
Muy fan de Rufián.
Salvador J. Suárez Martín
La política y la sociedad española (también mundial) está enferma y de gravedad, cualquier comentario demócrata es acusado de radicalidad, dictadura de izquierda o woke. Temáticas que parecían ya asumidas por demócratas de izquierda y derecha o que podían ser defendidas desde diferentes modelos, como por ejemplo la lucha contra la contaminación, han pasado a ser cosa de las “izquierdas más radicales” por lo que los partidos de izquierda (equivocadamente) se han escorado al centro. En un panorama como este me deslumbra Gabriel Rufián Romero.
Los postulados de Rufián no son extremistas, o no lo hubieran sido con un panorama político normal, pero con el actual levanta ampollas cada vez que habla y cada vez que lo hace nos devuelve la fe en la política a muchos que ya empezábamos a ver perdida la batalla contra l extrema derecha. Con un discurso natural, sin rodeos y centrado en lo importante deja en evidencia la hipocresía absoluta que define a la extrema derecha y en la que se ha embarcado la derecha democrática
Ha devuelto la fe que habíamos perdido muchos en el discurso político frente a los bulos y esparcidores de miserias profesionales. Y también frente a los políticos de izquierda que parecían temer posicionarse claramente en políticas realmente de izquierda, especialmente en temas económicos.
No soy independentista, me cuesta mucho pensar así, por varias razones, la más importante porque creo que la división en estados pequeños hace a los países más vulnerables frente a los grandes mercados y fortunas, pero también porque considero que hay más cosas que nos unen que las que nos separan, porque los trabajadores y trabajadoras debemos estar unidos y no enfrentados con banderas, pero aun así puede entender y respetar esa postura. No puede haber amores a la fuerza y los sentimientos pueden con los razonamientos. Si alguien se quiere separar de otra persona, debe ser una decisión personal y no de unanimidad. Y en ese sentido no puede estar totalmente de acuerdo con su discurso, pero puedo comprenderlo.
Aun así, en sus últimas intervenciones está tirando de la bandera de la izquierda no solo de Cataluña sino también de España, y esa ayuda, esa fuerza es necesaria e imprescindible venga de donde venga.
Me queda la esperanza que Rufián encabece algún proyecto nacional de confluencia de izquierdas como única opción para salvar a este país de la extrema derecha y de la ignorancia. Es una esperanza pequeña, algo inocente, pero es la que me queda y creo que no soy el único que piensa así.
Rufián es necesario e imprescindible si queremos remover la conciencia de mucha de la ciudadanía de izquierdas o simplemente demócrata, si queremos que se activen, vayan a votar o incluso se movilicen en campaña. Ahora mismo su discurso, su actitud y su claridad puede ser el pegamento y cabeza que necesitan muchos y muchas para recuperar la esperanza y para crear la sinergia necesaria para frenar a la extrema derecha en este país.


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