
PEDRO Y FELIPE: EL SURESNES DEL SIGLO XXI

La Política es como la propia vida: algo cambiante a través del tiempo. Por eso, el gélido saludo entre Felipe González y Pedro Sánchez en las Cortes no es una anécdota de protocolo: es una grieta innecesaria en la columna vertebral de la lealtad socialista. Esa lealtad que invocaba Alfredo Pérez Rubalcaba y que hoy es el último refugio de nuestras siglas ante el asedio reaccionario que asola al mundo.
Felipe González parece haber olvidado su propio Suresnes. En 1974, él comprendió que el socialismo debía romper con el ayer para hablarle a una España que despertaba. Bajo la máxima de “hay que ser socialista antes que marxista”, dejó atrás dogmas pasados para conquistar el futuro y transformar el país desde la socialdemocracia europea. Es la trágica paradoja del líder: quien lideró la renovación, hoy no acepta que el reloj no se detiene.
A Felipe le sucede lo mismo que a aquellos compañeros a los que él, con audacia, apartó hace medio siglo. Con sus actos, el otrora líder del PSOE se ha convertido en el muro que una vez prometió derribar, situándose más cerca de los postulados de la derecha que de ese socialismo que en su momento defendió. Anunciar un voto en blanco no es un gesto de altura intelectual; es una deserción frente a la amenaza real de un gobierno de PP y VOX. La crítica es un derecho, pero el socialismo se debate en las agrupaciones y en el Comité Federal, no en los platós que fabrican munición para la derecha mediática.
Pedro Sánchez no se esconde; al contrario, ha hecho de la resistencia una forma de dignidad política que hoy trasciende nuestras fronteras. Como Felipe en 1974, Sánchez gestiona el presente con la valentía que exige una época de asedio judicial sin precedentes, ejerciendo además como el epicentro de la política socialdemócrata mundial desde la presidencia de la Internacional Socialista. Ante la “entente del odio”, la militancia de base y esa inmensa mayoría social de izquierdas han elegido cerrar filas con el progreso.
Hoy, en esta España de 2026, estar con Pedro Sánchez es defender la soberanía de nuestras agrupaciones. Compañero Felipe: te exijo el mismo respeto que tú reclamaste en tu día. No se puede pretender tutelar el presente de un dirigente que es hoy la voz del socialismo en el mundo. La dignidad de su cargo y la solvencia de su trayectoria merecen una lealtad a la altura de lo que representa para millones de personas. El socialismo no es una foto sepia, sino el compromiso de un líder que no se rinde frente a quienes quieren restaurar el pasado.
Hago este repaso acudiendo a la memoria de personas humildes como mis abuelos maternos, Pablo y Casimira. Ellos entregaron con su voto a Felipe González su fe y su esperanza en una España mejor. Ellos, que sobrevivieron al silencio de la dictadura, vieron en Felipe la luz de la dignidad recuperada. Por eso me duele la deriva actual de Felipe: porque traiciona la memoria de gente como mis abuelos, que le dieron todo sin pedir nada a cambio. La dignidad que Felipe les otorgó a ellos no puede ser hoy la moneda de cambio para deslegitimar las esperanzas de sus nietos.
Cuando Pedro Sánchez afirma que el voto de González llegará en un “futuro lejano”, no hay soberbia, sino una realidad inapelable: el PSOE sigue liderando porque interpreta la España de 2026, no la de 1982. La disyuntiva es de acero: o el progreso con Sánchez o el caos de la regresión.
Compañero Felipe: la mejor forma de honrar Suresnes es permitir que el socialismo del siglo XXI escriba su propia historia. Sé leal a las siglas, no a tu propio ego. No te quedes parado en una vieja instantánea; muévete con nosotros, Felipe, no contra nosotros. Nelson Mandela nos enseñó que ser libre es potenciar la libertad ajena. Eso hicisteis Zapatero y tú. Eso hace hoy Pedro Sánchez. Por favor, camarada Isidoro, no manches tu propio legado.
El Suresnes del siglo XXI está en marcha. Y esta vez, nada ni nadie lo va a detener y lo encabeza Pedro Sánchez. Asúmelo.
Diego Ruiz Ruiz
Militante del PSOE de Toledo capital


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