
María de Lluria sobre las estafas en 1929 en un texto que parece de hoy

Imagen: Extracción de la piedra de la locura, de El Bosco (Madrid, Museo del Prado). La obra muestra una operación quirúrgica en la que un falso doctor, que en vez de un birrete lleva un embudo en la cabeza (símbolo de la estupidez), extrae la piedra de la locura de la cabeza de un individuo mayor y grueso que mira al espectador, aunque en realidad lo que está extrayendo es una flor, un tulipán. Su bolsa de dinero es atravesada por un puñal, símbolo de su estafa. Fuente Wikipedia.
La autora se refería a que en Francia abundaban los casos de estafa (todavía faltaban unos meses para el crack del 29) como lo atestiguaba la lectura diaria de la prensa. El afán francés por el ahorro “meticuloso y paciente”, que franco a franco llevaba a constituir sumas respetables, en opinión de la autora, era una tentación para la codicia de los malversadores. Así pues, iban de la mano la avaricia y la estafa.
Los malversadores conocerían, perfectamente, la psicología del avariento, una psicología que calificaba de pueril y confiada. María de Lluria se preguntaba cómo el que había tardado tanto tiempo en reunir una suma de dinero, que podía ir entre los mil y diez mil francos, que éstos podían producir un interés anual del veinte por ciento.
Los estafadores engatusaban, con relativa facilidad, a los ahorradores con argumentos sobre tierras vírgenes, de países donde los indígenas seguían con el método del trueque, por el que daban pepitas de oro a cambio de cuentas de cristal o cacerolas de latón. Y lo extraño es que se lo creían, sin que la profusión de noticias sobre las estafas les desengañase.
María de Lluria se asombraba de cómo con los adelantos modernos, las diferentes y seguras fuentes de información que existían para poder investigar las bases de un empréstito, si era ilusorio o no, se siguiera cayendo en las trampas. Bastaba con que un individuo cualquiera montase un despacho, con unos pocos empleados para presentar un negocio nuevo, y acudían miles de incautos. Cierto era que dicho negocio daba al principio intereses y hasta dividendos, pero era con el propio dinero de las víctimas anteriores. Y una mañana el negocio aparecía cerrado, y el dueño del mismo ya se encontraba al otro lado de la frontera, a menos que la policía hubiera sido rápida en actuar. Y el dinero ya se había evaporado. Como vemos, ¿no sigue pasando eso hoy en día, y más en las redes? Lo que se publicaba en 1929 se podría publicar en 2021.
María de Lluria era crítica con los estafados, aunque también sentía por ellos lástima, ya que consideraba que en vez de asociarse, unirse y aprender que con ayuda mutua y cooperación se podían abordar negocios de entidad, pero preferían dejarse engañar por paraísos remotos.
Hemos trabajado con el número 6268 de 13 de marzo de El Socialista. Sobre María de Lluria contamos con distintos trabajos en El Obrero (véase su hemeroteca).


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