la Historia contemporánea

Imagen Una persona votando. Fuete Wikipedia - CC BY 2.0
No pretendemos en este breve apunte explicar este proceso sino plantear los argumentos por los que se defendía que el voto fuera público. Algunos planteamientos pueden sorprendernos porque aportan explicaciones favorables para el desarrollo del debate político, para el ejercicio de los valores de la ciudadanía. Esta historia es, como veremos, muy británica, ya que allí las elecciones fueron antes que en otros lugares y tuvieron lugar durante todo el siglo XIX.
En primer lugar, existía un argumento no explícito para justificar que el voto fuera público y, precisamente, la crítica a esta idea terminaría convirtiéndose en el principal argumento para que fuera secreto. El voto abierto tradicional permitía a los poderosos mantener el control sobre los electores, especialmente en el ámbito rural donde los terratenientes eran los amos del sistema electoral. Si, poco a poco, además, se iba ampliando el derecho al voto, y capas cada vez mas populares de la población podían votar había que evitar los posibles peligros que se derivarían del secreto para quienes dominaban el sistema político.
Pero, había otros argumentos más explícitos. Se pensaba que el voto secreto podría impedir el ejercicio del mismo por parte de los analfabetos, teniendo en cuenta que esta era una realidad muy extendida. En todo caso, los analfabetos nunca pudieron ser elegidos en los sistemas electorales del siglo XIX.
Un tercer argumento, y que ya había surgido en el siglo anterior, es decir, en el siglo XVIII, en Gran Bretaña, donde, como vemos, estas cuestiones siempre generaron debate, afirmaba que las elecciones debían estar organizadas como un ejercicio que favoreciera el debate y la conciencia política entre los ciudadanos que disfrutaban del reconocimiento de este derecho. Este es el argumento que más nos puede llamar la atención. Es más, John Stuart Mill, uno de los principales reformadores liberales de toda la Historia, y no sólo de la británica, afirmaba que los votantes tenían la obligación de tomar en consideración el interés general, el de todos, y no las ventajas personales o particulares que pudieran obtenerse al votar en un sentido determinado. Si la votación era secreta se favorecía ese interés privado egoísta.
Hasta la introducción del voto secreto en el Reino Unido las elecciones fueran un ejercicio de debate público estimulante, en ocasiones todo un espectáculo, bulliciosas, y donde, también no dejaba de ser relativamente frecuente la generación de altercados con intervención de la fuerza pública. En una palabra, eran un verdadero acontecimiento social.
El cuarto argumento, muy británico también, tenía que ver con el hecho de el voto secreto se podía asociar a la subversión de tipo francés, ya que la Revolución introdujo la votación secreta en la década de 1790. El voto secreto era francés, continental, hasta con un cierto aire católico porque el catolicismo, según este argumento, se movía en el ámbito del secreto, en alusión, además a las históricas conspiraciones de signo católico en Gran Bretaña.
Bibliografía:
John Belchem y Richard Price (eds.), Diccionario Akal de Historia del siglo XIX, 2007.


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