
El conservadurismo en el siglo XIX: un nuevo manual de historia

En un sentido amplio abarcaría un conjunto de doctrinas y también de movimientos políticos que defenderían la tradición en un sentido amplio, y no sólo político, sino también en relación con la sociedad, la cultura y la religión. Para los conservadores el Estado sería el instrumento fundamental para conseguir su objetivo de mantenimiento de preservación de las instituciones y estructuras, aunque también es cierto que existirían otros instrumentos, como las Iglesias y los medios de comunicación conformadores de la opinión pública.
Conservadores fueron los que intentaron restaurar un orden político perdido con las Revoluciones liberales. En este caso defenderían posturas muy tradicionalistas y reaccionarias. Durante el siglo XIX serían aquellas fuerzas, menguantes, eso sí, en el tiempo, que añoraban el pasado del Antiguo Régimen, aunque no fuera en su totalidad. Los defensores de la Europa de la Restauración se encontrarían en este ámbito, o los carlistas.
Pero también el conservadurismo impregnó a una parte muy destacada de la amplia familia liberal, atemperando o moderando sus principios en un ejercicio político que pretendía buscar una alianza entre lo viejo y lo nuevo, para mantener el orden, pero, sobre todo, evitar las posibles derivas radicales, como se habrían puesto de manifiesto en las Revoluciones de 1848 con el auge del liberalismo democrático y del cuestionador movimiento obrero. Con el tiempo esta visión del conservadurismo evolucionaría, recogiendo aspectos modernos, siendo verdaderos ejemplos del mismo, la figura de Disraeli, o en los aspectos sociales el canciller de hierro, Bismarck, sin olvidar en España a Cánovas del Castillo en su idea de evitar el monopolio del poder por parte de una de las dos familias liberales. Este conservadurismo sería el dominante en este espectro político, aunque también surgieron al final del siglo y más especialmente en el nuevo fórmulas populistas, de extrema derecha y, por fin, fascistas que, a través de medios externos de una indudable modernidad, buscaban impedir el triunfo de la democracia y encauzar a las masas en un concepto totalitario del Estado. Pero eso se sale de los límites temporales de nuestro estudio, ya que nos hemos fijado como límite final el estallido de la Gran Guerra que es, realmente, cuando termina, a nuestro entender, el siglo XIX.
Por fin, es importante mencionar que entre las dos grandes ramas del conservadurismo que hemos trazado hubo en ciertos momentos y más en unos países que en otros, vasos comunicantes. En España, aunque los liberales moderados y conservadores no defendieron la causa carlista, sí es cierto que algunos de ellos, los más conservadores, pudieron estar en algunos momentos de sus vidas políticas cercanos a la causa carlista como aconteció en tiempos del Sexenio Democrático al considerar que la misma suponía el mejor valladar contra la democracia y/el republicanismo.
Hemos dedicado un último capítulo a la Iglesia Católica como un poder conservador o muy moderado, aunque en evolución durante el siglo XIX.
Esperemos que les guste esta nueva entrega de manuales de Historia en la colección “Guíaburros” de Editatum.


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