
Los 20 F
Salvador J. Suárez Martín
Cuando nos preguntan que puede ser lo más importante en la vida o que deseamos a nuestros seres queridos, se puede contestar, salud, amor, felicidad, familia,… muchas opciones y si nombremos el dinero suele ser como un símbolo para conseguir cualquiera de esas necesidades, incluso tomamos esos patrones para medir el éxito o felicidad de una persona. Aún así cuando se analiza el poder o la importancia de un país miramos su PIB.
Todos en algún momento de nuestra vida hemos decidido entre crecer rápido, a toda costa, o crecer sobre unos valores, lento pero seguro, manteniendo un código ético, todos en algún momento habremos sentido remordimientos de haber tomado una decisión u otra. Pero para los países parece que la única guía es aumentar el PIB, no hay dudas, todos los meses, los años, nos comparamos a nuestros vecinos, no por lo que hemos logrado o por lo que hemos aprendido sino por como de grande tenemos nuestro PIB (podría hacer un chiste fácil, pero mejor lo dejo).
Si aplicáramos el mismo criterio en nuestra vida personal me imagino a los conocidos todos los viernes reuniéndose para comparar sus nominas, no creo que nadie lo viera lógico, pero en cambio todos leemos en el periódico que país tiene más o menos PIB, se le presta menos atención a elogiar al país con mejor reparto de la riqueza, con mejor educación, nivel cultural o salud pública, como mucho una mención dentro de alguna noticia.
Quizá deberíamos desmitificar a las matemáticas, la ciencia pura no sirve para analizar la vida del ser humano un animal, afortunadamente, impuro. O al menos no sirven si se utilizan de manera fría, podemos poner el ejemplo de los pollos, si entre ocho se reparten dos pollos puede comer cada uno un cuarto o siete pasar hambre pero es que además puede pasar que un pollo este podrido y se lo reparten entre siete y el que está sano se lo coma sólo uno.
Aún así existen intentos de lograr esta clasificación, y aunque sean intentos subjetivos (¿cómo medir la felicidad?), parece que nos importan menos. Quizá tendríamos que estudiar los intentos de Bután y dejar de mirar tanto nuestros bolsillos, no me refiero a pasarnos al budismo, pero si a pensar que el desarrollo, la prosperidad y el progreso no se puede medir en euros, dólares o cualquier divisa, sino en sonrisas, ocio, desarrollo sostenible, cultura, salud, y que se puede progresar y crecer junto con unos principios, quizá el PIB crezca más lento, pero creceremos juntos, creceremos todos.
Resulta algo más que curioso que no apliquemos el mismo baremo en nuestra vida personal que en la sociedad, querría saber porque no en lugar de reunirse el 20G, no se reúnen el 20F, los 20 más felices. Estos países deberían reunirse y decir al mundo: Hemos hecho para ser más felices, para ser los que tenemos la mejor salud, el mejor sistema de pensiones, el mejor sistema cultural,… ellos son los que deberían recomendar al resto del mundo que hacer como mejorar y no los 20 que han logrado acaparar más.


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