
El colapso del reguetón
Cristian Ruiz García
Afortunadamente, algo está cambiando en el panorama musical este 2025. Es tan solo un germen pero que puede convertirse un referente gracias a las redes sociales y por supuesto, a todos aquellos interesados en apostar por ello.
Desde la llegada del nuevo siglo, el reguetón ha inundado las pistas de baile y los gustos musicales desde los más jóvenes a lo que peinamos canas. Siempre fueron canciones envueltas en polémica, con letras sexualizadas y con un fuerte
contenido machista. Sin embargo, su declive se ha hecho evidente en los últimos años, fusionando su sonido con el trap, el abuso desmedido del autotune y los sintetizadores e, incluso, con los narcocorridos mexicanos, liderados en esta
etapa por un tal Peso Pluma.
En enero nos sorprendió el puertorriqueño Bad Bunny con su álbum “Debí tirar más fotos”, un disco de reivindicación patria y protección de las raíces ante los especuladores del patrimonio propio y ajeno. El éxito del disco y de su gira hasta el momento, es incuestionable. Es más, ha resultado ganador de cinco galardones en los Latin Grammy 2025 este pasado 13 de noviembre.
Un artista veterano que también está fluyendo por las raíces americanas es Enrique Bunbury, que en abril nos presentaba “Cuentas pendientes”. Se trata de su último álbum de estudio, definido como una emocionante travesía del Mediterráneo al folklore latino, donde el acordeón, la guitarra flamenca, los bongos y el piano nos trasladan a los bares cercanos a los puertos del continente hermano.
Con la llegada del otoño ha sido el joven moronense Camilo Joaquín Villaruel, más conocido como Milo J, el que ha roto totalmente la tendencia de los jóvenes hacia la música urbana. Con “La vida era más corta” irrumpe el sonido más tradicional de Latinoamérica, con guiños a la murga o al tango, y acompañado por maestros como Cuti y Roberto Carabajal, Silvio Rodríguez y gracias a la IA, Mercedes Sosa. Con apenas 18 años ha creado un álbum impecable, de esos
que disfrutarías hasta en los atascos pues su pesimismo hace que cada verso te haga reflexionar. Será un artista al que hay que cuidar para que la industria musical no lo corrompa y al que deseamos que siga haciendo trabajos al menos,
igual de excelentes.
Por último, este mes irrumpe “Lux” de Rosalía. Alejada del sonido Motomami, nos sorprende junto a Björk, Yves Tumor y el Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana con el sencillo Berghain. El gusto por el dramatismo y, como Milo J, el pesimismo, dan una gran intensidad a cada uno de los sencillos que completan el álbum multicultural en el que la artista se atreve a cantar en italiano, japonés, alemán y ucraniano, entre otros.
Junto con el turismo de masas, el neocapitalismo de Trump, la telebasura, los influencers o la comida rápida, el reguetón ha entrado en ese club de lo efímero. Ese mundo que será olvidado por lo insalubre que ha sido para el alma. Bien es cierto que nos ha entretenido, lo hemos consumido hasta la saciedad y nos ha sacado el jugo al ritmo repetitivo del dembow; pero ya es hora de detenerse, purificarse y limpiarnos de todas las toxinas que se han quedado en nuestro organismo.
Quizás estén de vuelta los orígenes, el lado más tradicional del panorama musical y lo que nos une a nuestras raíces. Escuchar los últimos trabajos de estos cuatro referentes de la música en español es visitar la casa de nuestros abuelos, disfrutar de las fotos guardadas en latas de galletas y oler los helechos colgados en el patio.
Ojalá el colapso del reguetón nos sirva para frenar y reflexionar; y así dejar de seguir a las grandes corrientes en todo aquello que nos quieren vender. No vaya a ser que San Pedro no quiera abrirnos las puertas del cielo por habernos alejado tanto de los cantos gregorianos.


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