
El socialismo ha tenido siempre una clara dimensión internacionalista con excepciones y momentos complicados en relación con esta cuestión...
Joaquín Mencos fue un estacado abogado y masón, sindicalista ugetista entre los abogados, y socialista en Madrid. Mencos escribió sobre muchas cuestiones vinculadas al socialismo en los años veinte y treinta, y muy especialmente en El Socialista. Hoy queremos conocer sus ideas sobre las libertades burguesas para el Almanaque de El Socialista del año 1930.
Erase una vez...14 de febrero de 2026 Eduardo Montagut
Para los liberales burgueses el socialismo no sería liberal. Pero Mencos respondía que bajo el régimen burgués los pobres no podían ser libres.
Los liberales reconocían al ciudadano toda suerte de libertades, pero no les garantizaba los medios para disfrutar de ninguna de ellas, siguiendo uno de los argumentos clásicos del socialismo. Como los pobres carecían de esos medios de muy poco les servían esas libertades.
No bastaba con proclamar que el hombre era libre para estudiar lo que quisiera. Era necesario que la enseñanza fuera gratuita para los que no tiene medios, en todos sus grados y que los libros de texto abundasen en las bibliotecas donde leer no costase dinero. Y, aún así, habría pobres que no podrían estudiar por serles preciso todo su tiempo para ganar su sustento y el de los suyos.
De nada servía decirle a un pobre que era libre para trabajar si luego los dueños de los medios de producción no le facilitaban trabajo. Sería preciso poner la tierra a disposición de quien la labrara, y dar entrada en las fábricas, los talleres y las minas a quienes quisieran trabajar. Y eso es lo que pretendería el socialismo, y a lo que los liberales burgueses se opondrían tanto como los más reaccionarios.
Pero, se preguntaba Mencos, ¿qué libertades podemos esperar de un régimen que no garantizaba al hombre ni siquiera la vida?
Lo primero que el hombre necesitaría para ser libre es vivir. Los muertos no gozan de ninguna libertad, y el régimen burgués decía al pobre que trabajase, si los dueños de los medios de producción les dejasen, y en caso contrario, debían morirse si no encontraban alguna persona caritativa, y, sin olvidar que no había que molestar a los ricos pidiéndoles limosna, porque, entonces se les encarcelaba.
En cambio, el socialismo reconocía todas esas libertades y ofrecía al hombre los medios para poder gozar de ellas. Eso sí, solamente negaba una: la que disfrutaban en el presente los burgueses para explotar a los “desheredados de la fortuna”.

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