
Apuntes sobre la crisis alimentaria en Cuba
La crisis de los alimentos en Cuba es consecuencia, por un lado, del embargo imperialista que pesa sobre la isla. Pero, además, es producto de la planificación burocrática de la economía a manos del gobierno cubano.
Por Sthefany Zúñiga

Actualmente, Cuba enfrenta una crisis de dimensiones históricas. En parte, esto se debe a las consecuencias del embargo comercial criminal impuesto por el imperialismo estadounidense, que, junto a las nuevas sanciones económicas y al bloqueo petrolero, agravaron aún más la situación para el pueblo cubano.
Por otra parte, la crisis del país tiene raíces en la gestión burocrática del castrismo y su modelo de partido único, el cual obstruye desde los inicios de la revolución el desarrollo de cualquier tipo de democracia real para los sectores trabajadores. Como veremos en esta nota, la planificación burocrática de la economía no atiende a las necesidades de las mayorías trabajadoras de la isla, sino que responde a los intereses de una casta de burócratas
En este caso, nos interesa analizar la crisis alimentaria, la cual se combina con la crisis energética y ecológica que azotan a la isla caribeña.
La crisis actual: a falta de petróleo vuelve el uso del buey y el caballo en el campo
Con la segunda administración de Trump, la Casa Blanca lanzó una ofensiva imperialista en Latinoamérica, la cual asume como su esfera de influencia (o patio trasero). Tras los ataques a Venezuela en enero pasado, Cuba se posicionó como el próximo objetivo del gobierno norteamericano (aunque con una pausa por el estancamiento de los Estados Unidos en la guerra contra Irán).
En ese marco, la isla pasó cuatro meses sin recibir envíos de combustible, pues el imperialismo impuso un bloqueo energético. Esto agravó la crisis económica, social y alimentaria en Cuba.
Sin embargo, esta crisis no obedece solamente a los efectos que produce el bloqueo imperialista. También, es producto de la gestión burocrática de la economía que realiza la burocracia castrista.
Entre el 2018 y el 2023, la producción agrícola en Cuba descendió un 52%, según datos del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana. Además, a inicios de marzo de este año, se anunciaron reformas para una mayor apertura económica: se autorizó la creación de empresas mixtas entre entidades estatales y actores privados locales, se permitió a las empresas privadas importar combustible de manera directa, poniendo fin al monopolio estatal en este rubro; y ahora, en particular para los cubanos que residen en Estados Unidos, podrán invertir y ser propietarios de empresas privadas en la isla.
Esta serie de medidas, en particular la orientada a permitir que sectores cubanos en Estados Unidos (posiblemente vinculados a la gusanera) puedan ser propietarios de empresas privadas, es una apertura inédita, pues anteriormente estaba prohibida. La atracción de divisas e inversión extranjera está orientada a beneficiar al turismo y la minería, asociados a las operaciones de la empresa que administra la burocracia de las élites de las Fuerzas Armadas, GAESA (sector vinculado estrechamente a Raúl Castro).
La profundidad de la crisis del campo en Cuba es tan extrema, que muchos agricultores no utilizan maquinaria para sus labores diarias, sino que volvieron a emplear bueyes, caballos y carretas, tanto para trabajar la tierra como para transportar sus productos. Lo anterior implica que las cadenas de transporte de alimentos sean mucho más lentas. Además, debido a la falta de fertilizantes y maquinaria apropiada, disminuyó notablemente la calidad de las frutas y las verduras, a la vez que aumentaron los precios.
Datos macroeconómicos: la espiral del incremento de precios en los alimentos
En la isla todo subió de precio. Cuba vive una espiral inflacionaria desde el 2021, cuando falló la aplicación de una nueva política monetaria que consistía en eliminar la dualidad monetaria que imperaba en la isla durante los últimos 25 años, estableciendo el peso cubano (CUP) como única moneda oficial y desechando el peso convertible (CUC). Como parte de esa espiral, en el 2025 los precios se cuadruplicaron.
Para abril del 2026, la inflación interanual llegó al 14,73%. Dentro del incremento general de precios, resaltan las siguientes áreas: Restaurantes y Hoteles (24,66%), Transporte (21,51 %), Alimentos y Bebidas no Alcohólicas (18,16 %) y Servicios de la Vivienda (17,41 %). Asimismo, según datos promediados del INEI, los productos alimenticios que más aumentaron son los siguientes:
- Los granos básicos, como los fijoles negros, en el 2021 costaban 25-60 CUP por libra y, para el 2026, rondan las 300-450 CUP. El arroz pasó de 20-40 CUP el kilogramo a 150-300 CUP.
- La papa pasó de 5-15 CUP por libra en el 2021 a 350-450 CUP en 2026, con incrementos de precios que pueden llegar al 2.000%. Por otro lado, la leche pasó de 5-10 CUP por litro a 250-400 CUP (en el caso de la bolsa de leche en polvo de quinientos gramos el precio puede llegar a los 1.500 CUP).
- Las proteínas, como el huevo, experimentaron un incremento significativo. El cartón de huevos pasó de 150-300 CUP en el 2021 a 2.800-3.000 CUP en el 2026, lo cual lo convierte en uno de los productos con mayor incremento y de los más caros. Mientras la carne de pollo (como la pechuga importada), pasó de 150-250 CUP a 3.500-5.000 CUP, un incremento sobre el 1.000%. Cabe remarcar que estos datos son sólo de la economía formal, pues según varios economistas si se tomará en cuenta la economía informal, el incremento de precios sería mucho mayor.
Mientras los precios de los alimentos se incrementan, los salarios pierden capacidad adquisitiva. El salario mínimo mensual en Cuba, desde el 2021 a la fecha, se mantiene en 2.100 CUP (17,5 dólares) y el salario medio se ubicó en abril en los 6.506 CUP (54,2 dólares). Es decir, mientras los precios de los alimentos tuvieron incrementos significativos en los últimos años, los salarios no tuvieron ningún incremento. En cuanto a las pensiones mínimas (jubilaciones), son de 3.056 pesos (25,4 dólares).
Con estos ingresos es imposible costearse los gastos mínimos. Según las estimaciones económicas, una persona en La Habana necesita al menos 41.735 pesos (equivalentes a 347,7 dólares) para garantizarse una dieta básica, es decir, una cifra veinte veces mayor al salario mínimo de la isla.
Sumado a eso, más de 1 millón de personas carecen de servicio de agua potable, debido a la sequía y averías de bombeo. La sequía, además, potencia la crisis alimentaria, pues hace sumamente difícil el cultivo de productos.
Un problema de fondo sobre la agricultura cubana: de la centralización burocrática al retorno de los actores privados
Previo a la Revolución Cubana de 1959, la principal característica de la propiedad agraria era la presencia de latifundios azucareros norteamericanos, al grado que el 25% de las mejores tierras del país estaban en manos de Washington. La contracara del latifundio fueron miles de campesinos no propietarios y asalariados rurales.
En cuanto a los productos, el azúcar abarcaba el 75% de las exportaciones, lo cual le dio un carácter monoproductor al modelo agrícola cubano, dentro del cual el 48% de las tierras eran usadas para este cultivo. Se trató de un modelo agroexportador, con dependencia de la importación de alimentos y dependiente del imperialismo estadounidense, pues Washington cubría más del 75% del total de las importaciones.
Tras la Revolución se conquistaron una serie de derechos sociales y democráticos, entre los cuales destacó la Reforma Agraria de finales del año 60, con la cual se eliminó el latifundio y se permitió el acceso a la tierra a quienes no poseían propiedad. Además, en 1963, se eliminó la propiedad terrateniente, transfiriendo estas tierras al sector estatal, lo cual propició la gestión de esas tierras en empresas estatales.
Al final de este periodo, hacia la década de los 70, las empresas estatales abarcaban el 79% de las tierras agrícolas, las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA) un 9% y los pequeños productores un 11%. Además, este periodo se caracterizó por una alta dependencia de la importación de maquinaria y agroquímicos, pues alrededor del 94% de los fertilizantes eran importados. De igual manera, las importaciones de alimentos para animales rondaban el 97%.
En los años 90, con la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, La Habana perdió a su principal aliado y socio comercial, lo cual abrió una crisis económica y social profunda. A esta coyuntura y las medidas que fueron aplicadas se les conoce como el “Periodo Especial”. Para el sector agropecuario, si anteriormente se priorizaron las empresas estatales, a partir de este momento se comenzaron a priorizar las cooperativas UBPC y servicios de créditos (CCS), dando como resultado un fortalecimiento del sector privado.
En 1993 se puso en vigor una reforma, la cual diversificó el régimen de tenencia y explotación de la tierra, a través de la entrega del usufructo de tierras estatales. Con este nuevo modelo se pretendía dar un mayor grado de autonomía y descentralización a los productores.
Asimismo, el Estado cubano le dió prioridad a la inversión en sectores que generaban divisas como el turismo, la industria farmacéutica y la biotecnología, así como a las exportaciones de níquel y pescado. Sumado a lo anterior, se permitió la creación de empresas mixtas de capital extranjero-nacional, de capital nacional y de capital privado. En ese caso, las inversiones seguían centralizandose a través del Estado y la burocracia cubana.
Retomando el periodo especial, con el giro a priorizar la entrada de divisas, la burocracia dejó en un segundo plano la industria y el sector agropecuario para priorizar el turismo (actividad central de GAESA, una de las mayores empresas de la burocracia cubana). De tal manera que el país mantiene una baja inversión en el campo y arrastra problemas alimentarios importantes, como la importación de la mayoría de alimentos e insumos.
Durante estas décadas también se dió un deterioro en el ambiente con la intensificación de la tala ilegal para fines energéticos y de cultivo, así como la afectación de cuencas hidrográficas. Producto de esto, se detectaron 4 millones de hectáreas erosionadas y 1,6 millones con acidez.
En las décadas del 2000 y 2010 hubo una normalización relativa, los datos indican un aumento de la producción agrícola, principalmente de tubérculos, hortalizas y legumbres. En el 2016, con la caída en los precios del petróleo y el recrudecimiento del embargo se complica el acceso a agroquímicos. Además, la isla arrastra fragilidades como la dependencia de importación de alimentos e infraestructura obsoletas. Para el 2017 la producción de productos importantes como granos, hortalizas y legumbres vuelve a retroceder.
En el 2020 las grietas que arrastraba la producción agrícola en la isla se convirtieron en una crisis estructural. Con las restricciones de la pandemia del Covid-19 se interrumpió el ingreso de divisas vía turismo con ello se redujeron los márgenes financieros y se debilitó el modelo centralizado burocrático de abastecimiento, distribución y donaciones.
Actualmente, Cuba importa entre el 70% y el 80% de los alimentos, lo cual tiene un alto costo para la economía de la isla, estimado en cerca de 2.000 millones de dólares por año. Por otra parte, los fertilizantes, plaguicidas agrícolas y la energía siguen viéndose muy afectados por el endurecimiento de las sanciones.
Lo anterior denota los problemas estructurales que atraviesa la producción agrícola y el sistema de alimentación de la isla, debido a que es bastante voluble a la importación de suministros extranjeros. Sin perder de vista las consecuencias nefastas que provoca el embargo imperialista sobre la isla, también es producto de la planificación burocrática de la economía que realiza el gobierno cubano.
Para ilustrar esto, veamos los datos de 2024. Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), entre enero y setiembre de ese año, el gobierno cuabno invirtió 4,6 veces más en “Servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler” (que incluye la construcción de hoteles), que lo que destinó a “Agricultura, Educación y Sanidad”.
En relación al primero rubro, acaparó el 26,6% de la inversión total ejecutada de enero a septiembre, lo cual dio un total de 64.973,3 millones de pesos cubanos (2.707 millones de dólares, según el cambio de ese momento). En contraposición, la agricultura recibió una inversión de 1.829,3 millones de pesos cubanos (76 millones de dólares); el sistema de salud pública recibió 1.205,2 millones de pesos cubanos (50,2 millones de dólares) y, en el caso de la educación, el monto ejecutado fue de 671,3 millones (27,9 millones de dólares)
Visto lo anterior, en la coyuntura actual es fundamental repudiar el incremento de la agresión imperialista que realiza Trump contra la isla, que amenaza con escalar en las próximas semanas (incluso, no se puede descartar que realicen una agresión militar). Pero no se puede perder de vista que el gobierno cubano no es un representante de los intereses del pueblo trabajador, sino que gestiona la economía de la isla en función de sus propios intereses.
Al respecto de esto, hacemos propias esta frase que tomamos del comunicado de lanzamiento de la Campaña Independiente de Solidaridad Obrera y estudiantil con Cuba en Argentina, del cual la corriente Socialismo o Barbarie hace parte por medio del Nuevo MAS:
“Así como somos críticos de la gestión burocrática económica y política del país que ha venido deteriorando la situación de las mayorías trabajadoras y de su opresión burocrática en todos los terrenos, defendemos el derecho de los trabajadores y el pueblo cubano a manifestarse por sus derechos. Pero no por eso perdemos de vista que la solución no es la recolonización yanqui de Cuba ni que se hagan del poder los gusanos de Miami que están apoyando el bloqueo criminal (…) La solución es defender la independencia de Cuba que solo puede garantizar un verdadero gobierno de la clase trabajadora que planifique la economía de manera democrática”.
Publicado en IZWEB


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