
La Historia maestra de la vida

Ya llevamos mucho tiempo considerando que es un tópico afirmar que la Historia sirve para entender el presente y que, en realidad, solamente debe dedicarse exclusivamente al estudio del pasado para entenderlo. Pero conviene tener presente que la Historia sí posee un valor inmenso, pero más que para entender nuestro presente, para ofrecernos materiales que nos motiven a la reflexión sobre lo que nos pasa, sobre lo que no nos gusta o creemos que debe cambiar pensando, por lo demás, en la construcción de proyectos de futuro alternativos o, cuando menos, para contar con sociedades mejores que las actuales.
No se trata de buscar paralelismos en la Historia porque ese trabajo es más que complicado muy peligroso porque podemos caer en anacronismos y porque los períodos históricos tienen sus propias características y factores. Por ejemplo, ¿realmente podemos decir que el auge de la extrema derecha en la actualidad es igual al auge que tuvieron las dictaduras y los movimientos fascistas totalitarios en los años treinta? No. La Europa de los años treinta sufría una crisis económica brutal, había salido de una guerra mundial atroz, no contaba con mecanismos internacionales eficaces y la mayoría de las democracias eran muy endebles, de muy reciente creación, por aportar algunos elementos, entre otros, y que no concuerdan exactamente con nuestro mundo actual. Pero, aún así, lo importante es preguntarnos qué nos puede aportar la lección de los años treinta, por ejemplo, a quienes seguimos creyendo en la democracia, que está en peligro, sin lugar a dudas.
Me parece mucho muy sugerente estudiar el pasado, los materiales que nos ofrece para motivar la reflexión en la actualidad, sobre el origen de algunos de nuestros problemas y también de nuestras soluciones. Hay procesos, personajes, políticas, comportamientos, actitudes, discursos, ideas, planteamientos, etc. que nos ayudan a formarnos, a entender los mecanismos del poder y de su contestación, de cómo nos organizamos y de cómo entramos en colisión y conflicto. Esos materiales nos enriquecen y pueden inspirarnos en nuestra manera de abordar nuestro presente y plantear el futuro si queremos que sea distinto y mejor o no. Pero deben ser siempre estudiados con rigor, espíritu crítico y sin olvidar las circunstancias y contextos de ese pasado, y nunca como recetas a aplicar sin más. La Historia es un conocimiento fundamental para todos los ciudadanos, pero, en especial para quienes desean participar más activamente en las distintas actividades colectivas que existen, en la política, en la economía, en los movimientos asociativos, en la cultura, en el deporte, etc..
La Historia, por fin, es una disciplina que nos ayuda a comprender, a analizar, a que en el ámbito educativo los alumnos y las alumnas de verdad piensen, alejándose del estéril aprendizaje memorístico que, no lo duden, sigue imperando, lamentablemente, en nuestras aulas, tan aparentemente modernas con sus pizarras digitales.


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