
Mi pobre ciudad.
Mi ciudad no tiene quien la quiera. No la quieren sus políticos, ni sus empresarios, ni sus vecinas ni vecinos. No es algo nuevo y tiene todo los síntomas de ir para largo. Mi ciudad es una madre maltratada por el destino y abandona por su prole, que solo la defiende de boquilla, mientras no la ayuda, que clama al cielo por su madre en los bares pero que la olvida el resto del tiempo.
La abandonaron los políticos y los partidos que suelen presentar de “alcaldables” a gente que la quiere como trampolín o que la busca como retiro, nadie quiere ser alcaldesa o alcalde, a nadie le parece suficiente y a todos les parece demasiado, es solo un sillón de paso. Los partidos no se toman en serio sus listas y se convierten en listado de personas que no entienden la ciudad o no entienden la política. Personas que copian de aquí y de allá sin mirar primero donde están, personas que buscan minutos de gloria para poder escapar, o el peor de los casos, personas que se toman un ayuntamiento como si fuera una empresa, que suman y restan sin entender que un ayuntamiento es mucho más.
Tampoco la aprecian sus empresarios que solo utilizan la bandera para reclamo pero no invierten en su cuidado, ni lideres de ningún tipo que movilicen barrios o conciencias, han convertido a sus artistas en organizadores de eventos, a sus museos a puntos de interés, a sus clubs deportivos en simplemente clubs, y a sus barrios en divisiones administrativas.
De todo esto los más culpables son sus hijos e hijas. Hijas e hijos malagradecidos que la ensucian, que le deterioran, y que llegado el momento no exigen a su clase política que la cuiden. Pero lo peor es que cuando llega el momento de elegir quien debe cuidarla, deciden sus votos por lo que pasa en el país o quien sabe donde pero no mirando quien será alcalde, ciudadanía que leerá este artículo y lo personalizará, en unos u otros, sin entender que es un problema más de fondo, unos vecinos y vecinas que prefieren un concierto y unos chiringuitos a restaurar sus museos, que les preocupa mas el horario de las terrazas que el transporte publico. Unos hijos e hijas que están a un paso de robarle la tele a su madre para para pagar los cubatas.
Mientras tanto sus venas en obras y sucias mueven con dificultad y pereza a la ciudadanía, y los euros por metro cuadrado exilian a sus vecinos. Mientras todos le dan la espalda, su cultura de convierte en ocio, sus servicios públicos en servicios económicamente sostenibles, sus barrios en oportunidades para la RIC, sus comercios en locales vacíos obligados a refugiarse en hostiles centros comerciales. Y sus hijos hijas en lugar de exigir mejores opciones, mejores lideres, siguen dejándose llevar por las redes de bulos e influencers que les hacen preocuparse más de que si un catalán dice “bona nit” que quien pone algún remedio. Este abandono no es nuevo, no es de hace cuatro años, ni de ocho, ni de doce, viene de mucho más atrás y todos somos culpables y todos necesarios para superarlo.
Esta ciudad necesita un plan que le devuelva el orgullo, que le devuelva la dignidad y que no viva del día a día. Un plan que se la tome en serio, y que al final del camino tengamos una ciudad con problemas lógicos de la edad pero que pueda vivir esos problemas con respeto. Necesita poder entender de nuevo la cultura como cultura, no como ocio y negocio, vivir sus calles como un hogar y no como bloques de cemento apretados para rentabilizar el metro cuadrado, necesita muchas más cosas pero ninguna de ellas legará si no llega el respeto.
Esta ciudad se merecería partidos que presentaran gente cercana y motivada a salvar esta ciudad, una ciudadanía que pensara en elegir los mejores lideres y no en logotipos nacionales, unos lideres vecinales (sociales, religiosos, civiles, deportivos,…) capaces de movilizar por una ciudad mejor y una vecindad dispuesta a movilizarse por ello. Mi pobre ciudad no tiene quien la cuide, no hay nadie que tenga una visión o un plan para ella, y yo ingenuo de mi sigo queriendo verla guapa, culta, tolerante, solidaria y humana… sigo esperando que algún día se presente un equipo de personas con verdaderas ganas y capacidad de curarla, que quieran estar aquí y no de entrada o de salida, y que entre todos les ayudemos a lograrlo.


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