
Serenidad y cultura en política desde la izquierda

En nuestras investigaciones hemos encontrado un verdadero elogio de la serenidad en política en el periódico socialista, en un número de finales de noviembre de 1927. Intentaremos dialogar, por nuestra parte, con aquel texto en clave actual, seguramente necesitados de que la serenidad se instale en la confrontación política, además del valor de la cultura y la formación en los tan precarios debates del presente.
La serenidad es una virtud fundamental para quienes luchan por un ideal de justicia, y más en tiempos convulsos. La serenidad no puede alterarse ante las dificultades ni cuando un contrincante político ataque a compañeros propios.
Todos sentimos la necesidad de llegar lo antes posible a la consecución de nuestros objetivos, pero, y esto es un aviso para los políticos de izquierda, las aspiraciones inspiradas en ideales de emancipación no hallan jamás el final. Pero, además, los contrincantes políticos consideran que la emancipación solamente es económica cuando, en realidad, lo es, pero también debe ser del espíritu.
Es evidente que los ciudadanos (“obreros” en el texto de 1927) necesitan comer y vestir mejor, disfrutar de una vivienda y de las comodidades de la vida, pero si no se preparaba el espíritu para disfrutar de esas mejoras de orden material no sabrá apreciar su verdadero valor. Para gozar de una vida económica sin agobios es necesario que la cultura sepa comprenderla. Estamos viendo que los valores son fundamentales en relación con los avances económicos. Por eso, desde la izquierda se debería siempre fomentar la cultura con el fin de hacer comprender a la inmensa mayoría que preocuparse de cultivar el espíritu no es un asunto baladí, librándolo de lo que en 1927 se denominaba “malas pasiones” y hoy falta de valores, que impedirían comprender y razonar los problemas de la justicia que a diario se plantean.
En las polémicas que la izquierda se ve inmersa no cabe la grosería ni la violencia.


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