Llevo tres horas sentado en el Puerto de La Estaca esperando el barco con la Seat Trans aparcada delante del mar porque arrancar no arranca, lo cual en El Hierro tiene todo el sentido del mundo si uno lleva aquí los días suficientes y el suficiente vino encima. Me trajo hasta aquí un señor al que llaman Don, que bajó desde el Sabinal con su Landrover Santana y me remolcó sin hacer preguntas, que es la forma más cabal de ayudar a alguien. Su suegra me dejó una botella de vino blanco y un trozo de queso de oveja envuelto en papel de periódico de octubre de 2018. El queso está bueno. El vino también. El periódico, con las noticias que lleva dentro, me ha recordado que el mundo sigue igual de descosido que siempre.