
EL ALISIO NO VOTA. Nº 5. "Respeto, perreta y el alcalde que sigue mandando porque él lo dice"
Estoy sentado en una piedra entre el Sabinal y el Garoe, en El Hierro, compartiendo un gánigo de vino con un pastor que hace trashumancia con cuarenta ovejas y una lobita herreña de nombre Beletén, que lleva toda la mañana mirándome con esa expresión que tienen los animales inteligentes cuando saben que el que tienen delante está escribiendo sobre política. La Seat Trans lleva desde ayer arrimada contra una pared de piedra viva desde que el motor se calentó subiendo de La Restinga, y ahora descansa entre roca y musgo.
El vino del gánigo es de tea, a la antigua forma, como se hacía antes de que hubiera bodega con carta de vinos y sommelier con delantal de cuero. Sabe a tiempo, a madera oscura y a una honestidad que, después de lo que llevo viendo esta semana, resulta casi medicinal.
EL RESPETO Y EL MODELO
El 30 de mayo, Día de Canarias, Fernando Clavijo subió al escenario del Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas a pedir respeto para las islas. Con orgullo y sin complejos, dijo. Una Canarias que no se resigna a ser periferia de nadie. Una tierra solidaria que no permite lecciones desde fuera.
Lo que no dijo Clavijo en el Alfredo Kraus es que Canarias recibió más de dieciocho millones de turistas en 2024, récord histórico, con una facturación de más de veinticuatro mil millones de euros. Lo que tampoco dijo es que uno de cada tres canarios está en riesgo de pobreza o exclusión social. Que el alquiler ha subido un ochenta por ciento en la última década. Que hay más de doscientas once mil viviendas vacías en el archipiélago mientras familias enteras buscan dónde vivir. Que Las Palmas de Gran Canaria lleva ocho meses esperando que el Gobierno de Clavijo responda a su solicitud de ser declarada zona tensionada, y la respuesta hasta ahora ha sido el silencio.
Su gobierno se ha negado a aplicar una tasa turística con el argumento de que no se puede distinguir entre turistas y residentes, lo cual es una excusa que, en Baleares y media Europa llevan años desmontando en la práctica sin mayor dificultad. Se ha negado a limitar el alquiler vacacional mientras otras comunidades ya lo hacen. Ha optado, con coherencia admirable, por incentivar el mercado privado por encima de la oferta pública en materia de vivienda, que es básicamente la misma política que ha generado el problema que ahora no resuelve.
Coalición Canaria lleva décadas siendo el mayor aliado de los grandes tenedores de infraestructuras turísticas de estas islas. Sus políticas han facilitado el modelo de masas que sostiene los balances de los gigantes del sector, a costa de la calidad de vida de la gente que vive aquí todo el año y no solo dos semanas en agosto. Y el presidente de ese partido sube al Alfredo Kraus el Día de Canarias a pedir que nadie venga desde fuera a dar lecciones sobre esta tierra.
El problema es que las lecciones no vienen de fuera. Vienen de dentro. De los canarios que llevan dos años saliendo a la calle a decir que la tierra tiene un límite. De los que pagan ochocientos euros por un piso que el año pasado costaba quinientos. De los que trabajan en un hotel de cinco estrellas y no pueden permitirse vivir en el municipio donde trabajan.
Pedir respeto para Canarias mientras se venden las islas al mejor postor tiene una elegancia que yo, con veintiséis años de periodismo y este gánigo de vino de tea encima, todavía no he terminado de procesar. Beletén me mira. Creo que ella tampoco.
LA PERRETA
En el Parlamento canario, Clavijo llamó perreta a la exigencia de que el Gobierno cumpla la Ley Canaria de Educación, que obliga a destinar el cinco por ciento del presupuesto autonómico a educación pública. Una ley. En vigor. Publicada en el BOC. Aprobada con votos. El Gobierno lleva años sin llegar a ese porcentaje y cuando alguien se lo señala en sede parlamentaria, el presidente lo llama perreta.
Perreta es una palabra muy canaria para la rabieta de un niño pequeño cuando no consigue lo que quiere. Clavijo la usó para describir a quienes piden que se cumpla la ley.
Le cuento al pastor lo de la perreta. Saca del zurrón un poco de queso, me da un trozo sin decir nada y da un trago al gánigo. Luego dice, con esa calma que tienen los herreños cuando no necesitan elevar la voz para tener razón: "Como decía mi padre: el que debe no quiere que le cuenten." Le digo que eso es exactamente lo que ha pasado. El pastor asiente y sigue con sus ovejas. Beletén se aleja tres pasos y se tumba de espaldas a nosotros, que es la postura más honesta que he visto esta semana.
EL ALCALDE QUE SIGUE MANDANDO PORQUE ÉL LO DICE
En Santa Lucía de Tirajana, Gran Canaria, llevan meses con un problema que tiene la belleza abstracta de los litigios imposibles. El alcalde, Francisco García, y cinco concejales de su grupo, abandonaron Nueva Canarias para pasarse a Primero Canarias, que es un partido nuevo nacido de la ruptura con Nueva Canarias, que a su vez había roto antes con otra cosa, porque en la política grancanaria las escisiones son el principal producto de exportación.
El caso es que la Secretaría General del propio Ayuntamiento emitió un informe en marzo certificando que, desde ese momento, el alcalde y sus cinco concejales deben considerarse legalmente no adscritos, que es como se llama en el lenguaje administrativo a los cargos electos que han abandonado el partido con el que se presentaron a las elecciones. Es una figura prevista en la ley exactamente para esta situación.
El alcalde decidió no llevar ese informe al pleno.
Argumentó que había otro dictamen del Gobierno de Canarias que decía lo contrario. La oposición forzó un pleno extraordinario para que el informe de la propia Secretaría del Ayuntamiento fuera reconocido oficialmente. El alcalde lo bloqueó. En el último pleno ordinario, la oposición intentó recusarlo formalmente, el alcalde calificó la maniobra de torticera y pidió que las guerras políticas se alejen del salón de plenos. Las guerras políticas que él mismo generó al cambiar de partido sin dimitir.
El resultado es el siguiente: el alcalde de Santa Lucía de Tirajana sigue siendo alcalde porque él dice que sigue siéndolo, el informe de su propia secretaria dice que no debería serlo, el Gobierno de Canarias dice que sí puede seguir, la oposición dice que no, y los vecinos del municipio tienen un ayuntamiento donde nadie sabe exactamente quién manda, aunque todos tienen muy claro quién cobra.
Se lo cuento al pastor. Me mira un momento. Luego dice: "Toda la vida igual: el que rompe la tinaja siempre culpa al agua." No añado nada. Hay análisis políticos que no necesitan más.
La Seat Trans descansa. El motor enfriará esta noche y mañana veré si arranca. El alisio baja limpio desde el norte, mueve un poco el musgo de la pared y sigue su camino, sin pedir permiso a nadie, que es la única libertad que queda en este archipiélago en el que todo lo demás ya está comprado. Beletén duerme ya. El pastor recoge el gánigo.
El alisio sopla. Como siempre, a favor de los mismos.
Carmelo "Melo" D.H. es periodista. Fue periodista. Sigue siéndolo, aunque esta semana el pastor herreño y Beletén han resumido las tres historias mejor que cualquier editorial del archipiélago, y lo han hecho sin perder las ovejas de vista.


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