Guerra Civil Española: la literatura como testigo

La guerra civil española ocupa un lugar particular en la historia del siglo XX, no solo porque anticipó el enfrentamiento entre fascismo y antifascismo que marcaría a Europa pocos años después, sino porque en su interior convivieron una revolución obrera, una guerra civil y una de las derrotas más trascendentes del movimiento socialista internacional.
Por Milagros Moreno
Cultura y Ciencia22 de julio de 2026 IZQWEB

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“La juventud siempre empuja

la juventud siempre vence,

y la salvación de España

de su juventud depende.

 

La muerte junto al fusil,

antes que se nos destierre,

antes que se nos escupa,

antes que se nos afrente

y antes que entre las cenizas

que de nuestro pueblo queden,

arrastrados sin remedio

gritemos amargamente:

¡Ay España de mi vida,

ay España de mi muerte!

(Miguel Hernández; “Llamado a la Juventud”)

La guerra civil española ocupa un lugar particular en la historia del siglo XX, no solo porque anticipó el enfrentamiento entre fascismo y antifascismo que marcaría a Europa pocos años después, sino porque en su interior convivieron una revolución obrera, una guerra civil y una de las derrotas más trascendentes del movimiento socialista internacional.

Esa experiencia dejó una marca a fuego en la literatura:  escritores y poetas que combatieron, presenciaron o padecieron aquellos acontecimientos convirtieron sus obras en testimonio de una época en la que el futuro se disputaba sin tener una conclusión certera. Incluso hoy, a noventa años de los sucesos, muchos escritores siguen recuperando los acontecimientos y las huellas profundas que dejaron en las generaciones posteriores. Volver sobre esas páginas es también volver sobre las preguntas políticas que la historia dejó abiertas y sobre las lecciones que nos dejó la experiencia revolucionaria de ese tiempo.

Entre la guerra y la revolución

La guerra Civil Española suele ocupar un lugar central en la memoria del siglo XX como un enfrentamiento entre el fascismo y la república. No obstante, esa idea es unilateral y resulta insuficiente para comprender la magnitud y complejidad del proceso que atravesó España entre 1936 y 1939 (resultado de la contradicciones y crisis acumuladas desde finales del siglo XIX y durante la puesta en píe de la II República). El golpe militar de Francisco Franco en la noche del 17 al 18 de julio de 1936, irrumpió sobre un país inestable, como respuesta por parte de los sectores de derecha, la jerarquía eclesiástica y un sector del Ejército frente al ascenso de la movilización obrera y campesina.

Sin embargo, el golpe no obtuvo el triunfo inmediato que sus organizadores esperaban. En ciudades como Madrid y Barcelona fueron los propios trabajadores, organizados en sindicatos, partidos y milicias populares, quienes derrotaron al ejército. Allí donde el levantamiento fracasó comenzó a desarrollarse un fenómeno mucho más profundo que una simple resistencia militar: fábricas puestas a producir bajo control obrero, tierras expropiadas a los grandes propietarios y entregadas a campesinos, comités populares que asumieron funciones de gobierno y obreros armados que reemplazaron, en muchos casos, a las estructuras del Estado burgués. La guerra civil estuvo atravesada por una revolución social que cuestionó las bases mismas del capitalismo español.

Mientras millones de trabajadores comprendían que la derrota del fascismo exigía profundizar las transformaciones sociales iniciadas en julio de 1936, la política del Frente Popular hegemonizado por el PC estalinista y el PSOE (la CNT anarquista no “integró” el Frente Popular, pero terminó capitulando e ingresó al gobierno) fue contener la revolución para preservar la alianza con los sectores republicanos de la burguesía. En nombre de la “unidad antifascista” se desmantelaron organismos de poder obrero, se reprimió a las corrientes revolucionarias y se subordinó la iniciativa independiente de la clase trabajadora a la reconstrucción del Estado republicano. Aquella orientación, denunciada por León Trotsky y vivida en carne propia por numerosos combatientes, marcaría uno de los debates decisivos de la guerra y una de las claves para comprender su desenlace.

Si bien muchas veces en la historia el proceso queda relegado a el golpe franquista y los relatos republicanos de la defensa de la democracia burguesa, es importante destacar que en España se había abierto una de las experiencias revolucionarias más profundas del siglo XX. La riqueza y las contradicciones de ese proceso encontraron en la literatura uno de sus testimonios más perdurables. Recorrer esas páginas es, también, recuperar una historia que los vencedores intentaron clausurar y, además, volver sobre una de las experiencias más decisivas para pensar el proceso revolucionario.

Un testimonio de la guerra y la revolución

Entre las obras surgidas al calor de la Guerra Civil Española, Homenaje a Cataluña, de George Orwell ocupa un lugar singular porque fue escrita desde el seno del conflicto. Orwell llegó a Barcelona a fines de 1936 con la intención de combatir al facismo y formó parte del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).
En esta obra Orwell retrata con gran lucidez una Barcelona atravesada por una transformación social sin precedentes, las fábricas funcionaban bajo control de sus trabajadores, los hoteles y comercios habían sido colectivizados, las milicias se organizaban con criterios igualitarios y las viejas jerarquías parecían haberse desdibujado. Aquella ciudad reflejaba que la respuesta al golpe militar no había consistido únicamente en enfrentar al fascismo: también dio paso a una revolución impulsada desde abajo por obreros y campesinos.

Sin embargo, ese proceso convivía con una disputa política compleja, ya que mientras sectores amplios de la clase trabajadora entendían que derrotar al fascismo implicaba profundizar el proceso revolucionario, la dirección del Frente Popular sostenía que era necesario contener el proceso en los marcos de la defensa de la democracia burguesa para preservar la alianza con la burguesía republicana. Esa orientación (fomentada abiertamente por el PCE estalinista bajo la influencia del Kremlin) apuntó contra todo tipo de autoorganización y poder dual desarrollado por la clase obrera española, y privilegió una estrategia de conciliación de clases para restablecer la autoridad del Estado burgués “republicano” y reconstituir sus instituciones.

Orwell narra los hechos con una mezcla de desconcierto y precisión, muy típico de su minuciosa escritura, con un lenguaje claro que prioriza la exposición de las impresiones que le generaban todos los acontecimientos. En sus párrafos expone las tensiones que se vivían, los sentimientos de quienes lo rodeaban y una apreciación de la atmósfera a su alrededor con una lucidez que nos permite darle a nuestro análisis histórico un carácter y una profundidad más humana.

“ […] Por encima de todo, existía fe en la revolución y en el futuro, un sentimiento de haber entrado de pronto en una era de igualdad y libertad. Los seres humanos trataban de comportarse como seres humanos y no como engranajes de la máquina capitalista. En las barberías (los barberos eran en su mayoría anarquistas) había letreros donde se explicaba solemnemente que los barberos ya no eran esclavos. En las calles, carteles llamativos aconsejaban a las prostitutas cambiar de profesión. […]” (Homenaje a Cataluña, George Orwell, p5)

Los enfrentamientos en Barcelona no expresaron únicamente un conflicto militar, sino una disputa entre dos estrategias irreconciliables: la de quienes aspiraban a llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias y la de quienes, en nombre de la unidad antifascista, consideraban que debía ser frenada. La posterior persecución contra el POUM  y la represión sobre sectores revolucionarios de la CNT evidenciaron que el aparato estalinista había pasado a combatir a una parte de la propia clase trabajadora.

Este episodio constituye una de las claves para comprender la derrota de la revolución española. Como advirtió León Trotsky durante aquellos años, la política del Frente Popular subordinó la independencia política de la clase obrera a una alianza con sectores de la burguesía republicana, desarmando el proceso revolucionario desde su interior. La fuerza militar de Franco, respaldada por la Alemania nazi y la Italia fascista, fue un factor importante para el triunfo del franquismo, pero la derrota de la revolución española se originó centralmente en la política del Frente Popular de disociar la guerra de la revolución social, destruyendo en el camino la independencia política y organizativa que la clase trabajadora había conquistado en los primeros meses de la guerra.

Esa tensión, que atraviesa toda la obra, convierte a Homenaje a Cataluña en una lectura indispensable para comprender la Guerra Civil Española no solo como una guerra contra el fascismo, sino como una revolución cuyo desenlace estuvo profundamente condicionado por la crisis de la dirección del movimiento obrero (es decir, del PCE, PSOE, la CNT anarquista y el POUM).

Es precisamente esa complejidad la que explica que, casi noventa años después, el libro continúe siendo una referencia ineludible para comprender uno de los episodios más trascendentes de la lucha de clases del siglo XX.

El internacionalismo revolucionario novelado

Publicada en 1940, Por quién doblan las campanas constituye una de las novelas más emblemáticas sobre la Guerra Civil Española. Ernest Hemingway no fue un combatiente, pero conoció de primera mano el conflicto como corresponsal de guerra, recorriendo el frente republicano y documentando el avance de la contienda. Esa experiencia se refleja en una narración donde la guerra no aparece como un escenario lejano, sino como una realidad cotidiana atravesada por el miedo, la solidaridad y la incertidumbre.

La novela sigue a Rober Jordan, un estadounidense especialista en explosivos que viaja a España para incorporarse a las Brigadas Internacionales. Allí recibe la misión de volar un puente estratégico en territorio controlado por las fuerzas franquistas, una operación que deberá coordinar junto a un pequeño grupo de guerrilleros republicanos en la sierra, dentro de ese grupo conoce a María, una joven de la que se enamorará.
A lo largo de apenas cuatro días, Hemingway construye un relato en el que la acción militar convive con profundas reflexiones sobre el compromiso político, el amor, la muerte y el sacrificio.

Desde esa historia particular, Hemingway logra transmitir la dimensión internacional que adquirió la Guerra Civil Española. Robert Jordan no combate por patriotismo ni por intereses nacionales. Como miles de brigadistas que llegaron desde distintos rincones del mundo, entiende que el avance del facismo en España representa una amenaza para toda Europa y que defender la República significa defender la posibilidad de un futuro distinto. La novela refleja así el enorme impulso internacionalista que despertó la revolución española y que convirtió al país en un punto de encuentro para militantes, intelectuales y trabajadores de decenas de nacionalidades.

Por este motivo, en esta novela permanece en segundo plano el conflicto que atravesó al campo republicano entre quienes defendían la estrategia del Frente Popular y los sectores que apostaban por radicalizar el proceso uniendo la guerra contra el franquismo con la revolución social. Allí donde Homenaje a Cataluña permite observar el enfrentamiento abierto entre esas dos orientaciones, Hemingway privilegia la experiencia compartida del combate contra el fascismo y le da protagonismo a quienes decidieron arriesgar su vida en esa causa.

Esa diferencia no disminuye el valor y la riqueza de la novela; por el contrario, permite dar cuenta que la guerra civil y la revolución que se gestaba generó una gran solidaridad internacional. La novela preserva la memoria de quienes comprendieron que la lucha contra el fascismo trascendió fronteras.

La poesía de una generación revolucionaria

“Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.”

(Miguel Hernández, “Vientos Del Pueblo Me Llevan)

La obra de Miguel Hernández permite comprender el coste humano de la derrota que sufrió la clase trabajadora con el triunfo del franquismo. Hijo de una familia campesina de Orihuela, Hernández conoció desde muy joven la dureza del trabajo rural y encontró en la poesía una forma de dar voz a quienes rara vez ocupaban un lugar en la literatura de su tiempo. Cuando estalló la Guerra Civil, se incorporó al Ejército Popular de la República, escribió para fortalecer la moral de los combatientes y convirtió su obra en una expresión directa de la lucha que atravesaba España.

Poemarios como Viento del pueblo reflejan con claridad ese compromiso. En sus versos aparecen los jornaleros, los obreros, los campesinos y los milicianos no como figuras abstractas, sino como los verdaderos protagonistas de la historia. Hernández no escribe desde la contemplación, sino desde la convicción de que la poesía también puede intervenir en la realidad, acompañando a quienes enfrentan la explotación, la guerra y el avance del fascismo. Su palabra está atravesada por la esperanza de un mundo nuevo, pero también por la certeza de que ese mundo sólo podía construirse a partir de la acción colectiva de los sectores populares.

La derrota republicana transformó profundamente su escritura. Tras el triunfo franquista fue detenido en varias oportunidades y condenado a prisión. En las cárceles de la dictadura escribió algunos de los poemas más conmovedores de la literatura española, en los que el dolor por la separación de su familia, el hambre y la enfermedad se entrelazan con una dignidad que nunca cede ante sus verdugos. Murió en 1942, con apenas treinta y un años, víctima de la tuberculosis agravada por las condiciones de encierro impuestas por el régimen de Franco.

Su trayectoria resume, en muchos sentidos, el destino de una generación que creyó posible transformar radicalmente la sociedad y terminó enfrentando el exilio, la persecución, la cárcel o la muerte. Pero esa derrota no debe interpretarse como el fracaso de la capacidad revolucionaria de la clase trabajadora española. No debemos caer en ideas catastrofistas, por el contrario, las páginas de Hernández recuerdan la enorme fuerza social que se desplegó durante aquellos años y que fue finalmente contenida tanto por la violencia de la contrarrevolución franquista, y profundamente traicionada por una dirección estalinista que traicionó abiertamente las perspectivas abiertas por la insurrección de julio de 1936 contra el golpismo fascista (así como por la capitulación histórica del anarquismo de la CNT).

Leída junto a Homenaje a Cataluña y Por quién doblan las campanas, la poesía de Miguel Hernández completa un mismo recorrido histórico. Orwell muestra el nacimiento de una revolución y las contradicciones que comenzaron a sofocarla desde el interior del campo republicano; Hemingway retrata la solidaridad internacional que convirtió a España en una causa común para miles de trabajadores y militantes de todo el mundo; Hernández, finalmente, pone voz a quienes sostuvieron aquella lucha hasta las últimas consecuencias y cargaron sobre sus cuerpos el peso de la derrota. En conjunto, estas obras conservan la memoria de un proceso revolucionario cuya riqueza y complejidad desbordan cualquier lectura que reduzca la Guerra Civil Española a un simple enfrentamiento entre fascismo y democracia, demostrando que los protagonistas del proceso histórico fueron indudablemente los explotados y oprimidos, quienes lucharon con la convicción de derrotar el alzamiento franquista, pero también de transformar el mundo desde la raíz.

Los ecos de una derrota histórica

La literatura española contemporánea no queda ajena a estos sucesos. Actualmente, podemos encontrar autoras y autores que siguen retomando y profundizando en aquel proceso histórico; sus secuelas se quedan grabadas en la memoria y continúan proyectando sus sombras sobre el presente. Carcoma, de Layla Martínez, no reconstruye los combates de 1936 ni los últimos días de la República. Su escenario es otro: una vieja casa en un pueblo de la España rural donde dos mujeres sobreviven rodeadas de ruinas, silencios y presencias que se resisten a desaparecer. Sin embargo, los fantasmas que recorren la novela no pertenecen únicamente al terreno de lo sobrenatural; son la expresión de una historia que nunca terminó de irse. Con la herramienta de lo fantástico Layla se permite profundizar en los ecos de una derrota histórica que dejaría profundos golpes en la sociedad española.

A través de una escritura que combina el terror, la memoria y la crítica social, Martínez construye una metáfora poderosa sobre las consecuencias de la victoria franquista, la violencia que atraviesa la casa no surge de una maldición inexplicable, sino de décadas de explotación, pobreza, patriarcado y represión acumuladas en sus paredes.

En distintas intervenciones públicas, la autora ha insistido en que el verdadero horror de Carcoma no proviene de los espectros, sino de las estructuras materiales que sostienen la violencia y opresión que permiten que sus efectos se reproduzcan de generación en generación. Los fantasmas, en ese sentido, son la forma que encuentra la literatura para hacer visible aquello que la historia oficial intentó ocultar. El franquismo no solo impuso una dictadura; también dejó una sociedad atravesada por el miedo, el silencio y una política de la desmemoria que buscó borrar la experiencia revolucionaria de 1936 y que la burguesía continúa sosteniendo hasta nuestros tiempos.

Lecciones que nos deja la historia

Nueve décadas después, la Guerra Civil Española continúa ocupando un lugar singular en la historia de la lucha de los explotados y oprimidos, no sólo por el complejo y extenso proceso que protagonizaron desde la II República hasta su enfrentamiento con el franquismo, sino también porque condensó una de las experiencias revolucionarias más profundas de la historia de la lucha de clase contemporánea. Esa complejidad explica que sus huellas siguen vivas en la literatura como una forma de preservar las preguntas que la historia dejó abiertas.

Las obras que abordamos permiten recorrer el proceso desde lugares distintos y con interpretaciones variadas del conflicto. En ellas aparece la irrupción de la clase trabajadora como sujeto capaz de reorganizar la sociedad, la solidaridad internacional que convirtió a España en una causa compartida por miles de militantes y el enorme coste humano que implicó el triunfo de la contrarrevolución franquista. No obstante, también demuestra que la derrota no puede comprenderse únicamente a partir de la superioridad militar del fascismo, ya que la revolución española fue frenada y traicionada por las direcciones estalinistas, socialistas reformistas y anarquistas de la CNT, las cuales subordinaron la independencia política de las y los trabajadores a la preservación del orden republicano burgués, debilitando la fuerza de la insurrección obrera y campesina que había demostrado ser capaz de enfrentar el golpe militar y de querer radicalizar la lucha en un sentido anticapitalista.

La experiencia de la Guerra Civil Española continúa siendo una experiencia de suma riqueza, de la que es posible extraer lecciones estratégicas. La literatura, cuando nace al calor de las grandes conmociones sociales, no solo sirve como registro de la memoria histórica: también impide que sus lecciones sean sepultadas junto con los vencidos, volver sobre esas páginas significa recuperar una experiencia que sigue interpelando el presente, más aún con las amenazas de la extrema derecha internacional que enfrentamos en la actualidad; porque como demuestra la revolución española, la lucha contra el fascismo no puede, ni debe, separarse de la lucha por la emancipación de los explotados y oprimidos.

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