
Cuando la resistencia francesa se enfrentó al franquismo

Las organizaciones de la Resistencia Francesa publicaron en marzo de 1945 un documento en la prensa de Toulouse, ciudad fundamental en el exilio español en Francia, protestando, en solidaridad con los republicanos españoles, ante la instalación eventual de un cónsul español en dicha localidad.
El comunicado expresaba que, en el momento en el que Francia en guerra debía llamar a su pueblo al trabajo y al combate, la presencia de un diplomático franquista era considerada como una debilidad inconcebible con los elementos reaccionarios y fascistas que trabajaban contra el país y la República. El cónsul sería contemplado como un aliado de Hitler.
El 30 de marzo se celebró un mitin en la plaza del Capitol para protestar por la instalación en Toulouse del cónsul de la España franquista. Asistieron, según la crónica consultada, unas veinticinco mil personas. En la tribuna se encontraban el alcalde Badiou y distintos dirigentes de los partidos y movimientos de la Resistencia: M. Jean del C.D.L., M. Marcouire del M.L.N., M. Dupont del P.C., y Debauges, Rousseau, Ribet, Bergés del P.S., Mme. Founial y otros representantes.
Ribet recordó las palabras de Franco contra Francia, aludiendo a su condición de dictador aliado de Alemania e Italia. El pueblo de Toulouse no admitía a un cónsul franquista en la misma, no quería lo que se consideraba como una oficina de espionaje. La República Francesa debía combatir a todos los que la habían traicionado, y Franco era uno de ellos.
Como conclusión del acto se aprobó una moción para pedir al Gobierno provisional de la República que no aceptase la existencia de un delegado de Franco.
Los socialistas españoles exiliados valoraron mucho esta iniciativa después de un largo tiempo, que, en su opinión, había estado lleno de incomprensión, egoísmo y abandono. En este mismo sentido, el presidente de la Federación Socialista de los Pirineos Orientales, el diputado Nogueres, había protestado ante el Gobierno francés contra la instalación de un cónsul español en Perpignan. El Ministro de Estado le contestó con una breve nota donde afirmaba que el nombramiento de un cónsul entraba “en el orden normal de las cosas”, una contestación que indignó a los socialistas exiliados en Francia, al resistirse a creer que el “nombramiento de cónsules fascistas españoles en Francia entre en el orden natural de las cosas”. Les parecía, al contrario, como “anormal y hasta monstruoso”.
Hemos consultado el número 5262 de El Socialista.


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