
Piedras cansadas
Salvador García Llanos
No es la primera vez que el Partido Popular (PP) de Canarias utiliza la táctica del avestruz para escapar de esas ya cíclicas tensiones generadas con la redistribución en distintas comunidades de los menores no acompañados que llegan a Canarias vía irregular. Cuando se convoca una reunión o una fecha para decidir, no se sabe o no contesta. Eso sí: todo (menos mal) a favor del interés superior del menor, elemento discursivo que ya podrían ir eliminando o no esgrimir, a la vista de que cada vez tiene que mojarse, no lo hace porque priman los intereses partidistas. Es entonces cuando la parafernalia efectista y las declaraciones grandilocuentes no rebasan el listón de meras buenas intenciones, agotadas sin más. Y encima, sin explicaciones, tan dados que son en el partido conservador a ocupar espacio mediático con anuncios y actuaciones, aunque la materia preferida es la bronca política sustentada en la controversia con los socialistas, en la que no hay que ceder un palmo.
No, no hay interés superior del menor, principio también aludido con rango riguroso en resoluciones judiciales se supone que vigentes. Lo que hay es elusión de responsabilidades, escapismo y una cada vez menos alarmante insolidaridad. Cada vez menos alarmante (no queremos pensar que la reducción en las llegadas de menores en cayucos u otras embarcaciones es factor influyente) porque son varios responsables politicos los que incurren en ella… y no pasa nada. Unas pocas críticas mediáticas, cuatro o cinco tuits (cada una de las publicaciones que realiza un usuario en X, red social anteriormente conocida como Twitter, que pueden incluir texto y diversos elementos multimedia, como imágenes, GIFs y videos) y nada más, apenas nada más, como cantara Luis Eduardo Aute en “De alguna manera”. Aunque suene muy crudo: nadie quiere los menores de Canarias que está lejos, claro que sí, pero que en este caso no llora ni se mete de lleno en otra de sus clásicas victimizaciones. Lo peor, por seguir con versos de Aute, es que “las horas de piedra parecen cansarse”. No son suficientes tantas negociaciones, tantas cumbres, tantos consejos y tantos criterios equilibrados… Por no consignar las declaraciones individuales. Ni siquiera resoluciones judiciales con las que dotarse de un marco jurídico que daría un indispensable soporte a las medidas, quién sabe si un primer paso bien fundamentado para convertirse de norma y acercarse a una solución blindada. No, no son suficientes…
Y claro, así hay que frotarse para entender que Manuel Domínguez, el jefe de los populares canarios y vicepresidente del Gobierno autónomo, haya aplaudido la postura de su partido en materia de inmigración, porque considera que “ha obligado” al Gobierno central a tomar medidas urgentes en cuestiones como la atención a los menores, obviando que es necesario contar con las comunidades autónomas gobernadas por su partido para la distribución de los niños y niñas llegados a las islas. Lo dijo después del plante que protagonizaron los consejeros y consejero de gobiernos autonómicos presididos por el PP en la última Conferencia Sectorial de la Infancia. Domínguez omitió que esta ausencia determinó que partidas económicas destinadas específicamente a la provisión de recursos para menores no acompañados, los Menas, no fueran aprobadas. El aplauso sigue siendo ininteligible, especialmente para el presidente, Fernando Clavijo, que a su lado, en el Parlamento, ya podría susurrarle algo más apremiante, que la tirantez, por muy interesada y forzada, a estas alturas, ya no va a desestabilizar. Tenía más peso político, desde luego -y es más revelador de no alinearse para encontrar una salida- el voto en contra del PP de la modificación del artículo 35 de la Ley de Extranjería.
Las piedras están cansadas. Y los menores y tanta gente, también.


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