
La independencia tecnológica, una asignatura pendiente: proyectos públicos abandonados y la necesidad de recuperar la soberanía digital
Sergio Santana Santana
En los últimos años, el debate sobre la independencia tecnológica ha sido aparcado y el mismo debe cobrar fuerza otra vez en España, la situación internacional reciente así lo demuestra, las amenazas de los EEUU y la dependencia de la nación de sus aplicaciones nos sitúan en una situación altamente vulnerable debemos especialmente recordar iniciativas públicas como gnuLinEx en Extremadura o Guadalinex en Andalucía. Estos proyectos, pioneros en la promoción del software libre y la autonomía digital, fueron abandonados o desmantelados durante gobiernos del Partido Popular, políticos que abiertamente se posicionan públicamente en defensa de intereses extranjeros y cuando llegan al poder han frenando un camino que apuntaba a liberar a las administraciones y a los ciudadanos de la dependencia de grandes corporaciones y tecnologías extranjeras.
La independencia tecnológica no es solo una cuestión de soberanía política, sino también de protección de datos. Evitar que la información sensible de los ciudadanos y las empresas sea exportada a servidores fuera de la Unión Europea, especialmente a Estados Unidos, Escándalos recientes como la cesión de los datos de decenas de miles de alumnos en Andalucía a Google es un ejemplo de esa vulnerabilidad, esta independencia tecnológica debe convertirse en una prioridad estratégica. Apostar por desarrollos nacionales y europeos permite garantizar que los datos permanezcan bajo control legal y democrático.
Más allá de la seguridad digital, recuperar esta independencia tendría efectos directos sobre el empleo, la innovación y la defensa. El desarrollo de software y hardware propios genera puestos de trabajo cualificados, fomenta el talento local y sitúa al país en la vanguardia tecnológica. En el ámbito de la defensa, contar con soluciones nacionales reduce la vulnerabilidad ante crisis externas y evita la subordinación a intereses geopolíticos de terceros países.
Como señalan diversos expertos, la independencia de Estados Unidos en materia tecnológica no es una postura ideológica, sino una garantía ante cualquier crisis global: guerras comerciales, sanciones, ciberataques o interrupciones de servicios. No estar subordinados significa poder decidir con autonomía, proteger a la ciudadanía y construir un futuro digital más justo y seguro.
España debe retomar el camino de la independencia tecnológica, las administraciones publicas deben usar desarrollos nacionales o europeos y prescindir totalmente y progresivamente de soluciones y aplicaciones de multinacionales estadounidenses principalmente o de terceros países.
Mientras tanto, los proyectos abandonados siguen siendo un ejemplo de lo que pudo ser y no fue.


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