
Real Madrid: El palco de las sombras y la memoria enterrada

Imagen Abdennour Boudjema - unsplash
El palco del estadio Santiago Bernabéu es, hoy en día, el mayor centro de poder y de negocios de España. Entre tanto lujo y postín, Florentino Pérez Rodríguez ha consolidado un modelo de club que se abraza a las élites económicas, empresariales y políticas, proyectando una imagen de modernidad global. Sin embargo, detrás de tanta estrella mediática , focos y títulos millonarios se esconde una estrategia de amnesia selectiva injusta, desafortunada y hasta yo diría que desagradable.
Para mantener impecable el discurso de club, la actual directiva se ha empeñado en proyectar sombras sobre el pasado más incómodo de la institución: su estrecho vínculo con la Segunda República y el trágico de los dirigentes de entonces.
Y por mucho que quieran los actuales mandatarios de Chamartín, lo verdaderamente indigno es tapar esa parte de la Historia cuando no debe haber derecho más sagrado que el de conocer y saber el cual está amparado por el Derecho a la Información reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y ya que muchos se dan tantos golpes de pecho de españolismo, también es un derecho recogido en la Constitución Española, ésa que muchos dicen defender y que tan poco ejemplo dan de ello.
Para desmontar ciertos relatos que parecen unir inexorablemente al Real Madrid con un equipo ideológicamente conservador, destacaré algunos hitos que desmontan por completo esta teoría siendo los siguientes:
El Madrid republicano y "rojo" que quieren borrar
La narrativa oficial de hoy pretende hacer creer que el Real Madrid nació siendo el club del establishment. Nada más lejos de la realidad. Con la proclamación de la II República en 1931, el club perdió por decreto ley el título de "Real" y la corona de su escudo, pasando a llamarse Madrid Football Club. Lejos de la imagen aristocrática que hoy se le atribuye, el tejido social de la entidad estaba profundamente arraigado en la masa civil y progresista de la capital.
Al estallar la Guerra Civil en 1936, el club no huyó; fue incautado por la Federación Cultural Deportiva Obrera y sus instalaciones se pusieron al servicio de la defensa de Madrid contra el fascismo. El viejo Chamartín no era un feudo de las élites, sino un espacio donde el pueblo madrileño resistía el asedio golpista liderado por Franco.
La historia de Rafael Sánchez-Guerra: El presidente encarcelado y exiliado
El olvido institucional actual comienza con Rafael Sánchez-Guerra, presidente del Madrid F.C. entre 1935 y 1936. Sánchez-Guerra no era un empresario del Ibex 35 como los de ahora; era un reputado periodista, concejal republicano en el Ayuntamiento de Madrid y secretario general de la Presidencia de la República en el periodo de gobierno de Niceto Alcalá-Zamora. Bajo su mandato se ganó la mítica Copa de la República de 1936 en Mestalla, venciendo al F.C. Barcelona semanas antes del golpe de Estado.
Por el único "delito" de mantenerse fiel a la legalidad democrática, el franquismo lo detuvo tras la caída de Madrid, lo condenó a 30 años de prisión y lo sometió a reclusión y torturas. Tras lograr la libertad condicional, tuvo que huir a Francia cruzando los Pirineos a pie. Aunque su nombre figura de forma fría en el listado histórico de la web del club, la directiva actual pasa de puntillas sobre su calvario político, vaciando de contenido su figura para no incomodar los dogmas de la derecha mediática y hasta por qué no decirlo, de un importante número de aficionados.
Antonio Ortega: El presidente fusilado que Florentino Pérez no reconoce
El caso más flagrante de censura histórica es el de Antonio Ortega Gutiérrez, teniente coronel del ejército republicano, militante del Partido Comunista de España (PCE) y presidente del Madrid F.C. entre 1937 y 1939. Ortega gestionó el club en plenas condiciones de guerra bajo la premisa de "no comerciar con el fútbol" y utilizó su influencia militar para salvar la vida de cientos de prisioneros políticos del bando sublevado. Tras la victoria franquista, fue capturado en Alicante y fusilado el 15 de julio de 1939. Personaje histórico del madridismo que he podido descubrir recientemente gracias al documental emitido por RTVE.
Hoy, la página oficial del Real Madrid arranca su cronología de presidentes saltando de Sánchez-Guerra a la junta de la posguerra. Antonio Ortega ha sido borrado de la historia oficial. El "Florentinismo” se escuda en un dato bastante tibio —que durante la guerra no se disputaron competiciones oficiales nacionales— para negarle la homologación institucional. Al negarse a reconocerlo, Florentino Pérez prolonga la injusticia del pelotón de fusilamiento: sigue tratando como invisible a un hombre que dirigió el club con dignidad antes de ser ejecutado por la dictadura y que como máximo dirigente del club que fue merecería ocupar su lugar en la Historia del club de Concha Espina.
Bernabéu contra Millán-Astray: La dignidad que hoy falta
La paradoja de este blanqueamiento histórico se hace evidente al analizar la figura de Santiago Bernabéu, el hombre que cambió para siempre el destino blanco. El régimen franquista intentó capitalizar los éxitos europeos de los años 50 y 60, pero la relación de Bernabéu con las élites de la dictadura estuvo repleta de hostilidades. De hecho, viendo otro documental sobre el Real Madrid resulta que la relación entre el presidente de la entidad merengue y el dictador, no fue precisamente buena.
El ejemplo más elocuente y claro que escenifica todo esto, ocurrió en el palco de Chamartín a principios de los años cincuenta. El general José Millán-Astray, fundador de la Legión y tótem del régimen, se propasó con la esposa de un diplomático extranjero invitada en el palco.
Bernabéu, enfurecido por el desprecio a la soberanía de su club, ordenó prohibirle la entrada. Millán-Astray, acostumbrado a imponer la ley del terror, regresó escoltado por legionarios, tiró las vallas que protegían el palco y retó formalmente a Bernabéu a un duelo a pistola. Solo la intervención de urgencia del Ministro del Ejército, el general Muñoz Grandes, evitó una tragedia en el estadio. Bernabéu no se arrodilló ante el militar más temido del régimen; defendió su casa y sus valores aún a riesgo de su propia vida. Gesto que ennoblece aún más la figura de aquel presidente. Las personas no sólo son grandes en el deporte por los trofeos que ganen sino también por los hechos que demuestran su nobleza.
Y llegados a este punto, considero fundamental recuperar el Madrid de las luces y es que mientras Santiago Bernabéu plantó cara a las élites más violentas de la época para proteger la independencia de la institución, Florentino Pérez Rodríguez se abraza a ellas, ofreciendo una imagen del club que, más que luces, despierta muchas sombras. El palco actual ya no defiende la dignidad civil frente al autoritarismo; funciona como un catalizador de intereses económicos privados donde la memoria histórica estorba y donde el poder y el dinero parecen haberse impuesto al fútbol como deporte.
Este artículo no busca obligar a nadie de izquierdas a vestir la camiseta blanca, sino desenterrar la verdad secuestrada. El Real Madrid actual pertenece a las multinacionales y a los fondos de inversión, pero su historia legítima está manchada con la sangre, el exilio y el sufrimiento de republicanos que defendieron la libertad y como huella histórica que es, por mucho que pretenda esforzarse el máximo mandatario de la otra Casa Blanca, no podrá borrarla.
Esta decadencia institucional se demuestra también en el lamentable suceso contado tras el partido del Wanda Metropolitano del domingo 19 de septiembre, donde Florentino Pérez se molestó enormemente por la presencia en el estadio del otro candidato de las recientes elecciones a la Presidencia del club Enrique Riquelme; y en el terreno de juego con unos jugadores que reflejan lo que es hoy la gestión en los despachos de Concha Espina: desorden, fuegos de artificio, protestas y lamentos para tapar la realidad del nulo juego y empuje que muestran en los últimos años, hablando de injusticias arbitrales que si bien es verdad que en el césped existieron, no pueden tapar la vergonzosa realidad de un equipo que no juega a absolutamente nada dando una imagen lamentable donde el escudo se ve vergonzosamente arrastrado por jugadores que parecen no sentir el orgullo de la camiseta blanca más famosa del universo. Y eso, como con su historia, no lo pueden borrar ni los millones ni los silencios medidos ni tampoco las ruedas de prensa de la vergüenza de Florentino Pérez Rodríguez, un presidente anclado en el pasado y que ya se muestra incapaz de enderezar el rumbo de la nave blanca.
En otro orden de cosas, hoy ya hay algo que por mucho que quiera el máximo mandatario esconder es que este club es tan universal que no hay maniobras típicas de la Derecha que puedan taparlo. Este club es de gente muy diversa y diferente pero más lo sería si verdaderamente se tradujera en hechos como el abaratamiento de las entradas para que cualquier persona que se sienta madridista pueda entrar y sea tan de chinos, americanos como de madridistas españoles de Vallecas o de una zona tan deprimida como Las Tres Mil Viviendas de Sevilla donde seguramente habrá algún madridista.
Por desgracia, en los últimos años, en el campo y fuera de él, parafraseando a Santiago Bernabéu, en vez de manchar la camiseta de sudor, de sangre o de barro, manchan el legado del club con demasiada vergüenza y eso, como madridista me duele enormemente pues por desgracia, ahora no veo en ellos a esos “Zoco o Pirri juntos” manchados de arriba abajo y saliendo del terreno de juego con la dignidad que en aquel partido ellos hicieron.
Diego Ruiz Ruiz
Militante del PSOE de Toledo capital y aficionado madridista



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