Vézelay: el pueblo francés que refleja lo que España perdió.

En el corazón de Borgoña, entre viñedos y colinas, se encuentra Vezelay. Un municipio de menos de 500 habitantes que, como tantos otros en Europa, ha visto mermar su población con el paso del tiempo. Podría ser uno más, un pueblo cualquiera de Francia o incluso de España. Pero no lo es. La diferencia no está en su estética ni en sus costumbres, sino en la presencia de un servicio público esencial: La Poste.
Una mirada atras... Hemeroteca El Sol Noticias02 de enero de 2026Sergio Santana SantanaSergio Santana Santana
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En el corazón de Borgoña, entre viñedos y colinas, se encuentra Vezalay. Un municipio de menos de 500 habitantes que, como tantos otros en Europa, ha visto mermar su población con el paso del tiempo. Podría ser uno más, un pueblo cualquiera de Francia o incluso de España. Pero no lo es. La diferencia no está en su estética ni en sus costumbres, sino en la presencia de un servicio público esencial: La Poste.

Mientras en España asistimos al paulatino entierro de los pueblos, el Estado francés no solo garantiza el servicio postal en sus municipios más pequeños, sino que también asegura servicios bancarios básicos a todos sus ciudadanos, sin importar dónde vivan. Este compromiso con el medio rural no es solo una cuestión de solidaridad; es también un modelo de éxito económico. En 2024, se  La Poste ha obtenido beneficios superiores a los 1.410 millones de euros. 

Frente a esto, el modelo español —desmantelado progresivamente por gobiernos de distintos signos— presenta un panorama desolador. Las restricciones al negocio bancario público, la venta de inmuebles, los recortes de plantilla y la reducción de servicios en el mundo rural han llevado a Correos a unas pérdidas operativas en cerca de 500 millones de euros el pasado año 2024.

Lejos de ser una casualidad, este declive parece responder a una estrategia deliberada: facilitar el enriquecimiento de grandes actores privados a costa del abandono de los pequeños municipios. La integración de la Caja Postal en Argentaria en 1991 —hoy absorbida por BBVA— marcó el inicio de un camino erróneo, que nos alejó del modelo de servicio público que hoy mantiene vivos pueblos como Vezalay.

Mientras Francia apuesta por los servicios postales y financieros presenciales en el medio rural —creando empleo, fijando población y generando riqueza nacional—, España ha optado por un liberalismo anglosajón que debilita el Estado y desprotege a la sociedad en su conjunto. 

Es hora de dejar de vivir de espaldas a vecinos como Francia y Portugal. Es hora de aprender de sus aciertos y de exigir a nuestros gobernantes que dejen de engañarnos. El modelo existe, funciona y demuestra que otra España rural es posible. Solo hace falta voluntad política para recuperar el camino que nunca debimos abandonar.

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