
Principios y derechos sociales.

Existen dos declaraciones suscritas por nuestro país tan básicas, pero tan asumidas que en nuestras escuelas sólo quedan como fechas importantes o referentes de alguna asignatura. Me refiero a La Declaración Universal de Derechos Humanos que se aprobó el 10 de diciembre de 1948, hace ya 65 años y al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que se aprobó el 23 de marzo de 1976, hace ya 37 años.
Hace algunos días las volví a leer y me preguntaba, ¿cuántos ciudadanos las habrán leído? Deduje que pocos. Entonces me asaltó otra pregunta, ¿ y políticos?, ¿cuántos políticos la habrán leído? Ahí empezaron mis autenticas dudas.... (son dos textos que recomiendo, para quien tenga ganas de ampliar sus conocimientos).
Todo esto me llevó a preguntarme muchas cosas; ¿cuántas declaraciones, leyes, fundamentos políticos, etcétera, firmamos como nación y simplemente se quedan ahí, en documentos base que prácticamente nunca llegan a leerse los ciudadanos, pero que sin embargo y sin saberlo, se les aplican: son sus derechos y deberes, que se les reconocen simplemente. Muchos disfrutamos de estas libertades sin cuestionarnos el porqué las disfrutamos. Damos por hecho que las tenemos y se acabó.
Si el ejemplo anterior, tan simplista, lo extrapolamos al contexto político actual, entonces nos llevamos sorpresas y creo que muchas.
Los textos anteriores tienen como objeto establecer unos principios y derechos fundamentales para cualquier ciudadano del planeta. Esto, que en teoría es tan simple, parece ser cada vez más complicado en nuestro país. Nuestros políticos, ¡nuestros legisladores!, se han olvidado, precisamente de lo básico: los principios y los fundamentos ideológicos.
Sé que legislar no es fácil, ya que siempre hay intereses y existen variables “no controladas”. Pero nuestros políticos son eso, ¡políticos!; son esas personas que deberían saber aguantar las presiones, conocer cuáles son sus principios y cuáles son sus fundamentos base.
Deberían discernir porqué y para qué han llegado a la política y normalmente, por qué defienden unos principios y fundamentos ideológicos. Por lo que hemos visto hasta ahora, no ha sido así en nuestra izquierda; no hablo de la derecha, porque sus objetivos, principios y fundamentos los tienen claros y además los ejercen tal cual.
Cuando los partidos de izquierda de este país hablen y se pongan de acuerdo en unos principios y fundamentos ideológicos comunes, habremos recuperado la izquierda.
Si esto ocurriese, la derecha tendría sus días contados, y se verían forzados a redefinir el modelo que ejercen en la actualidad.
La izquierda de este país sólo puede salvarse, en si misma, con objetivos comunes y es fundamental “una declaración de derechos y principios sociales”, debatida y consensuada entre toda la izquierda española.


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