
El patriotismo como instrumento conservador: el caso británico

El patriotismo no ha sido siempre y exclusivamente un instrumento o elemento político de los sectores conservadores o de derechas en la historia contemporánea occidental, aunque haya terminado por triunfar en ese universo ideológico y político. El caso británico es harto significativo. Vamos a intentar ofrecer algunas claves, al respecto.
El radicalismo británico entre los siglos XVIII y XIX desarrolló un profundo sentido patriótico asociado a sus críticas al poder y a su defensa de la democratización del sistema político. Los verdaderos patriotas eran los que luchaban por el establecimiento de las reformas, y en el lenguaje y la propaganda empleados se insertaban aspectos que eran y siguen siendo símbolos que se consideran muy británicos.
El cartismo heredó parte de toda esta filosofía política, si se nos permite el término. El poder, el Parlamento, en fin, el Estado británico se concebían como una tiranía a la que los trabajadores y los cartistas se enfrentaban con el instrumento de la conocida como Carta del Pueblo, el documento que pretendía democratizar el sistema político británico.
Pero, a medida que se fue fortaleciendo el sistema victoriano, y también se fueron planteando reformas electorales y políticas que sin llegar a la plena democratización sí abrieron el sistema a más amplias capas sociales, la idea de combatir la tiranía política perdió mucho peso. Ahora la cuestión no estaba tanto en lo político como en lo social. La fuerza de los Trade Unions y de las primeras organizaciones políticas de signo socialista, así como el propio surgimiento de la Internacional en el corazón de Londres se convirtieron en un enemigo de los torys, es decir, de los conservadores y del orden social como se tenía concebido. Además, en los años ochenta del siglo XIX la conflictividad social subió de forma considerable, y el poder comenzó a buscar, además del empleo de la fuerza, unos planteamientos ideológicos para intentar aunar en una misma causa a los británicos con el fin de combatir los antagonismos sociales. Y aquí surgiría la baza patriótica. Frente a las diferencias sociales los británicos se debían a su patria, a su bandera, a los himnos, y, sobre todo, a la Corona, con la reina Victoria al frente, y luego a sus sucesores. En un momento de cuestionamiento del imperialismo británico por parte de los boers, y también en conflictos con los franceses en ese ámbito colonial, y posteriormente ante el cambio de política internacional del Imperio alemán al hacerse más agresiva, se pudo azuzar aún más el patriotismo, el militarismo, y un evidente componente racista vinculado a la supuesta superioridad de los británicos como pueblo elegido. Sin lugar a dudas, los conservadores británicos tuvieron un evidente éxito en la promoción del patriotismo, calando en la propia clase obrera.


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