
Práctica de la pesca artesanal en el Caribe costarricense - Sicultura

La pesca artesanal en el Caribe costarricense constituye una práctica cultural de larga trayectoria que se realiza en comunidades del cantón de Limón, el cantón de Siquirres y el distrito de Cahuita. Se caracteriza por su escala reducida y su estrecha relación con el entorno marino, desarrollándose principalmente en zonas costeras mediante el uso de embarcaciones pequeñas, como lanchas o pangas. Estas pueden ser impulsadas por remos o por motores de baja potencia, dependiendo de las posibilidades de cada persona pescadora.
En sus inicios, la pesca en el Caribe Sur estuvo orientada, en especial, al autoconsumo. Durante la década de 1970, los productos obtenidos se destinaban al consumo familiar o al intercambio comunitario. De acuerdo con las personas portadoras, a partir de la década de 1980, se observa una mayor inserción en circuitos comerciales, con la llegada de intermediarios que compraban pescado y langosta. Este proceso coincidió con transformaciones en las economías locales. Según recuerda José Ugalde, pescador de Puerto Viejo, la afectación de cultivos como el cacao y el coco, dos cultivos vitales de la economía local, debido, entre otros factores, a la monilia (Moniliophthora roreri) llevó a que muchas personas recurrieron a la pesca como alternativa de sustento: “la gente tuvo que buscar de qué vivir. Entonces la pesca tomó más fuerza” (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025).
Uno de sus rasgos definitorios es la escala reducida de operación. De acuerdo con los testimonios recopilados, se trata de una pesca “muy costera” y se hace con “embarcaciones muy pequeñas”, lo que la diferencia de otras pesquerías que se adentran largas distancias mar adentro “a kilómetros de kilómetros para pescar”. Por esta razón, las personas portadoras la reconocen como una práctica “completamente artesanal” (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025). Esta condición incide directamente en la organización del trabajo: las faenas se desarrollan en distancias cortas y dependen de una lectura constante de las condiciones del mar y del clima.
La pesca artesanal se configura como una práctica colectiva que articula dimensiones técnicas, sociales y territoriales, sostenida por redes familiares, equipos de trabajo de pequeña escala y acuerdos comunitarios sobre el uso del espacio marino. Más que una actividad individual, constituye una forma de vida en la que el mar se concibe simultáneamente como territorio compartido, fuente de sustento e identidad cultural.
Esta forma de pesca no solo implica técnicas específicas y una escala de operación limitada, sino que se encuentra profundamente arraigada en la vida familiar y comunitaria. Las personas portadoras indican que hay familias, como los Taylor, Brown, Maxwell, entre otras, que históricamente han estado vinculadas a esta actividad, manteniéndola como medio de vida a lo largo de generaciones: “han vivido de esto toda la vida” (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025).
Clinton Taylor, conocido como “Pum”, reconocido pescador de Puerto Viejo describe el oficio desde su experiencia cotidiana:
La pesca artesanal es lo que uno hace con sus propias manos, sin máquinas grandes ni barcos industriales. Es ir al mar con lo que uno tiene, con el bote pequeño, el remo, el motorcito si hay… No es solo por el dinero, es por amor al mar. (C. Taylor, comunicación personal, 5 de noviembre de 2025)
Este vínculo con el mar trasciende la dimensión técnica o económica, configurándose también como una relación afectiva y cultural. Con el paso de los años, la experiencia acumulada fortalece una conexión íntima con el entorno marino, donde la pesca se entiende no solo como un medio de subsistencia, sino como una forma de vida.

Las tripulaciones suelen ser reducidas, generalmente de dos personas, lo que requiere una distribución práctica de tareas y una estrecha cooperación durante la jornada. Clinton Taylor (“Pum”) indica que el trabajo se organiza en función de las necesidades de la faena, incluyendo la navegación, la colocación o revisión de artes de pesca y la manipulación de las capturas (C. Taylor, comunicación personal, 5 de noviembre de 2025). Esta dinámica refuerza la dimensión colaborativa del oficio.
La organización del trabajo también está marcada por rutinas específicas. En actividades como la revisión de nasas, las jornadas inician de madrugada, con la preparación de implementos, carnada, hielo y provisiones, seguido del desplazamiento hacia los puntos de pesca. Este patrón evidencia que la pesca artesanal exige disciplina, planificación y resistencia física, y se estructura como una práctica cotidiana sostenida en el tiempo.
Un elemento central es la organización territorial del mar, basada en acuerdos comunitarios informales. Los espacios de pesca no son aleatorios: se identifican puntos específicos donde se colocan las artes, los cuales son reconocidos y respetados por las personas pescadoras. Estos puntos se marcan mediante boyas y mecates, y se ubican a partir de referencias del paisaje o, en algunos casos, mediante coordenadas. De este modo, el conocimiento del mar, particularmente del fondo marino y del comportamiento de las especies constituye la base de la organización espacial y se transmite de generación en generación.
Además de estas formas cotidianas de organización, existen estructuras colectivas más formalizadas, como asociaciones locales de pescadores. Entre ellas, se encuentran la Asociación de Pescadores Artesanales del Caribe Sur y la Asociación de Pescadores Subsistentes y Acuicultura del Caribe Sur (Cahuita), las cuales impulsan acciones orientadas a la defensa del oficio, la gestión de recursos y la respuesta ante problemáticas ambientales, evidenciando procesos organizativos que fortalecen la continuidad de la práctica.

La pesca artesanal, sin embargo, no es una actividad homogénea a lo largo del año, sino que está profundamente condicionada por los ciclos naturales. Existen periodos de abundancia, en los que las capturas pueden ser elevadas, por ejemplo, jornadas que alcanzan “hasta 60 kilos de langosta” o entre “150 y 200 kilos” de pescado (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025), así como momentos de escasez asociados a condiciones climáticas, variaciones en las especies o cambios en los ecosistemas marinos.
Esta variabilidad introduce un alto grado de incertidumbre en la actividad, ya que el esfuerzo invertido no siempre se traduce en resultados económicos. En respuesta, muchas personas pescadoras diversifican sus fuentes de ingresos durante los periodos de menor productividad, incorporándose temporalmente a actividades como el turismo, la construcción o el comercio. Esta diversificación no implica un abandono del oficio, sino una estrategia de adaptación frente a la naturaleza cambiante del entorno.
En conjunto, la organización del trabajo en la pesca artesanal refleja una práctica cíclica, ajustada a los ritmos del mar y sustentada en el conocimiento tradicional, la cooperación y la capacidad de adaptación. Estas características permiten comprender tanto la vulnerabilidad como la resiliencia de las comunidades afrodescendientes que han mantenido esta actividad como parte integral de su vida cultural y económica.
La pesca forma parte de la memoria histórica de las comunidades. En Cahuita, María Teresa Williams, conocida como “doña Ana”, señala que “la pesca en Cahuita es una pesca ancestral”, aludiendo a que los primeros pobladores dependían directamente del mar para su subsistencia. “Ahora le decimos artesanal, pero antes simplemente era la vida”, explica. Su relato familiar ilustra esta continuidad: “tuvo 10 hijos y todos pescan… ella pescaba, el esposo pescaba… y ahora ellos lo están transmitiendo a sus hijas, a sus hijos y a los nietos” (T. Williams, comunicación personal, 5 de octubre 2024).
No obstante, las entrevistas también advierten tensiones en la continuidad de la práctica, particularmente ante el envejecimiento de las personas portadoras y la menor participación de las generaciones jóvenes. Esta situación plantea desafíos para transmitir los conocimientos y destrezas acumuladas. Aun así, la pesca artesanal se mantiene como una práctica viva, cuya continuidad depende de la capacidad de adaptación de las comunidades y del fortalecimiento de los procesos de transmisión intergeneracional.
Técnicas empleadas en la pesca artesanal
Para comprender mejor sobre qué es la pesca artesanal afrodescendiente, es necesario indicar que esta se organiza alrededor de cuatro técnicas principales: las nasas, las cuerdas de mano, algunas redes pequeñas y el buceo. A continuación, se describe cada una.
Técnica de pesca con nasas: trampas de fondo
Las nasas constituyen una de las técnicas más representativas de la pesca artesanal en el Caribe Sur, reconocidas por las personas portadoras como “un legado ancestral” transmitido de generación en generación y como una de las formas “más prácticas” de capturar especies de interés comercial (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025). Su uso no responde a soluciones improvisadas, sino a diseños que se han perfeccionado mediante la experiencia acumulada y el conocimiento colectivo.
Según relatan pescadores de mayor trayectoria, las nasas se elaboraban tradicionalmente con bambú o bejucos trenzados de forma artesanal. En la actualidad, es más común el uso de mallas o cedazos, en algunos casos reforzados con estructuras de varilla metálica, lo que permite prolongar su durabilidad en el mar. No obstante, estas innovaciones materiales no han sustituido completamente las técnicas tradicionales, sino que coexisten con ellas. Como señala Clinton Taylor “Pum”, aún se elaboran nasas con bejuco porque “duran más”, lo que evidencia la vigencia del conocimiento heredado.
En cuanto a su configuración, las nasas presentan dimensiones aproximadas de metro y medio de largo, dos metros de ancho y unos sesenta centímetros de alto. Suelen construirse con una forma característica en “Z”, patrón que se ha mantenido a lo largo del tiempo y que refleja la estandarización de un diseño funcional dentro de la tradición pesquera local.

El uso de la nasa implica un conocimiento preciso del entorno marino. La trampa se prepara con cebo en su interior, se le añade peso y se coloca en el fondo marino en puntos previamente identificados. Puede permanecer sumergida entre uno y tres días antes de ser revisada, por lo general, en profundidades que oscilan entre los 40 y 60 metros. Se trata de una técnica basada en la espera, donde la destreza no radica únicamente en la captura, sino en saber dónde ubicar la nasa, cuándo colocarla y en qué momento recuperarla (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025).
El espacio de pesca se organiza a partir de referencias compartidas y conocimientos territoriales. Cada nasa se asegura mediante mecates y boyas debidamente identificadas, lo que permite a cada pescador reconocer sus propias trampas. Asimismo, existen puntos de pesca con denominaciones específicas, como “el punto de los Pollitos”, que forman parte de una cartografía cultural del mar y cuyo uso se rige por normas implícitas de respeto entre pescadores. Para su ubicación, se utilizan referencias del paisaje costero, como montañas, palmeras o árboles visibles desde el mar; aunque algunas personas han incorporado tecnologías como el GPS, la base continúa siendo el conocimiento empírico del entorno marino.
Desde la perspectiva ambiental, la nasa es valorada como una técnica selectiva. Al momento de su revisión, permite liberar especies pequeñas o no comerciales, devolviéndolas vivas al agua. Esta característica la posiciona como una práctica relativamente “amigable con el ambiente”, en contraste con métodos más intensivos como la pesca de arrastre. Entre las especies comúnmente capturadas mediante esta técnica se encuentran la langosta, la macarela (Decapterus macarellus), el pargo (Lutjanus campechanus), el jurel (Trachurus trachurus), la barracuda (Sphyraena barracuda), el róbalo (Centropomus undecimalis) y las jaibas (Callinectes sapidus).
Asimismo, se identifican prácticas orientadas a reducir impactos negativos, como la destrucción de nasas dañadas para evitar la denominada “pesca fantasma”, que continúa atrapando fauna de manera indiscriminada. En términos productivos, el rendimiento de esta técnica puede variar significativamente: en temporadas favorables, una sola nasa puede capturar hasta 60 kilogramos de langosta, y el conjunto de varias trampas puede alcanzar entre 150 y 200 kilogramos de pescado.
En conjunto, la pesca con nasa articula dimensiones económicas, ecológicas y culturales. No solo constituye un medio de subsistencia, sino también un sistema de conocimientos sobre el mar, sus especies y sus ciclos, así como una práctica que incorpora principios de uso responsable de los recursos, reforzando su carácter como patrimonio cultural inmaterial.
Técnica de pesca con cuerda de mano: cercanía y control sobre la captura
La cuerda de mano constituye, junto con las nasas, uno de los pilares de la pesca artesanal en el Caribe Sur. Las personas portadoras la identifican como parte de una práctica de pesca “amigable con el ambiente”, basada en técnicas de baja escala y alto conocimiento del medio.
En términos de materiales, la cuerda de mano se compone de un hilo o cabo de pesca, un carrete manual y anzuelos con plomos. Puede utilizarse de forma directa o con apoyo de una caña; sin embargo, su rasgo distintivo es el manejo manual del hilo, que permite una interacción directa con la captura.
El desarrollo de esta técnica inicia con la obtención de carnada viva, principalmente sardinas, que luego se emplean como cebo. Posteriormente, la persona pescadora se dirige a puntos específicos del mar donde se concentran especies de interés comercial. Entre las capturas más comunes, se encuentran el pargo (Lutjanus campechanus), el jurel (Trachurus trachurus), la macarela (Scomber scombrus) y la barracuda (Sphyraena barracuda).
El éxito de la pesca con cuerda de mano depende de saberes especializados, entre estos, la capacidad para capturar y manejar adecuadamente la carnada viva, así como el conocimiento detallado de los ciclos y comportamientos de las especies marinas. A diferencia de otras técnicas, esta práctica implica una relación directa entre la persona pescadora y el pez, ya que la “picada” se percibe a través del contacto con el hilo, lo que permite una respuesta inmediata.
Desde el punto de vista cultural y ambiental, la cuerda de mano se asocia con una lógica de aprovechamiento controlado de los recursos, en la que es posible seleccionar las capturas y reducir impactos sobre el ecosistema marino. Su uso desde embarcaciones pequeñas y en zonas específicas refuerza su carácter selectivo y su vinculación con prácticas tradicionales de pesca sostenible.
Técnica de pesca con redes pequeñas: un complemento acotado
El uso de redes pequeñas forma parte del sistema de pesca artesanal en el Caribe Sur, aunque ocupa un lugar complementario respecto a técnicas como la nasa y la cuerda de mano. Según las personas portadoras, su utilización no es permanente, sino que depende de condiciones específicas como la temporada, la especie objetivo y el comportamiento del mar. En este sentido, se integra dentro de una lógica flexible en la que la persona pescadora selecciona el arte de pesca más adecuado según el contexto.

En cuanto a sus características, se trata de redes de dimensiones reducidas, manejadas desde embarcaciones pequeñas o en zonas cercanas a la costa. Su escala y forma de uso las diferencian claramente de prácticas industriales, como el arrastre o el cerco masivo, con las cuales no se identifican las personas pescadoras de la región. En el pasado eran tejidas con fibras vegetales, pero actualmente son redes elaboradas con materiales como el nylon o materiales sintéticos.
El empleo de redes pequeñas requiere conocimientos sobre los ciclos de las especies, las condiciones del mar y los momentos oportunos para su uso. A diferencia de otras técnicas más constantes, su aplicación es situacional, lo que implica una toma de decisiones basada en la experiencia y en la observación del entorno.
Desde una perspectiva cultural y ambiental, las redes pequeñas se conciben como un recurso complementario dentro de un sistema de pesca de baja escala. Su uso acotado refuerza la idea de una práctica responsable, en la que se procura evitar impactos intensivos sobre el ecosistema marino. Así, su presencia dentro del repertorio técnico evidencia la adaptabilidad de la pesca artesanal y su articulación con principios de aprovechamiento controlado de los recursos.
Técnica de pesca mediante buceo: selectividad extrema y contacto directo con el arrecife
El buceo constituye una técnica que amplía las posibilidades de la pesca artesanal en el Caribe Sur, permitiendo acceder a espacios y especies que no son fácilmente alcanzables mediante otras prácticas. Las personas portadoras lo identifican como una forma de pesca altamente selectiva, basada en el contacto directo con el entorno marino.
En términos de equipamiento, el buceo se realiza generalmente con implementos básicos como máscara y aletas; en algunos casos, se combina con el uso de arpón (C. Taylor, comunicación personal, 5 de noviembre de 2025). No se trata de una práctica recreativa, sino de una actividad orientada a la observación directa del fondo marino y la captura selectiva de especies.
El desarrollo de esta técnica implica descender al agua para identificar visualmente las especies, evaluar su tamaño y decidir si cumplen con las condiciones para su captura. Este proceso resulta especialmente relevante en el caso de recursos como la langosta, en los que es necesario verificar las tallas mínimas establecidas por la normativa vigente antes de su extracción (C. Taylor, comunicación personal, 5 de noviembre de 2025).
El buceo requiere conocimientos específicos sobre el comportamiento de las especies, la estructura de los arrecifes y las condiciones del mar, así como habilidades físicas y criterios de seguridad. Las personas pescadoras enfatizan la importancia de no exceder los límites de profundidad y de respetar las vedas, lo que evidencia una práctica regulada tanto por normas formales como por saberes transmitidos. Su aprendizaje sigue una lógica intergeneracional, basada en la observación, el acompañamiento y la práctica progresiva.
Desde el punto de vista cultural y ambiental, el buceo se distingue por su alta selectividad, ya que permite elegir individualmente las capturas. Asimismo, favorece un conocimiento detallado del estado del ecosistema marino, incluyendo los arrecifes y las condiciones ambientales. Esta cercanía con el entorno refuerza una relación de respeto hacia el mar, entendido no solo como espacio de trabajo, sino como un medio vivo que requiere cuidado.
En conjunto, el buceo aporta una dimensión técnica, ecológica y cultural al sistema de pesca artesanal, complementando otras prácticas como la nasa, la cuerda de mano y el uso de redes pequeñas. Todas ellas conforman un sistema coherente, adaptado a la escala local y a los principios de aprovechamiento responsable de los recursos marinos.
En conjunto, las técnicas de pesca con nasa, cuerda de mano, redes pequeñas y buceo conforman un sistema técnico articulado que refleja la adaptación de las comunidades afrodescendientes del Caribe Sur a su entorno marino. Lejos de operar de manera aislada, estas prácticas se complementan entre sí y se seleccionan según las condiciones del mar, las especies disponibles y los ciclos naturales, evidenciando un conocimiento ecológico profundo y dinámico. Este sistema se caracteriza por su escala reducida, el uso de tecnologías sencillas y una alta capacidad de observación y toma de decisiones por parte de las personas pescadoras. Asimismo, incorpora principios de selectividad, respeto por las regulaciones y prácticas de manejo responsable, que limitan el impacto sobre los ecosistemas. Más allá de su dimensión productiva, estas técnicas expresan formas de relación con el mar, saberes transmitidos intergeneracionalmente y valores culturales asociados al trabajo, la subsistencia y el cuidado del entorno, consolidándose como un componente significativo del patrimonio cultural inmaterial de la región.
Características de las embarcaciones: bote y panga
En la pesca artesanal del Caribe Sur, la embarcación constituye un elemento central del oficio, no solo por su función práctica de transporte y carga, sino porque define la escala y el alcance de la actividad pesquera. Los testimonios recopilados coinciden en que la pesca local se realiza principalmente con embarcaciones pequeñas, utilizadas para desplazamientos cortos y para operar en zonas cercanas a la costa, lo cual reafirma su carácter artesanal. José Ugalde señala que en esta región se practica una pesca “muy costera” y con “embarcaciones muy pequeñas”, en contraste con otras zonas del país, donde las faenas requieren desplazamientos de “kilómetros de kilómetros” mar adentro (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025).
En este contexto, las personas entrevistadas mencionan el uso de botes, canoas y, de manera particular, pangas, términos asociados a formas tradicionales de navegación costera adaptadas a las condiciones del mar Caribe y a las dinámicas propias de la pesca artesanal.
La panga se caracteriza como una embarcación liviana, funcional y apta para salir directamente desde la playa, así como para maniobrar en áreas cercanas al arrecife. Según el testimonio de Clinton Taylor “Pum”, en el pasado estas embarcaciones se fabricaban artesanalmente, en madera, utilizando especies resistentes como el cedro o el pochote. Su construcción implicaba un proceso prolongado que requería conocimientos técnicos, experiencia y dedicación. Taylor menciona el caso de una embarcación elaborada por su familia cuya construcción tomó aproximadamente tres meses, lo que evidencia el nivel de especialización asociado a este saber (C. Taylor, comunicación personal, 5 de noviembre de 2025).
La fabricación de estas embarcaciones no solo demandaba habilidades manuales, sino también una comprensión profunda del entorno marino. La forma del bote debía responder a criterios de estabilidad y resistencia frente al oleaje y las corrientes, lo que evidencia la estrecha relación entre conocimiento técnico y experiencia en el mar. En este sentido, la panga trasciende su función como medio de transporte y se configura como un objeto cultural vinculado a la memoria familiar y a la transmisión intergeneracional de saberes.
No obstante, los testimonios también dan cuenta de una transición hacia el uso de materiales contemporáneos. Ahora, es frecuente el empleo de embarcaciones de fibra de vidrio, lo que implica un cambio en las formas de acceso, ya que estas suelen adquirirse a través de proveedores externos y requieren una inversión económica mayor. Esta transformación no solo es técnica, sino también cultural, en la medida en que puede incidir en la disminución de los conocimientos asociados a la construcción artesanal (C. Taylor, comunicación personal, 5 de noviembre de 2025).
Por su parte, el término bote se utiliza de manera más general para referirse a las embarcaciones empleadas en la pesca cotidiana. Aunque no se detallan características estructurales específicas, se indica que suelen contar con motores de baja potencia, generalmente entre 40 y 60 caballos de fuerza, lo que confirma su uso en contextos costeros y su diferenciación respecto a embarcaciones de carácter industrial (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025).
La escala reducida de estas embarcaciones refuerza la relación directa entre la persona pescadora y el entorno, ya que exige una lectura constante de las condiciones del mar y del clima. De este modo, la navegación se integra como parte del conocimiento cultural del oficio, complementando las técnicas de pesca y fortaleciendo la relación con el territorio marino.
En conjunto, las embarcaciones utilizadas en Cahuita y en el Caribe Sur evidencian un proceso de continuidad y transformación. La panga de madera, elaborada artesanalmente, representa una etapa en la que el conocimiento técnico local y la autonomía comunitaria eran fundamentales. La incorporación de materiales como la fibra de vidrio refleja procesos de adaptación y cambio, pero también plantea desafíos en términos de continuidad de saberes. Así, las embarcaciones no solo cumplen una función operativa, sino que constituyen elementos patrimoniales que condensan memoria, conocimiento y la historia viva de la pesca artesanal en la región.
Medios de transmisión y aprendizaje de la práctica de la pesca artesanal
En el Caribe Sur, el conocimiento asociado a la pesca artesanal se transmite principalmente a través de la experiencia directa, la observación y la participación cotidiana, más que mediante procesos formales de enseñanza. Se trata de un aprendizaje situado, que se construye en la práctica y en la relación continua con el entorno marino y con personas portadoras del conocimiento.
Se identifican los siguientes medios de transmisión:
a) Transmisión familiar e intergeneracional (aprendizaje en el entorno doméstico): el principal medio de transmisión es la familia. De acuerdo con los testimonios, la pesca se aprende desde edades tempranas mediante el acompañamiento a padres, madres y personas mayores, integrándose como parte de la vida cotidiana. Este proceso se basa en la observación, la imitación y la práctica progresiva.
Don José Ugalde señala que aprendió el oficio de su padre, pescador “toda la vida”, y que en su familia “todos saben pescar”, ya que desde la infancia participaban en las actividades vinculadas al mar. Este aprendizaje temprano forma parte de la dinámica familiar y contribuye a la continuidad del oficio.
Por su parte, Clinton Taylor (“don Pum”) describe la transmisión como un proceso gradual: primero se aprende a sostener la cuerda, luego a realizar nudos, preparar anzuelos y, posteriormente, a ejecutar la faena completa. En sus palabras, “nadie te da clases, uno aprende con la práctica, con respeto”, lo que evidencia que el aprendizaje incorpora no solo habilidades técnicas, sino también valores asociados al oficio y al respeto por el mar.
En algunos casos, como el relatado por doña Ana, la pesca configura trayectorias familiares continuas, en las que varias generaciones han estado vinculadas a la actividad. Este tipo de transmisión refuerza su carácter identitario y su arraigo comunitario.
En conjunto, este medio de transmisión permite incorporar los conocimientos técnicos y simbólicos de manera progresiva, a partir de la convivencia cotidiana y la experiencia compartida.
b) Transmisión técnica del oficio (artes de pesca y criterios de selección): el aprendizaje incluye también la transmisión de conocimientos técnicos relacionados con los artes de pesca y los criterios de captura. Esto abarca el uso de técnicas como la nasa, la cuerda de mano y el buceo, así como aspectos asociados a su construcción, manejo y tiempos de uso.
Don José Ugalde describe la nasa como un “legado ancestral”, destacando conocimientos específicos sobre su elaboración, profundidad de colocación y periodos de revisión (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025). En el caso del buceo, se evidencia la transmisión de criterios de sostenibilidad, como el respeto a las tallas mínimas en la captura de langosta, lo que refleja la incorporación de normas de manejo responsable.
Asimismo, este proceso formativo incluye un conocimiento territorial del mar. Las personas pescadoras aprenden a identificar zonas de pesca mediante referencias del paisaje, como montañas, árboles o palmas de coco, y a reconocer “puntos” específicos asociados a determinadas especies. Aunque en algunos casos se ha incorporado el uso de GPS, el conocimiento tradicional sigue siendo fundamental.
Este aprendizaje también integra normas comunitarias sobre el uso del espacio marino, basadas en el respeto a las zonas de trabajo de otros pescadores. De este modo, la transmisión no solo comprende aspectos técnicos, sino también una memoria territorial compartida y principios de convivencia.
c) Transmisión comunitaria organizada (iniciativas colectivas): se identifica un medio de transmisión complementario, de carácter comunitario, vinculado a asociaciones de pescadores y a iniciativas colectivas orientadas al fortalecimiento del oficio.
Entre estas acciones se incluyen talleres dirigidos a niños, niñas y jóvenes sobre temas como el manejo del pez león (Pterois volitans), así como torneos de pesca organizados con fines ambientales y educativos. Estas actividades promueven la participación comunitaria y la sensibilización sobre el entorno marino.
Este tipo de transmisión contribuye a reforzar el vínculo cultural con la pesca artesanal y constituye una estrategia relevante para su salvaguardia, especialmente ante la disminución del interés de las nuevas generaciones.
En conjunto, los medios de transmisión identificados evidencian que la pesca artesanal se aprende como una práctica integral, en la que se articulan conocimientos técnicos, valores culturales y formas de relación con el entorno marino. Este proceso, basado principalmente en la experiencia directa, la convivencia familiar y la participación comunitaria, permite la continuidad del oficio como parte de la vida cotidiana. No obstante, su sostenibilidad depende de la permanencia de estos espacios de aprendizaje y del interés de las nuevas generaciones, lo que plantea la necesidad de fortalecer estrategias que aseguren la transmisión intergeneracional de los saberes asociados a la pesca artesanal.
Acciones que se realizan para mantener viva la práctica de la pesca artesanal
En el Caribe Sur, las comunidades pesqueras han desarrollado diversas acciones orientadas a la continuidad de la pesca artesanal, en particular frente a desafíos como el relevo generacional, las presiones ambientales y las condiciones económicas del oficio. Estas iniciativas combinan organización comunitaria, transmisión de conocimientos y fortalecimiento de capacidades locales.
Se identifican las siguientes acciones de salvaguardia:
a) Fortalecimiento de la transmisión cultural y el relevo generacional: una de las principales líneas de acción se orienta a incentivar la participación de niños, niñas y jóvenes en la práctica pesquera, así como a fortalecer el sentido de pertenencia asociado al oficio.
En este contexto destaca el Festival Fishing Roots, impulsado en Cahuita por la Asociación de Pescadores liderada por doña María Teresa Williams. Esta actividad reúne a la comunidad en torno a la memoria viva de la pesca artesanal mediante exhibiciones, gastronomía, narración de historias, actividades educativas y recreativas.
El festival incluye juegos, torneos amistosos y dinámicas en las que se premia a participantes con implementos de pesca, como carretes, cuerdas y otros utensilios. Estas acciones buscan no solo transmitir conocimientos técnicos, sino también reforzar el reconocimiento social del pescador y promover el vínculo de las nuevas generaciones con el mar como territorio cultural.
b) Organización comunitaria y gestión colectiva del recurso: el fortalecimiento de asociaciones de pescadores constituye otra estrategia clave. Organizaciones como la Asociación de Pescadores Artesanales del Caribe Sur (ASOPACS) y la Asociación de Pescadores Subsistentes y Acuicultura del Caribe Sur (ASOPECAHUI) agrupan a personas pescadoras de localidades como Puerto Viejo, Manzanillo y Cahuita.
A través de estas estructuras organizativas, se impulsan iniciativas que articulan la actividad productiva con la gestión ambiental y la formación comunitaria. Un ejemplo es el Torneo del Pez León, actividad anual que promueve la captura de esta especie invasora, contribuyendo al control de su población y a la protección del ecosistema marino.
Además de su dimensión ambiental, estas iniciativas generan espacios de aprendizaje colectivo, en los que participan personas de distintas edades, fortaleciendo la transmisión de conocimientos y la conciencia sobre el manejo sostenible de los recursos.
c) Mejoramiento de condiciones para la sostenibilidad del oficio: se identifican, también, acciones orientadas a mejorar las condiciones materiales y organizativas de la pesca artesanal. Entre ellas, destaca la gestión de un centro de acopio o recibo de pescado en un terreno donado por la Municipalidad de Talamanca, iniciativa que busca fortalecer las condiciones sanitarias, de almacenamiento y comercialización del producto.
Este tipo de proyectos contribuye a reducir algunas de las limitaciones económicas que enfrenta el sector, al tiempo que refuerza la organización comunitaria y la proyección del oficio hacia el futuro.
En conjunto, estas acciones evidencian un esfuerzo sostenido de las comunidades por salvaguardar la pesca artesanal como práctica cultural viva. A través de la transmisión intergeneracional, la organización colectiva y la articulación con iniciativas ambientales y económicas, se busca garantizar la continuidad del oficio, fortalecer su reconocimiento social y mantener su vínculo con la identidad afrodescendiente del Caribe costarricense.
Vínculos de la práctica de pesca artesanal con otros ámbitos del PCI
En el Caribe Sur, la pesca artesanal no constituye una práctica aislada, sino que se articula con diversos ámbitos del patrimonio cultural inmaterial. Su ejercicio se vincula con la alimentación, las formas de organización social, las creencias, los saberes sobre la naturaleza y las técnicas productivas, configurando un sistema cultural integrado en el que el pescado no es únicamente un recurso alimenticio, sino un elemento central de la identidad local.
a) Conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo: el pescado y otros productos marinos son ingredientes fundamentales en la cocina tradicional del Caribe. Doña Ana señala que el pescado es “un plato muy principal” en preparaciones como el rice and beans, el rondón y otros platillos tradicionales, lo que evidencia su presencia constante en la alimentación cotidiana (M. Williams, comunicación personal, 5 de octubre de 2024).
Esta relación se expresa también en prácticas sociales como el “Sunday lunch” (almuerzo dominical), en el que, según Clinton Taylor (“don Pum”), “sin pescado no hay Sunday lunch”. Este espacio constituye un momento de reunión familiar y comunitaria, en el que la preparación de platillos como el fish stew con coco o el rondón trasciende lo alimentario y se convierte en una práctica de transmisión de memoria e identidad.
Asimismo, la pesca se vincula con técnicas tradicionales de conservación de alimentos. En contextos de escasez, se practicaba el ahumado o secado de pescado y camarón de río, lo que permitía su almacenamiento y consumo posterior. Estas técnicas reflejan un conocimiento adaptativo del entorno, aunque actualmente se encuentran en desuso (J. Ugalde, comunicación personal, 12 de octubre de 2025).
Adicionalmente, la práctica pesquera se asocia a concepciones de bienestar físico y emocional, en que el trabajo en el mar, el consumo de alimentos frescos y la relación directa con el entorno natural configuran una visión integral del vínculo entre naturaleza, salud y modo de vida.
b) Usos sociales, rituales y actos festivos: la pesca artesanal también se vincula con prácticas de carácter social y espiritual. Antes de salir al mar, es común realizar oraciones, reconociendo que las condiciones naturales influyen en el desarrollo de la faena. En este contexto, el mar es concebido como un ente que debe ser respetado; como lo expresa José Ugalde, es “una señora que merece respeto” (comunicación personal, 12 de octubre de 2025), lo que refleja una cosmovisión en la que la naturaleza se entiende como un sujeto relacional.
En la misma línea, Clinton Taylor indica que “cuando el mar está bravo, el pescador reza y espera”, evidenciando una práctica basada en la observación, el respeto y la adaptación a las condiciones del entorno.
La pesca también se inserta en los ciclos festivos y rituales del año. Durante la Semana Santa, por ejemplo, se incrementa el consumo de pescado en correspondencia con prácticas religiosas. Asimismo, en celebraciones como la Navidad o las fiestas comunales, el rondón preparado con pescado fresco ocupa un lugar central como símbolo de abundancia, cohesión social y reconocimiento intergeneracional.
c) Técnicas artesanales tradicionales: la pesca artesanal se vincula estrechamente con el ámbito de las técnicas artesanales tradicionales, particularmente en la elaboración y mantenimiento de los implementos utilizados en la actividad. Entre estos destacan las nasas, las cuerdas de mano, las redes de pequeña escala y, en el pasado, las embarcaciones de madera construidas localmente.
La fabricación de nasas, por ejemplo, ha implicado históricamente el uso de materiales como bejucos o bambú, posteriormente sustituidos o combinados con malla y estructuras metálicas. Este proceso refleja un conocimiento técnico acumulado, basado en la experiencia, la observación del entorno marino y la adaptación a nuevas condiciones.
De igual forma, la construcción tradicional de embarcaciones, como las pangas de madera, requería habilidades específicas relacionadas con la selección de materiales, el diseño y la resistencia al oleaje, constituyendo un saber especializado transmitido de generación en generación.
Aunque, en la actualidad, muchos de estos implementos se adquieren de forma industrial o han incorporado materiales modernos, persisten conocimientos asociados a su uso, reparación y adaptación, lo que evidencia la continuidad de prácticas técnicas dentro de un contexto de transformación.
En conjunto, estos vínculos evidencian que la pesca artesanal trasciende su dimensión productiva, integrándose en un entramado de prácticas culturales que articulan saberes, técnicas, valores y formas de relación con el entorno natural y social, contribuyendo a la continuidad de la identidad afrodescendiente en el Caribe costarricense.
Amenazas o riesgos en la continuidad de la práctica de la pesca artesanal
A partir de los testimonios recopilados, se identifican diversas condiciones que podrían incidir en la continuidad de la pesca artesanal en el Caribe Sur a mediano y largo plazo. Estas amenazas no implican la desaparición inmediata de la práctica, pero sí evidencian tensiones que afectan su transmisión, sostenibilidad económica y reproducción cultural.
Se destacan las siguientes:
a) Relevo generacional: una de las principales preocupaciones es la disminución del interés de las nuevas generaciones en continuar con el oficio. Las personas pescadoras señalan que, ante la exigencia física del trabajo y la inestabilidad de los ingresos, muchos jóvenes optan por emplearse en actividades como el turismo, el comercio o migrar hacia centros urbanos.
Doña Ana observa este cambio en su propia familia, mientras que José Ugalde señala que cada vez “los jóvenes ya no quieren pescar”. Esta situación representa un riesgo significativo, ya que la pesca artesanal depende de la transmisión práctica del conocimiento. Si este proceso se interrumpe, se debilita la continuidad del oficio.
b) Costos operativos y condiciones económicas: la pesca artesanal enfrenta una presión económica creciente. La actividad requiere inversión constante en combustible, mantenimiento de embarcaciones, reparación de equipos y adquisición de implementos de pesca.
A esto, se suman los costos asociados a procesos de formalización, como permisos, licencias y trámites administrativos, que pueden constituir barreras de acceso, especialmente para personas con recursos limitados o sin acompañamiento técnico.
Asimismo, la pesca está marcada por la estacionalidad. Existen periodos de alta productividad, pero también momentos en los que las capturas son escasas, lo que genera incertidumbre económica. En palabras de José Ugalde, “salir al mar sale caro” (comunicación personal, 12 de octubre de 2025). Esta condición desincentiva la permanencia en el oficio y dificulta su transmisión.
c) Presiones ambientales y sobre los recursos marinos: las personas entrevistadas identifican diversas amenazas ambientales que afectan la disponibilidad de recursos marinos. Entre ellas, se menciona la presencia de embarcaciones de mayor escala que realizan prácticas de pesca intensiva, percibidas como incompatibles con la lógica artesanal.
Asimismo, se señala el impacto del pez león (Pterois volitans), especie invasora que ha alterado el equilibrio de los ecosistemas marinos. Según los testimonios, esta especie se alimenta de peces juveniles, lo que reduce la disponibilidad de especies de interés comercial y afecta la reproducción de los recursos.
De acuerdo con José Ugalde, el pez león “se come todo” y puede afectar significativamente las poblaciones marinas, incidiendo de manera directa en la pesca artesanal (comunicación personal, 12 de octubre de 2025).
d) Acceso al territorio marítimo: el acceso al mar se identifica como una condición fundamental para la continuidad de la práctica. Para las comunidades pesqueras afrodescendientes, el mar no solo constituye un espacio productivo, sino también un territorio cultural históricamente habitado y utilizado.
Algunas regulaciones asociadas a áreas de conservación, así como procesos de ordenamiento territorial vinculados al turismo y al desarrollo inmobiliario, se perciben como factores que limitan el acceso a zonas tradicionalmente utilizadas para la pesca, el tránsito o el desembarque.
En palabras de José Ugalde, estas medidas se perciben como decisiones tomadas “sin entender cómo vivimos aquí” (comunicación personal, 12 de octubre de 2025). Desde esta perspectiva, las restricciones no se experimentan solo como disposiciones legales, sino como limitaciones prácticas que afectan directamente el ejercicio del oficio.
e) Reconocimiento y apoyo institucional: se identifica una percepción recurrente de limitado reconocimiento institucional hacia la pesca artesanal del Caribe Sur, a pesar de su relevancia histórica, cultural y económica en comunidades como Cahuita.
Esta situación se manifiesta en dificultades para acceder a licencias, programas de apoyo, acompañamiento técnico y procesos de formalización. Para muchas personas pescadoras, esto genera condiciones de precariedad, al tener que asumir los costos de la actividad sin respaldo institucional suficiente.
Asimismo, se señala una sensación de desigualdad respecto a otras regiones del país, particularmente el Pacífico, lo que refuerza la percepción de invisibilidad tanto a nivel productivo como cultural.
En conjunto, las amenazas identificadas no implican la desaparición inmediata de la pesca artesanal, pero sí reflejan un conjunto de presiones que pueden afectar su viabilidad y continuidad en el tiempo. Factores como la disminución del relevo generacional, las condiciones económicas, las transformaciones ambientales, las limitaciones en el acceso al territorio y la percepción de escaso apoyo institucional configuran un escenario complejo para las comunidades pesqueras. Reconocer estas condiciones es fundamental para orientar acciones de salvaguardia que respondan de manera integral a los desafíos actuales y contribuyan a fortalecer la transmisión, sostenibilidad y reconocimiento de la pesca artesanal como patrimonio cultural vivo.
Fuente: Inventario de patrimonio cultural inmaterial afrodescendiente del Caribe costarricense. Dirección de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y Juventud.
Créditos: Fotografías de naza y pesca en el mar tomadas por José Ugalde, 2025.


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