
García Ramos corregía textos y teletipos, le podía a las primeras pruebas, titulaba, retitulaba, atendía el teléfono, ordenaba pases a talleres, firmaba facturas, rechazaba fotos por defectuosas o mal reveladas, inquiría sobre la marcha a redactores y colaboradores que venían de algún acto o traían algún original con expectativa de publicación, apremiaba la entrega de textos a medida que se avecinaba la hora del cierre, recibía a cargos públicos… en fin, lo que se dice un auténtico director, capaz de hacer muchas y variadas cosas a la vez.








